Julio Cortázar - Cuentos Ciudad Seva

"No renuncio a nada, simplemente hago lo que puedo para que las cosas me renuncien a mi."

Cuentos de H.P. Lovecraft - Ciudad Seva.

"The oldest and strongest emotion of mankind is fear, and the oldest and strongest kind of fear is fear of the unknown."

Jack Kerouac - Página oficial

"I saw that my life was a vast glowing empty page and I could do anything I wanted."

H. S. Thompson - The Great Thomspon Hunt

"We were somewhere around Barstow on the edge of the desert when the drugs began to take hold."

Fernando Pessoa

"Não sou nada. Nunca serei nada, não posso querer ser nada. À parte isso, tenho em mim todos os sonhos do mundo."

Edgar Allan Poe - Cuentos Ciudad Seva

"They who dream by day are cognizant of many things which escape those who dream only by night."

José Saramago - Fundación J.S.

"Dentro de nós há uma coisa que não tem nome, essa coisa somos nós"

Javier Marías - Postales Regiones Inferiores.

"Los amores pasados siempre ofenden a los amantes nuevos, por muy muertos que estén aquellos."

Mostrando entradas con la etiqueta #YoSoy132. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta #YoSoy132. Mostrar todas las entradas

jueves, 24 de abril de 2014

¿Otra opción?

por P.I.G.

A Pedrito le prohibieron salir a jugar con sus amigos a la calle; no objetó nada pues de todas formas ya había encontrado la forma de divertirse dentro de casa: videojuegos. Cuando sus padres le prohibieron los videojuegos entonces sí vino el escándalo: gritos, berridos, alaridos de sufrimiento, protestas, protestas y más protestas.

A gran escala nos está pasando lo mismo: nos impusieron una reforma laboral que pocos llegaron a entender y no ocurrió nada; el mismo caso con la reforma energética y fiscal, y la mayoría, salvo las destacadas voces de este país que nunca callan, se quedaron cruzados de brazos porque “qué chingados voy a entender yo de temas de dineros (sic)”.

En un apartado de la reforma en telecomunicaciones se habla de la muy abierta posibilidad de regular la nube, de acceder a cuentas personales sin consentimiento y de retención de datos para temas de seguridad; de derechos de réplica y anulación de expresiones cuando se trate de abiertos ataques a las instituciones y/o a los poderes de la unión, y otros tantos conceptos raros que seguramente quien redactó (el ejecutivo) no entiende en absoluto.

Y aquí le han jalado la cola al puerco y todo mundo a gritar y a exigir libertad de expresión.

Está bien, se vale que cada quien defienda a capa y espada lo que crea conveniente defender, pero ¿no son aquellos que hoy abogan por la libertad de expresión los mismos que hace unos meses fusilaban con publicaciones y tuits a los encapuchados o a los maestros por bloquear calles y dañar la soberanía del país con su libertad de expresión que rayaba en el vandalismo?

Pues con ese mismo vandalismo con el que se quebraron vidrios en bancos y tiendas de “beneficencia” y se hicieron pintas en los muros de “nuestros monumentos históricos”, es con el que se realizan pintas de 140 caracteres en Twitter y de imágenes, vínculos y textos en Facebook.

Quien escribe es el menos indicado para hablar de los límites de la libertad de expresión, menos aun de los límites del límite, pero dónde queda la coherencia de indignarse porque al árbol se le quiere cercenar una rama, cuando el árbol en su totalidad amenaza con ser talado desde la raíz.

El hecho de que en México se pretenda regular la web, como ya se regula en los llamados países autoritarios, y los no tanto (llámese China, Irán, Afganistán, España, Venezuela, Estados Unidos, Corea del Sur o Cuba), es algo que se venía gestando mucho antes de que siquiera se hablara de reforma en telecom. Basta recordar la ACTA de Federico Döring.

El golpe estaba anunciado y nadie hizo nada, pues la comodidad del escritorio siempre es mejor y más segura que la que se vivió en las calles cuando la idea de imitar la SOPA norteamericana era a leguas evidente.

