Julio Cortázar - Cuentos Ciudad Seva

"No renuncio a nada, simplemente hago lo que puedo para que las cosas me renuncien a mi."

Cuentos de H.P. Lovecraft - Ciudad Seva.

"The oldest and strongest emotion of mankind is fear, and the oldest and strongest kind of fear is fear of the unknown."

Jack Kerouac - Página oficial

"I saw that my life was a vast glowing empty page and I could do anything I wanted."

H. S. Thompson - The Great Thomspon Hunt

"We were somewhere around Barstow on the edge of the desert when the drugs began to take hold."

Fernando Pessoa

"Não sou nada. Nunca serei nada, não posso querer ser nada. À parte isso, tenho em mim todos os sonhos do mundo."

Edgar Allan Poe - Cuentos Ciudad Seva

"They who dream by day are cognizant of many things which escape those who dream only by night."

José Saramago - Fundación J.S.

"Dentro de nós há uma coisa que não tem nome, essa coisa somos nós"

Javier Marías - Postales Regiones Inferiores.

"Los amores pasados siempre ofenden a los amantes nuevos, por muy muertos que estén aquellos."

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jueves, 11 de julio de 2013

Sobre la “cultura”

Por: Jesús Correa S.

L
a “alta cultura” es elitista: si no se tiene dinero para pagarla, tampoco acceso a ella. Y luego pasa que se tacha a la gente de “inculta”, cuando cualquier persona que se jacte de intentar comprenderla habrá notado que el término «cultura» ha sido utilizado últimamente para referirse a todo lo que se aprende, se comparte y se practica en sociedad; es decir que el grafitti  lo es tanto como los cuadros de Bellas Artes, por lo cual decir que alguien carece de cultura es por demás necedad.
Sé de entrada que hablar de “alta cultura” es un tanto complejo e incómodo, porque es discriminar el arte hecho por el hombre. Sin embrago, vivimos en una sociedad occidentalizada que diferencia qué es vulgar y qué no lo es: así se menciona a Paulo Coelho como escritor de libros de superación personal, y  a Julio Cortázar como escritor de obras literarias.
Una cultura con calidad enriquecerá nuestra sociedad, sin duda; pero poco se puede exigir en este asunto cuando son minoría los que entran en la discusión: sólo participan en ella, por lo regular,  los que leen, van a museos, conciertos y, como dije al principio, tienen para pagar estos “lujos”…Sí, en pocas ocasiones el gobierno ha intentado fomentar la lectura regalando libros, olvidando que, entre las maneras de motivar a la gente a leer, elegir por ella sus lecturas no es la manera más correcta.
Que ya se tiene más acceso a ella a partir del internet. Y el internet ¿cuántos pueden pagarlo? A veces se nos olvida, a los habitantes de la ciudad, que donde vivimos no es igual a todo el país: también existe otras zonas rurales, algunas con mayor carencia económica, y que ocupan la mayor parte del territorio, la que los políticos tratan de mantener ignorante, igual que a los de esta ciudad, por una razón: usted cree que les convenga una sociedad sabia. Si así fuera, ahora no habría ni rastro  de las fuerzas políticas. Nada del PRI, ni del PAN, y muy probablemente, ni del PRD.
Por eso sólo nos queda no dejar el asunto a los leguleyos. A nosotros nos toca ser tolerantes ante la ignorancia de los nuestros y compartir lo que sabemos (como muchos lo hacen con nosotros  para sacarnos de nuestra ignorancia). Y si esa cultura elitista  nos demanda esfuerzo para entenderla -porque nuestra educación básica estaba más esmerada en obligarnos a cumplir  con cierto corte de cabello y, en caso de ser mujer, el uso de la falda, en vez  de crear pensamientos críticos-, entonces hay que demostrarnos que, sin importar las desventajas que tengamos, somos capaces de comprenderla, puesto que nuestra capacidad intelectual puede compararse a la de cualquier sociedad de “primer mundo”.
Motivo por el cual han surgido en México la tira de artistas, tales como Carlos Fuentes, Juan Rulfo, Diego Rivera, Rufino Tamayo...

jueves, 27 de junio de 2013

Brasil y las protestas

Por: Jesús Correa S.