Ahora que a Pedrito le dicen que Facebook, su único espacio de completa intimidad, puede ser regulado y constantemente vigilado, es cuando pone el grito en el cielo.

Nadie niega la importancia de las redes sociales, ejemplos para matizar hay de sobra: el nacimiento del #YoSoy132; las megamarchas anti Peña; los blogueros insurrectos de Cuba; la Primavera Árabe convocada desde la web; los ataques HOIC a sitios gubernamentales planeados desde plataformas fantasma; los livestreams que daban cobertura “real” de las batallas campales en Guerrero, Michoacán, en el Centro Histórico de la capital o durante el desalojo de manifestantes en el Monumento a la Revolución… bla, bla, bla.

En la web se gesta una cotidiana manifestación virtual que desde hace tiempo ha ganado adeptos y comienza a volverse insoportable, aunque se trate de un algo intangible. Es una piedrita en el zapato que ya no es tan invisible y empieza a colmar la paciencia de unos cuantos.

¿Pero acaso éste es el único punto que nos interesa de la reforma en telecomunicaciones? ¿Y los intocables beneficios para el duopolio televisivo? ¿Nos preocupa más nuestra cuenta de Facebook que la enorme presencia de Televisa y TV Azteca en la vida política, social y "cultural" de este país? ¿Así de jodidos estamos?

Seamos honestos: regulados y vigilados en la red hemos estado desde siempre, desde que tecleamos en el buscador palabras clave que quedan en el registro de la web; y entre más “peligrosas” sean nuestras búsquedas, más objeto de seguimiento nos volvemos. (Ver http://rj45.mx/4952/las-palabras-peligrosas-que-vigila-el-departamento-de-seguridad-de-eua-en-linea/).

Peor aún, si un gobierno es capaz de golpear de la forma más cínica a sus gobernados con leyes antihumanas, ¿realmente es necesario que nos regulen para encontrar pruebas de que somos terroristas virtuales y de esta forma proceder judicialmente en contra nuestra? Si así lo quieren, tengan o no pruebas de que somos unos ciberinsurrectos, van a venir por nosotros, sin órdenes judiciales de por medio. Así funciona el “totalitarismo democrático”, y en México hace tiempo que vivimos en un sistema así.

Por eso, el hecho de que tecleemos “Peña Nieto es un pendejo” ya no debería ser objeto de preocupación, como sí lo debería ser el hecho de creer que 1984 fue una novela disparatada y que el Gran Hermano no existe, lo digo sin querer sonar a un paranoico conspiracionista.

A Pedrito ya no le queda con qué divertirse, cree que sus padres lo controlan todo, lo considera un grave problema y por eso se manifiesta, pero el problema es no pensar en nuevas formas de diversión. Si el problema es la autoridad de sus padres y que los muros de su casa no le dejan salir, pues las paredes pueden ser dinamitadas y los padres…

*****


Y si la retorcida visión de quien escribe es la correcta, alguien de gobernación seguramente estará leyendo esto: que les den por el culo porque de todas formas no vamos a dejar de escribir lo que nos plazca escribir.

jueves, 10 de octubre de 2013

Violencia familiar: nuestra patria herida

Por: Azi/d./

Durante el movimiento estudiantil de 1968 -que abarcó más que ese día que muchos rememoran cada año convencidos de no haberlo olvidado-, se popularizó un gesto ya bastante conocido en esa época, levantar la mano con la palma hacia afuera, los dedos medio e índice levantados y los demás cerrados, en este contexto, simbolizaba la V del entusiasta “venceremos”; tras la masacre, algunos seguían levantando la mano para las fotos que atestiguaban su arresto.

Este hecho tiene cierta similitud con cualquier caso de maltrato a las mujeres. Supongamos pues, que esos jóvenes formaban parte de una sola persona (llámesele sociedad, patria, mexicanos, pueblo, etc.); una mujer atrapada en un matrimonio infame que se empezaba a dar cuenta de su realidad y por medio de estos manifestantes expresaba su disgusto. Tras la previsible golpiza correctiva del marido (llámesele PNR, PRI, gobierno, nombre del presidente en turno, etc.), ella usó maquillaje, lentes oscuros y le ayudó a su hombre a pretender que todo estaba bien, las voces interiores de la mujer dejaron de clamar rebelión, pero juró no olvidar.

Aproximadamente 32 años después, se podía ver a la misma mujer entusiasmada por sus avances y diciéndose lista para romper finalmente la relación patológica que entabló con el responsable de aquella represión y de las otras tantas tropelías cometidas. Era entonces, la sociedad anunciando que ya se había cansado y no votaría por renovar la relación, para expresarlo muchos eligieron la señal que proponía la campaña de quien ganó esas elecciones, dicha señal era la misma que años atrás pero esta vez el lema era “ya ganamos”, con un rostro sonriente que a sus seguidores les pareció carismático y confiable.

Y se puede seguir con la analogía de la relación destructiva, ya que esta sociedad, como cualquier mujer con una idea torcida de la pareja y el amor (hay que mencionar que ya desde su origen, producto de una violación, viene arrastrando un pasado terrible y nunca bien atendido), se divorció de aquel tirano que tan dañada la dejó y enseguida se dejó cautivar por el siguiente candidato que jugara el mismo rol (llámesele PAN, gobierno, nombre del candidato en turno, etc.), el de enredarla durante doce años en otra relación llena de mentiras, manipulaciones, maltratos y violencia del tipo “lo hago por tu bien”.

¿Qué suelen hacer las mujeres en esta situación? Sencillo, lo mismo que nuestro querido pueblo: resolver que el Ex, aquel innombrable que hasta hacía no mucho representaba el mal entero de su vida, ahora en comparación, ya no le parecía tan malo ni tan innombrable pues había hecho muchas cosas buenas por ella. Y de hecho se había vuelto a presentar con firmes intenciones de recuperarla (en realidad, nunca salió por completo de su vida, se mantuvo siempre cerca al pendiente de sus sufrimientos), traía un look renovado, mejor peinadito y aseguraba que no habría más mentiras, ni robos, ni golpizas ni todas esas cosas de las que dijo estar muy arrepentido porque ahora era una persona diferente que sanaría sus recientes heridas. Como era de esperarse, la insegura mujer (con algunas reservas pero al fin presa de su dependencia) decidió creerle y aceptarlo de nuevo.

La semejanza sigue ajustando a la perfección, es bien sabido lo que pasa cuando la mujer regresa con el marido golpeador; él se muestra lindo y totalmente reformado pero muy pronto vuelven las viejas actitudes, con un –eso sí- renovado cinismo mezclado con su refinada hipocresía: “sé que será duro para ti pero tengo que corregirte porque quiero tu mejor versión”, vuelven los planes mañosos, las verdades a medias, los robos disfrazados de ahorro: “tu dinero estará más seguro conmigo”. Y justo ahora, nuestra querida y mancillada patria escucha atónita las veladas amenazas de proxenetismo: “ve con esos amigos extranjeros, no te voy dejar con ellos, sólo los dejo contigo un ratito y me nos darán el dinero necesario para mantenermenos”; recibe incrédula las noticias de cambios “Para que seas mejor persona voy a pedirte de la mejor manera que sigas mis indicaciones y me des todo lo que tienes para administrártelo, puedes confiar en mí, recuerda que ya cambié”; y a modo de cachetada guajolotera que aplaque sus intentos de poner límites, ha recurrido otra vez a la violencia, la que con o golpes o formas más sutiles dice: “¿Quién te dijo que puedes decidir?, yo tomo las decisiones aquí”, “Eres sólo una vieja histérica que no se deja ayudar”, “Yo sé lo que es mejor para ti”.

Se puede pensar esto de manera trágica, sólo la fatalidad parece esperar a esta sociedad tan dañada, tan desmotivada, tan enferma. Pero también se puede seguir con la analogía y ver que en la mente de esa mujer, está una parte que conserva la dignidad de cualquier ser humano  y por lo tanto, es capaz de indignarse; una parte que no ha perdido la sensibilidad al dolor y por eso sufre cada golpe, cada abuso, y puede darse cuenta del daño causado; es tal vez una parte idealista y terca que no se ha acostumbrado a que eso sea normal, pero eso le permite seguir sobresaltándose y reaccionar ante lo que no le parece normal.