A
llá van los brasileños, quitando el estereotipo de que sólo piensan en futbol. Es su despertar. El 6 de junio nacieron las manifestaciones, y los periódicos nos dijeron que se debió al aumento en el precio del transporte: la gota que derramo el vaso.
 Um professor vale mais que o Neymar  (un profesor vale más que Neymar), se leía en una cartulina.
  Ha pasado tres semanas y las causas de fondo afloran -o más bien sus sombras; mientras no estemos en el país sudamericano, no sabremos con certeza lo que pasa. Dicen que una parte de la problemática se puede explicar por el gasto excesivo y la corrupción en la organización del Mundial de 2014 y los Juegos Olímpicos  de 2016 (se estima el uso de 25.000 millones de dólares, según los datos de “El País”); otra parte es porque ha proliferado y se ha divulgado la idea del crecimiento económico del gigante de américa del sur, pero se ha olvidado mencionar la desigualdad económica que esto conllevó…
Lo importante es que la gente está protestando contra la clase política, gritando que el país aún tiene deficiencias y que, no importando el lugar, es absurda la riqueza que han acumulado algunos, mientras otros apenas tienen para subsistir.
Que nos sirvan las protestas do Brasil para recordarnos que hace un año México también quería ser escuchado. Y aunque parezca que en este país poco se logró, la realidad es que sucedió algo de gran dimensión: un cambio radical en el comportamiento quedó guardada en la cabeza de los mexicanos que alzaban la voz del Zócalo al Ángel de la Independencia (y a veces hasta las instalaciones de Televisa). Esta columna está dedicada a recordar ese cambio.
Porque desde aquellos días la mediocridad dejó de ser opción para muchos. Todavía recuerdo las palabras de algunos universitarios, compañeros míos en ese entonces, que decían, después de ir a la escuela y seguir con las marchas, o viceversa, que la palabra cansancio no cabía en ellos.
Y sobre todos, viene a mi mente un colega al que no podía yo evitar invitarle un café cuando lo veía con los ojos irritados de desvelo por estar en la escuela y las protestas,  suponiendo que eso lo reanimaría un poco; él se negaba:
-No, no  te preocupes. Esto no es nada. En la revolución va a ser más difícil… Además,  no va a haber café caliente.
Yo lo aceptaba como un ejemplo de persistencia y entusiasmo que  rememoro cada que estoy a punto de sucumbir ante el trabajo arduo… Pero a pesar del ánimo y la verdad de sus palabras, en algo se equivocaba: la revolución ya había comenzado.
Fotografía tomada de: http://www.vice.com/pt/read/no-olho-do-furacao/109379 , tomada por Débora Lopes.

jueves, 13 de junio de 2013

Tierra adentro en Ciudadela

Por: Jesús Correa S.