Quizás sea una parte insignificante de su personalidad y no basta para describirla toda e incluso pareciera no existir gran parte del tiempo; sin embargo, es eso puede ser suficiente para permitir a alienados mentales salir de su letargo y es lo que ha hecho a esta sociedad levantar la mano con ese “amor y paz”, “¡tenemos el poder!”, “venceremos”, “ya ganamos”, “hasta la victoria siempre”, “zapata vive”, “SME”, “132”, “CENTE”, o lo que sea que signifique la voluntad de no conformarse ni rendirse a pensar que así somos de dejados y pendejos y así seremos siempre, también voluntad de reconocerse en un camino errado y de reconocer así que el mayor esfuerzo no es enfrentar al opresor (al golpeador, al controlador, etc.) sino enfrentar la propia adicción colectiva a ser los oprimidos, el vicio individual a ser indiferentes.

Sí, así como es bienvenida la sonrisa de una mujer, de un ser humano que ha tocado fondo y desde ahí se ha dado cuenta de que no es un buen lugar y que la sonrisa no lo va a sacar de ahí pero le puede dar la fuerza para hacerlo el mismo; asimismo es bienvenido el gesto que la mujer/sociedad/patria/México necesite para expresar que se sabe en el fondo y que no quiere permitir que la sigan teniendo ahí, ya sea una mano levantada, una marcha, una megamarcha, un plantón o un paro nacional.

Pero hay que recordar que ese gesto no lo resuelve (más aún, de no avanzar,  puede llevarla a un nuevo estancamiento), es tan sólo un primer escalón y ya advierte lo pesado e incómodo que puede ser (mucho más que un plantón en el centro de una ciudad egocéntrica) y tener siempre presente que la parte enferma siempre pugnará por desistir, decir que se va por el camino erróneo, tratará de evitar esas molestias para continuar su decadencia en rutinas y evasiones, dirá incluso que subir ese pequeño escalón es malo, que es de revoltosos y criminales. Nos toca decidir en qué parte de esta psique disociada estamos trabajando (y la indiferencia opera en la parte enferma), si queremos ser una persona sana y cómo trabajaremos en ello. Una mujer maltratada no sabrá cómo salir de su prisión al principio, estará llena de dudas y temores, y  le costará trabajo, pero eso no es y no debe considerarse un motivo para volver a aguantar lo único que conoce; este país necesita despertar a su realidad y rechazarla, afanarse en cambiarla y no únicamente lamer sus viejas lesiones, por eso recordemos fechas, levantemos manos, apoyemos causas, marchemos en las calles, propongamos acciones colectivas, organicémonos y acompañemos todo ello de labor individual.


martes, 3 de julio de 2012

Apenas el comienzo


por P.I.G.

Me pregunta un priista que si sólo porque perdió AMLO cuestiono la democracia, y contesto que nada más alejado de la realidad. 

Creer en una democracia como la nuestra es un completo autoengaño; es como confiar en aquél que ha robado una vez y a pesar de ello se le permite entrar a casa.

La nuestra es una democracia insipiente, inmadura, llena de vacíos legales y jurídicos; es un error la democracia pinche mexicana.

El hecho de que el día de hoy consejeros electorales y medios de comunicación aplaudan el ejercicio democrático del día de ayer responde o al deseo de ocultar la raquítica situación de la vida política nacional, o al hecho de que intentar creer que México ya no es el hermano menor al que hay que darle lecciones de vida y ahora es éste quien pone el ejemplo llevando a cabo una “fiesta cívica” como la de ayer.

No nos engañemos, la democracia con la que se llenan la boca no es lo que debería ser. Y no lo es porque al tiempo que pregona respeto, tolerancia, imparcialidad y libertad de expresión, permite las agresiones físicas y psicológicas, la discriminación, el oficialismo y la represión ideológica.

Tan es así que en los días que antecedieron a la jornada electoral, decenas de compañeros del Movimiento #YoSoy132 (y es preciso enfatizar este caso) fueron víctimas de ataques, vejaciones, humillaciones y privaciones de derechos fundamentales como la libertad lo mismo por simpatizantes del partido ahora próximo a regresar al poder, como de la autoridad misma.

La democracia pinche mexicana, pues, arropa a unos cuantos y acalla al resto, a los inconformes, a los que siempre les toca recibir el golpe.

La democracia no debería permitir que un candidato presidencial sea impuesto y cobijado e impulsado por las élites del poder y los monopolios mediáticos, no debería tolerar el hecho de que un futuro Presidente no sepa ni hablar, ni expresar, ni mucho menos retener conocimiento (algo más que necesario para ocupar la primera magistratura de un país); la democracia debería hacer algo por frenar las candidaturas de personajes cuestionables y algo debería hacer, una vez iniciadas las campañas, con las violaciones que perpetran éstos en contra de las leyes electorales.

Pero ¡Oh sorpresa! No hizo absolutamente nada, ni la molestia se tomó siquiera de investigar posibles malversaciones de dinero, pago de contratos millonarios a cambio de espacios en radio y televisión, así como presuntos nexos con políticos cuyos nexos con el crimen organizado son más que evidentes.

Esa democracia, la que permite que un muñeco televisivo pueda elegir entre diferentes “estrellas de la farándula” para servirle de acompañante y a posteriori como primera dama, es la que hace nada con exgobernadores que endeudan multimillonariamente a su estado, o permiten que delincuentes amantes de las ligas, pese a las pruebas inobjetables, sigan paseando por el mundo sin que nadie los detenga.

Esta democracia pinche mexicana sabe que en el gobierno se comenten crímenes, se llevan a cabo desapariciones forzadas y se maquinan guerras sucias contra los enemigos del Estado y no obstante no hace nada.

La pregunta, por ende, es más que obligada: ¿se merece esto el pueblo mexicano? Mucho me temo que sí.

Dicta el verso sabio que aquel que se olvida de la historia, está condenado a repetirla, y el mexicano (alienado por los medios y pasivo como sólo él) se ha encargado de olvidar su historia, al grado de negarla y sentirse ofendido cuando alguien se atreve a negar versiones oficialistas de la historia nacional.

El pueblo de México, en parte, es culpable de la miseria en la que vive. Si el producto chatarra que está próximo a ocupar la silla presidencial logró tal éxito mucho se debe en parte a que ese producto chatarra se vendía por televisión, y el mexicano no quiso apagar nunca la televisión.

Ya lo decía Anonymous en su momento: atacaremos la página del IFE si nos percatamos de que se prepara el fraude, aunque el hecho de que Peña Nieto gane no significa necesariamente que se trate de un fraude.

Sencillo, también alguien tuvo que haber votado por él y, según las cifras oficiales, 18 millones 336 mil votantes decidieron que el PRI tenía que regresar a Los Pinos, a ocupar de nuevo la silla que por tantos años ocupó y tras los cuales el país perdió no sólo tres ceros en el peso, sino soberanía y más aún, independencia.

Esas 18 millones se tragaron (por gusto, por necesidad o por obligación) el cuento del “nuevo PRI”, y éste, al puro estilo del “viejo PRI” no hizo más que aplicar la estrategia de siempre: compra de votos, obsequio de artículos inservibles o poco útiles, entrega de despensas, dinero en efectivo, monederos electrónicos, aderezado todo ello con discursos vacíos, como ya es costumbre.

No digo que sólo esos 18 millones de votantes son culpables de que México esté estancado socialmente y con posibles probabilidades de retroceder en su historia, pero sí hay quien acepta 500 o mil o dos mil pesos (que dada las circunstancias bien pueden estirarse una o dos semanas) a cambio de vender los siguientes seis años de su vida. Tal vez es eso lo que vale el futuro del mexicano mediocre.