D
e camino a la Ciudad delos Libros, recuerdo aquel sentimiento de asombro y desasosiego  que reino en mí el día que visite por primera vez aquel lugar (ésta es la segunda vez que voy). Desasosiego me provocó imaginar el cómo pudieron haber vivido entre tantos libros José Luis Martínez, Jaime García Terrés, Alí Chumacero y Carlos Monsiváis; y el trabajo de mantenimiento que les pudo haber exigido. De ellos fueron las bibliotecas personales que ahora ahí quedaron instaladas, en el edificio de la antigua Ciudadela. El diseño de cada una de las bibliotecas es bastante agradable (me gustaría decir maravilloso, pero no quiero crear expectativas demasiado grandes).
Al salir del metro Balderas, el que se encuentra más cerca, olvido que hay dos puertas de entrada  y termino yendo por el camino más largo y peligroso. Me pregunto cuál habrá sido la razón que hizo que se olvidaran –entre ellos  el sádico de Calderón, quien formo parte del proyecto– de la seguridad de los alrededores.
Esta vez entro a ver el acervo de José Luis Martínez, la primera vez pasé al de Alí Chumacero. Por medio de unas letras de presentación me entero que fue un diplomático, escritor, académico que logró reunir 70 mil volúmenes, de los cuales muchos fueron colecciones completas de suplementos, revistas, libros…Ya me tomaré el tiempo para conocerlo más a fondo, pienso. A lo mejor en un futuro próximo busque un libro de él.
 Paso más de media hora viendo los títulos, hasta que llego a una sección donde encuentro varios números de las revistas de La Universidad de México,Tierra Adentro, Proceso…
  Regreso a la entrada, donde se encuentra  la encargada de los préstamos y le mencionó  lo que deseo revisar: «El número 1 y el 47 de la revista Tierra Adentro, por favor», le digo de la manera más amable que puedo y le doy las gracias. Me los da y se voltea indiferente; parece de esas secretarias del gobierno que siempre están molestas… Reconsidero:quizá sólo tuvo un mal día.
«Tierra adentro, otoño de 1974, no.1, publicación trimestral», dice en la portada. Y más adelante el objetivo con el que nació: «iniciar una efectiva descentralización de las actividades artísticas y culturales»…Tengo que mencionar la sorpresa que causó en mí descubrir que lleva casi 39 años de existencia esta revista dedicada a la literatura… Hojas adelante, un articulista, llamado nada más ni nada menos que Mario Benedetti, habla sobre «la literatura latinoamericana, las relaciones entre el individuo y el paisaje» y la manera cómo han cambiado (menciona libros de Gabriel García Márquez, Onetti, Rulfo);  artículo que, desde mi punto de vista, no pasa de ser sólo curioso.
  En el número 47, ya en el año de 1990, hay un cambio radical en el formato y la tipografía –el estilo de las letras–. ¡Una exquisitez para ver los cambios en el diseño editorial! En este número me entero del origen del nombre: «El maestro Sandoval (Víctor Sandoval [1929-2013], uno de los fundadores) recordó un verso del celebérrimo poema de López Velarde escrito en 1916: Yo tuve, en tierra adentro, una novia muy pobre/ ojos inusitados de sulfato de cobre(…). “Tierra adentro” es un término castizo que se refiere al interior. Según el Pequeño Larousse significa “lejos de la costa”. Sandoval pensó que podía identificarse con el centro del país», lugar en donde  se quería empezar a difundir las actividades “culturales y artísticas”.
¿Por qué las bibliotecas no tienen turnos nocturnos?… Compraría un par de cafés, los tomaría afuera y pasaría la noche revisando más revistas…Pero no: son las 6 de la tarde y me mencionan que tienen que cerrar. Aprovecho que estoy cerca para pasar al centro de la ciudad, compro el número 181, el más reciente a la venta (abril-mayo 2013), de Tierra Adentro.
Al llegar a casa,  prendo la cafetera y miro el desorden de revistas y libros, que no son nada comparados con los de Ciudadela. Mientras escucho el ruido del agua y el vapor salir, regresa el desasosiego que ya había mencionado. ¡Maldición! Tengo que ordenar este caos.

jueves, 30 de mayo de 2013

Por fin Posada

Por: Jesús Correa S.


“T
 al vez,  habrá muchísimos que duden del más razonable fin del mundo que será el lunes 13 de noviembre de 1899… Este cataclismo terrible será el choque del Mundo con un cometa…”
Este texto anónimo podía leerse, por aquella misma fecha, en una hoja volante acompañada de la siguiente imagen hecha por el grabador José Guadalupe Posada (1852-1913).

Más de un siglo ha pasado de aquella publicación y quién diría que, después de tanto tiempo, ciertas cuestiones poco cambiarían: el año pasado se pronosticaba, “con sustento” de los mayas, nuestro propio fin del mundo. Somos hijos de la desmemoria.
Por fortuna hay objetos o personajes que se niegan al olvido. Tal es el caso de las imágenes de Posada: cada 2 de noviembre (“Día de Muertos” en México),  retornan las calaveras por él hechas para adornar con papel china las ofrendas, acompañar las “Calaveras Literarias” o en los carteles de ciertos eventos.
Y no se diga de la Calavera Garbancera que desde hace muchos años forma parte de la iconografía mexicana. Sin embargo, ni esta imagen –mejor conocida como “La Catrina” gracias a Diego Rivera y su mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central- ha ayudado a que el nombre de su creador sea reconocido entre los mismos mexicanos.
José Guadalupe Posada: Transmisor  (hasta el 16 de junio de 2013 en el Munal) es una de las exposiciones en la Ciudad de México dedicada a difundir la  importancia de este artista; ahí podemos encontrar, aparte de su grabados, una recopilación de piezas de otros creadores que fueron influenciados por las ilustraciones de Posada, entre ellos  David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco. Además de un video, El fusilado de hoy 2013 de Saner, que vale la pena presenciar por la singularidad del proyecto, el que no tiene nada que ver con lo que se está acostumbrado a encontrar en los museos (está realizado con acrílico,  aerosol y video mapping – es decir, la proyección de imágenes en superficies inanimadas para dar la ilusión de movimiento).

Lamento que tengamos que esperar los festejos de los aniversarios en números cerrados para “valorar” a los artistas… Y escribo valorar entre comillas porque casi nunca es un valor real: el encanto sólo dura un par de meses después de la exposición. Ya  verán que por estas fechas del siguiente año serán pocos los que recuerden el nombre de Posada.  A cambio, brotarán, hasta por debajo de las piedras,  “conocedores” de la obra de Octavio Paz (se festejarán 100 años de su natalicio)… Aunque tenga un gran respeto por el premio Nobel y a veces me agraden las actividades que se realizan para las conmemoraciones… “!Dios nos libre de esnobismos!”… Ahora que si esto va a hacer que alguien se introduzca en su pensamiento,  ¡bienvenido sea!

jueves, 2 de mayo de 2013

Comentarios inútiles


Por: Jesús Correa S.
N
 o es necesario dar una opinión sobre todo. Pienso que así como hay defensores a ultranza de la «libertad de expresión», debiera haber defensores a no comentar, en ciertos momentos, por decisión propia, nada cuando ya no es necesario: mejor quedarse callado que caer en redundancias.
En especial todos aquellos que se dedican a escribir, pues su trabajo son las ideas plasmadas en palabras. ¿Y si las ideas no son propias, dónde estaría el esfuerzo? ¿Podría considerarse escritores a aquellos que se dedican a repetir los pensamientos que otros ya dieron a conocer? ¿Eso no se llamaría plagio?
Hay quien prefiera no decir nada cuando algo  ya se dijo  por alguien más y de mejor manera. Sabiduría de primera clase. Pero no por eso, por permanecer sin decir una sola palabra, significa que estemos de acuerdo o en desacuerdo; o que no pensemos algo al respecto sobre el asunto del que se trata. Simplemente, puede ser que no haya nada más que agregar.
En ocasiones, los medios de comunicación nos hacen hablar hasta el cansancio de  temas que no tienen importancia (¿cuáles? Eso se los dejo a su criterio). Temas que mañana no recordaremos porque  nunca tuvieron relevancia.
 (Quiero cerciorarme que no me equivoco) Abro el periódico: Continua la crisis económica de... La rectoría de la UNAM ya fue liberada…Barack Obama se reunirá con estudiantes durante su visita a México… No hay nada que yo pueda hacer entorno a tales noticias de las que ya se emitieron juicios de todo tipo; mejor cito al autor que emitió el más acertado y no pierdo tiempo en modificar las palabras para que suenen propias, se hace falta tener desvergüenza  para atribuírselas.
Mientras tanto, la tinta estará lista para derrochar derrotismo cuando todavía es fecundo.

jueves, 18 de abril de 2013

Al fin de la noche

Por: Jesús Correa S.