Que hay quien lo hizo por absoluta necesidad, claro, de eso no hay duda; que hay quien no tiene carencias y aún así acepta el pago, también. Que hay un gran número de personas dentro de ese espectro de 18 millones que votaron por convicción propia, muy a pesar nuestro, existen y de igual forma merecen respeto.

Y este pequeño fenómeno (que con el tiempo se vuelve un monstruo que gana elecciones y se convierte en dictadura de 70 años) es sólo un botón de muestra de la fallida democracia que en nuestro país ha imperado desde hace muchos ayeres.

¿Qué hacer? Desánimo después de conocer los resultados preliminares y comenzar a gestar vía diferentes medios  la idea de un posible fraude electoral.

Mas no todo está perdido. Sin importar las circunstancias, miles de jóvenes marchan tan sólo un día después de las elecciones presidenciales, uniendo sus reclamos como lo han venido haciendo desde hace más de un mes. Se trata de una prueba de que la llama sigue viva y tal vez más aún que antes del Día D.

Los que por tristeza o temor canalizaron su pensamiento al 2018 y comenzaron a pensar a futuro, estaban equivocados. Aún queda mucho por hacer a corto plazo y el primer reto es hacer o deshacer antes del 1° de diciembre. Nada está dicho y #YoSoy132 ha dado muestras de su capacidad creativa y transformadora.

¿Quieres resignarte y darás el visto bueno a quien semanas atrás repudiabas y considerabas el menos indicado para gobernar este país, tu país?

Retomo las palabras de Antonio Navalón, quien considera éste como el primer día después de las elecciones, el día en que debemos empezar a trabajar para construir nuestro futuro, no el de 18 millones o el de 15 millones de AMLO, sino el de todo un país que clama y pide a gritos la reinvención de una democracia real, como debe ser.

“Felicidades, gracias y bienvenidos a este primer día. Sin embargo, todo esto habrá sido en vano, y algún día nuestra historia nos lo demandará porque, por primera vez, el efecto mariposa de la Plaza Tahrir de Egipto llegó al Paseo de la Reforma”.

jueves, 21 de junio de 2012

#Debate132 y el rumbo a corregir


por María del Carmen

La exposición de cierto tema en la escuela es un momento por el cual todos pasamos. Desde el primer día, los profesores dan a conocer los puntos a evaluar y no faltarán las exposiciones en equipo o individual. Ese mismo día por lo regular se crean los equipos y la división de temas, pero el terror no está ahí, sino ser el primero en el sorteo.

Por lo general el primer equipo es la carne de cañón. Todos saben que surgirán problemas y errores que con el paso del tiempo deberían ir mejorando cada exposición. Algunas veces se logra, otras nomás no.

Recurro a este espacio común para resaltar lo que pasó el día de ayer en nuestro país. Los #YoSoy132 organizaron un debate sin precedentes en la historia política mexicana. Los jóvenes convocaron a los candidatos a la presidencia y tres de los cuatro asistieron (qué pena que el abanderado priístas haya rehusado la invitación por motivos endebles para esta autora) para responder dudas ciudadanas, es decir, preguntas sobre los proyectos  por parte de los usuarios de Internet.

Dentro de la organización del debate hubo puntos buenos y malos, y cada quien según su criterio los podrá enlistar, pero este texto viene a recordar lo que el debate realmente significa para la nación mexicana.

Como la primera exposición en la escuela, el Debate132 sirve para ver los puntos a mejorar. Se trata de la primera prueba para alcanzar un fin aún lejano. En este caso no es una calificación aprobatoria, más bien un rumbo diferente para la política del país. Un rumbo donde la ciudadanía y no sólo los jóvenes tomen las riendas de las elecciones presidenciales, donde sea la sociedad la que marque la agenda de los candidatos y no al revés.

Vemos y oímos comentar sobre el papel activo que deben tener los ciudadanos. El típico “México cambiará cuando los mexicanos cambien” y el debate de ayer fue muestra de eso mismo. Los mexicanos, si no todos,  están despertando poco a poco. No se espera un cambio inmediato porque eso no existe, es mejor ir apoyando, ir despertando a los de a lado para que se unan a la transformación del país y sobre todo ir descartando las opiniones apáticas y pseudointelectuales donde nada, absolutamente nada nos convence.