Bien sabido es que cuando se aprende algo nuevo, el mundo se hace mayor. Ante esto hay que estar prevenidos, porque se puede llegar a querer descubrir un imposible, el tamaño entero de algún universo: el de la literatura, la música, la historia,  todos a la vez.
    Comenzamos a hacer conexiones entre lo nuevo y lo que ya sabíamos. Esto no es difícil percibirlo, basta recorrer la ciudad al estilo de los románticos (los famosos y mejores caminantes): visitar museos, leer los nombres de las calles, detenerse en los monumentos… Aquello con lo que estamos más familiarizados es lo primero que notamos.
    Caminar como el poeta portugués Fernando Pessoa, quien con las venas atiborradas de cafeína y la cabeza de lecturas recorría su ciudad, Lisboa; o el mismísimo Enrique Vila-Matas, el que dedica textos y libros enteros a este tipo de  «andarines»: los que yendo hacia ningún lugar, pasan por todas partes.
    El andar por las calles puede hablar de lo que somos, la forma en cómo vemos el mundo o en lo que nos estamos convirtiendo.
    Recuerdo, por ejemplo, haberme dado cuenta de estos cambios de percepción en un lugar que suele ser muy concurrido por los habitantes de la Ciudad de México: el metro Chabacano. Eran los días que me empezaba a sumergir en la cultura portuguesa -a propósito del poeta de esta tierra-, cuando al pasar por los pasillos del metro, como un inesperado golpe en la cabeza,  reparé en su nombre escrito, el de Pessoa (junto con el de Rufino Tamayo, Camões, Octavio Paz…), en los azulejos que adornan las paredes de aquella estación. Verlo escrito hizo que me acordara de uno de sus poemas  -atribuido a su heterónimo Ricardo Reis- que, según cuentan, influyó en su compatriota José Saramago, “adoptándolo como imperativo de vida”:

«Para  ser grande, sê inteiro: nada/ Teu exagera ou exclui/ Sê tudo em cada coisa. Põe quanto és/ No mínimo que fazes/ Assim em cada lago a lua toda/  Brilha porque alta vive.»
«Para ser grande, sé entero: nada/ Tuyo exagera o  excluye/ Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres/ En lo mínimo que haces/ Así en cada lago toda la luna / Brilla porque alta vive.»

    Por cierto que cada que evoco estas líneas del lusitano, llego a pensar que si, como Saramago, nos influyéramos de ellas más personas, seríamos, quizás, un poco menos hipócritas.
    De no ser por el idioma  portugués, tal vez pasar por la estación del metro Chabacano se  me hubiera hecho aburrido y tedioso toda la vida. Pero por fortuna puedo caminar por un lado, detenerme, tratar de encontrar las similitudes de las figuras pintadas en ese lugar y los códices, entre Octavio Paz y Pessoa (el mexicano tradujo algunos poemas del lisboeta), personajes  que el ya mencionado Vila- Matas suele referirse en sus escritos, tanto como lo hace con el novelista que marcó  el nombre de esta columna: Louis-Ferdinand Céline.
    Y, de este modo, entre uniones mentales, se puede continuar el camino, persiguiendo quién sabe qué cosa ni con qué motivo: maravilloso vicio, «arrastrarse  a  la muerte», diría Céline. Hacia el fin de la noche.
Azulejos del Metro Chabacano. Autor: José de Guimarães

jueves, 4 de abril de 2013

Una columna sobre columnas


Por: Jesús Correa S.

C
uando  se trata de columnas, no nos podemos quejar: en los periódicos que se imprimen en México, hay de todo y para todos. Algunas  de ellas  dan la impresión de ser imprescindibles.
De entrada está Lorenzo Meyer, el historiador que cada jueves en el periódico REFORMA refresca nuestra memoria y nos menciona las similitudes (que a veces son verdaderos actos de mimetismo) que hay entre los sucesos políticos actuales y los de décadas pasadas. Es difícil que alguien más sea capaz de entrar así en tales profundidades de la historia.
Jorge Volpi, Jesús Silva-Herzog Márquez, Enrique Krauze, también pueden ser leídos en REFORMA; no obstante, ya he escuchado que no a todos les agradan las cargas ideológicas de sus escritos.
En El País hay por montones. Mario Vargas Llosa y su “Piedra de Toque” nos deleitan los domingos de cada quince días, más si el tema es literatura. Pero ¡cuidado con la bilis!, ya que cuando abarca la política, a costa de su ideología, es capaz de decir terribles sandeces, propias de alguien que cree entender el estado de un país sólo por leer los diarios.
En el mismo periódico, al final del suplemento dominical, Javier Marías cuestiona los vicios de algunos políticos, empresarios, de la gente que tiene el poder, en especial de los que están relacionados con España (sin embargo, esto no es impedimento para comprenderlo, porque los vicios que padecen los nuestros son los mismos, tal vez hasta peores). Lo grandioso es que lo hace con un lenguaje y pensamiento que muy pocos tienen.
Cambiando de publicación, imaginen  los contenidos de unos textos que fueron titulados así: “Si yo fuera papa” o “Para leer hay que leer”. Pues ya lo ha hecho, y de maravilla, David Toscana, quien deja de lado los pesimismos, los que suelen caracterizar a quienes se dedican a este género periodístico, para criticar, de una forma sutil e imaginativa, casi cualquier cosa. Sus párrafos son, desde mi punto de vista, pequeñas joyitas literarias que salen todos los sábados en el suplemento cultural “Laberinto” de Milenio.
Si lo que a uno le gusta es el arte, y en particular la pintura, se puede frecuentar a Teresa del Conde todos los martes; si lo que se prefiere son las películas no comerciales, Carlos Bonfil las analiza y da opiniones muy buenas todos los domingos. Ambos en La Jornada.
  Tenemos para elegir. Y no dudo que muchos de ustedes ya tengan a sus predilectos, pero si no, no está demás darle un vistazo a algunos de los aquí mencionados.
Esperemos que en cincuenta años, cuando la mayoría de ellos ya no publique, puesto que casi todos ellos rebasan el medio siglo de edad, no decaiga la calidad de quien se dedica a las letras, para que no nos sintamos con tanta nostalgia de estas fechas como para decir: «¿Te acuerdas cuando los periódicos aún se imprimían, y que se necesitaba ser un buen escritor para tener una columna?», a lo que una voz ronca contestará: «No exageres, si también publicaban a Guadalupe Loaeza, Hugo García Michel, Carlos Loret de Mola…»

jueves, 21 de marzo de 2013

De “lectores” presuntuosos



L
Por:  Jesús Correa S.

as lecturas marcan parte de nuestra vida. Por eso es importante una buena elección de lo que leeremos, y también tomar en cuenta la influencia que tendrán la interpretación y el motivo por el cual decidamos hacerlo: si alguien no lee por gusto, sino por estatus, el camino es de entrada incorrecto.
Tarde o temprano todos nos encontramos con algunos personajes así, que, tan incómodos como suelen ser, intentan demostrarnos, hasta en los momentos más imprudentes, sus abigarrados conocimientos del mundo de las letras.
La noción de literatura de estos sujetos se limita a la memorización de los nombres de escritores, títulos y, por suerte, triviales sinopsis (no muy diferentes a las que vienen en la parte trasera de los libros).
Son los mismos que después de leer a Schopenhauer, les brota el espíritu misógino; o los que ven en la embriaguez de Bukowski, un ejemplo a seguir; puesto su pereza, descuido tal vez, no les permite profundizar en los textos.
Pero no entiendan mal: una plática sobre literatura puede ser respetable y exquisita, cuando los que están inmiscuidos en ella entienden que no se trata de una competencia para que salga a relucir quién “sabe” más (¡sí! Hay quien burdamente piensa que la cantidad de libros leídos determina la inteligencia). Una conversación sobre este tema debería ser, en realidad,  un momento para compartir descubrimientos, coincidencia y diferentes perspectivas.
Por desgracia lo mismo pasa con el cine, la música, la pintura…
De ellos no escuchará decir otra cosa que no sean clichés intelectualoides: «¡Detesto a Frida Kahlo!... ¡Es que sólo es famosa gracias a Diego Rivera!»; o  «!Detesto los libros de superación personal!»
Esto ha hecho que últimamente evite hablar sobre estos temas. Aunque no con todos, claro está, exceptuando a las personas que,  el tiempo me ha hecho saber, sienten un verdadero gusto por las artes. Siempre se agradece tener esta clase de amigos o colegas, los que no publican en Facebook las fotografías en baja resolución de pinturas que han visto en exposiciones a las que han asistido. Mucho menos pensar que tengan en la sección “Favoritos”, todo lo que han leído.
Se agradece puesto que… ¿A quién no le gusta tomarse una taza de café –un té o una cerveza- con esas personas que han sido marcadas por discos, cuadros, libros, obras de teatro, POR OTRAS PERSONAS; y no sólo por los nombres que nada nos dicen?