Estoy de acuerdo en que como ciudadanos responsables debemos pedir siempre más, es nuestro deber no como mexicanos, sino como humanos. Debemos superarnos en el día a día, buscar el progreso de todo lo que nos atañe, pero también es deber el mostrar nuestro apoyo para la conformación de ese futuro ahora tan utópico. No se vale desacreditar, ni criticar sin fundamento. Se necesita de la crítica constructiva y propositiva.

Muchos no podrán estar de acuerdo con los #YoSoy132, más aun después de ver lo que se ha publicado recientemente. Unos desmienten y se deslindan, otros aseguran y relacionan. Al final, si todo eso es cierto no importa tanto, ya que muchos jóvenes 132 están ahí por convicción propia, no por tortas, ni por bicicletas, ni porque algún mesías político lo diga. Los 132 tienen una mentalidad propia y crítica, buscan hacerse participes de la vida política de su país y de paso contagiar  a los otros.

El debate de ayer fue el primer paso de todo un proyecto que nos conviene emprender como ciudadanos mexicanos, independientemente de quién gane el próximo 1° de julio. Es decir, el YoSoy132 fue el primer grupo en exponer una idea tal y de la cual debemos aprender para mejorar, para corregir el rumbo del país y de la sociedad en general, para que en un futuro logremos acreditar el curso por el bien de nuestra nación y sobre todo de las generaciones futuras.  

miércoles, 30 de mayo de 2012

¿#YoSoy132?


por P.I.G.

Esperamos el momento de coyuntura más vistoso y ventajoso para salir a expresar nuestra inconformidad y, dada la realidad por la que atraviesa el país, la sociedad voltea y toma en cuenta a un grupo de individuos que, desorganizados (todo hay que decirlo), toman las calles para protestar, como nunca en la historia de México, en contra de un candidato presidencial.

La ciudad se paraliza para observar a sus jóvenes; claro, nunca antes se había observado un evento de tal magnitud y eso hay que tomarlo en cuenta, y guardarlo en el recuerdo o en la memoria del celular.

Días antes, un grupo de estudiantes de la Universidad Iberoamericana repudiaron sin reparo al candidato presidencial del PRI, y la historia que se desarrolló es por todos conocida. La gota que derramó el vaso.

Días más tarde se forman células estudiantiles que dirigen cañones contra el sujeto del copete y de inmediato se alista el inicio de una batalla en las calles, en las escuelas, en las redes sociales con un único y claro objetivo: denostar al candidato del PRI y bajarlo de la contienda electoral.

Luego la formación de brigadas, que a su vez organizan conferencias, concentraciones, protestas y demás, y más tarde los grupos ya están definidos, separados, dispersos y distantes, no por causas o razones mutuas, sino por banderas académicas: las universidades, en su conjunto, divididas por una mano invisible que evita a toda costa la cohesión entre sí.

Un movimiento de esta índole, que no habíase visto desde hace bastante tiempo (más aun si tomamos en cuenta la injerencia que la misma máxima casa de estudios ha tenido en el mismo, lo cual resulta más que plausible), puede tener un sinfín de finales, pero sólo dos los más previsibles y palpables: disolución o continuidad.

Pero he ahí el problema de la concentración de ideas dispares: no puede existir un consenso, amén de la gran cantidad de contradicciones, ideológicas y no, que prevalecen entre los miembros del llamado movimiento #YoSoy132. Hay objetivos claros y comunes, de eso no hay duda, pero no hay realmente una organización que permite divisar logros a gran escala, muy a pesar de los miles de simpatizantes que engrosan las filas del movimiento.

El asunto es el mismo que ha frenado grandes reformas en este país; muy a pesar de ser una corriente alterna a todo cuanto se había venido haciendo, el común denominador del mexicano sigue ahí, inamovible, inerte y a la espera de echar todo a perder: la falta de acuerdo (de todos) y el protagonismo (de unos cuantos).

Y como resultado de ello, ni la UNAM, ni el IPN, ni el ITAM, ni la Ibero, ni nadie puede fijar miras concretas y de esa forma crear un solo manifiesto, en cuyas líneas esté plasmado y consumado el descontento de la juventud, sea esta juventud perteneciente a cualquier entidad académica… o no.

Las diferencias (sólo de argumento) que se han venido observando dentro del movimiento 132, aunado a las declaraciones en medios sobre discrepancias en las demandas (como el hecho de considerarse o no antiPeña Nieto) han orillado a los “dirigentes” a replantear estrategias y tomarse la molestia de crear un pliego petitorio único que englobe las miles de consignas de inconformidad que se escucharon lo mismo en la protesta de la Ibero, que en la marcha del Zócalo o la manifestación en la Estela de Luz.

¿Resultados? Aún hay que esperarlos y por el bien del movimiento esperemos que sean positivos para nosotros. Por lo pronto lo que anteriormente era considerado el primordial objetivo, ha sido medianamente cubierto: el debate transmitido por las dos televisoras, lo que obviamente no garantiza nada y significa realmente muy poco para los 132.

En otro orden de ideas, si el problema es el protagonismo es porque siempre hay quien quiera erigirse como líder, como dirigente y portavoz de un movimiento que, desde un principio, nunca tuvo cabeza ni pies. ¿Vamos a buscar quién fue el primero en lanzar la convocatoria para la marcha antiPeña y considerarlo indiscutiblemente como el iniciador, como el primer 132 que existió?

En todo caso esta protesta no encuentra su inicio sino en aquellos años donde la juventud comenzó a tomar conciencia de su realidad y se hizo partícipe de la vida pública de su país, aventura que le costó con el paso del tiempo derramamiento de sangre, injusticias, violaciones, vejaciones, aislamiento y demás.

Imposible fijar, pues, punto de arranque, así como imposible fijar la meta final. Tenemos que hacer un examen de conciencia y plantear preguntas que tienen que ver más con nuestro futuro inmediato como movimiento, que como mero conjunto masas y dejar de preguntarnos a quién debemos seguir.

¿Qué si gana el candidato contra el que protestamos?, ¿la lucha seguirá en pie, más férrea que nunca, o depondremos las armas y nos someteremos a un régimen como hasta ahora lo ha hecho el ancho de la población? ¿En verdad estamos dispuestos a afrontar las consecuencias de lo que llamamos y lo que implica una “revolución”, que no será (ténganlo por seguro) vacaciones con sol y playa?

¿Y qué si gana esa opción política vestida de izquierda esperanzadora y amorosa que encuentra eco dentro de las filas del 132, pero que muchos se niegan a sentenciar como afirmación sólida?, ¿viviremos en concordancia sólo por tratarse de una opción ideológica distinta a cuanto ha existido durante los últimos 80 años? 

¿Seguiremos exigiendo, manifestándonos, haciendo campaña desde las trincheras más humildes, detrás de los monitores de la computadora, en las calles, en las escuelas, en los centros de trabajo?

Respóndanse con sinceridad y dejemos claras las bases del movimiento no a partir de entusiasmos momentáneos, sino a partir de la realidad inexorable del país. ¿132 termina el 1° de julio, horas después de haberse confirmado el ganador de las elecciones presidenciales?

Tras la respuesta de todo ello, seamos conscientes de que la rueda ha comenzado a girar e imposible es detenerla ahora. Por el contrario, es cuestión de darle empuje para que los resultados sean visibles.

Pero una rueda, como todo, no puede funcionar sin el apoyo de todos, y cuando alguien deja de empujar, el esfuerzo para hacerla girar es mayor y hay menos movimiento. Más aun cuando cada cual empuja en direcciones contrarias: el resultado es el estancamiento y la inmediata extinción.

Basta de diferencias; no somos cabezas aisladas, ni somos un grupo de insolentes espontáneos; no tenemos líderes, ni pertenecemos a partido político alguno.  Tampoco somos 132, ni miles, ni decenas de miles. “Cuéntenos bien”, somos una gran legión y vamos por todo.