Julio Cortázar - Cuentos Ciudad Seva

"No renuncio a nada, simplemente hago lo que puedo para que las cosas me renuncien a mi."

Cuentos de H.P. Lovecraft - Ciudad Seva.

"The oldest and strongest emotion of mankind is fear, and the oldest and strongest kind of fear is fear of the unknown."

Jack Kerouac - Página oficial

"I saw that my life was a vast glowing empty page and I could do anything I wanted."

H. S. Thompson - The Great Thomspon Hunt

"We were somewhere around Barstow on the edge of the desert when the drugs began to take hold."

Fernando Pessoa

"Não sou nada. Nunca serei nada, não posso querer ser nada. À parte isso, tenho em mim todos os sonhos do mundo."

Edgar Allan Poe - Cuentos Ciudad Seva

"They who dream by day are cognizant of many things which escape those who dream only by night."

José Saramago - Fundación J.S.

"Dentro de nós há uma coisa que não tem nome, essa coisa somos nós"

Javier Marías - Postales Regiones Inferiores.

"Los amores pasados siempre ofenden a los amantes nuevos, por muy muertos que estén aquellos."

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lunes, 7 de octubre de 2013

Simetría irregular

por P.I.G.

De un lado de la acera, una mujer bella, muy bella, desciende de un automóvil.  Ella sabe que la gente la volteará a mirar, no solamente los hombres morbosos que atienden con la mirada todo aquello que inspire lujuria.

El auto, de lujo, es de la agencia de modelaje en la que trabaja la mujer. El rojo de la lámina hace juego con el rojo de los labios y el rojo de la ropa interior, pero nadie, excepto yo, conoce el último detalle.

Luego de echar un vistazo por el lugar y desaprobar con la cabeza (es un barrio “pobre” o “no tan rico”), retoca su rostro con maquillaje; no debería, no es necesario, pero así lo cree y por ello aplica una capa más de ese maquillaje caro con el que podría alimentarse una familia por un par de días.

Camina acompañada de su representante, se sabe protegida en un lugar que ni siquiera conoce. Sus gafas oscuras le permiten evitar directamente las miradas de quienes tienen la fortuna (eso cree ella) de cruzarse en su camino.

Los comercios por donde pasa le parecen insignificantes; las zapaterías, las boutiques, el puesto de joyería de ilusión, la tienda de perfumes rellenados, todo, todo es sucio, es naco, inferior, huele a salario mínimo, a miseria.

Unas cuantas cuadras y llegará al edificio donde la esperan un par de fotógrafos que no tienen otra preocupación más que hacer su trabajo, “atrapar” esa belleza femenina a través de la lente y hacer una linda campaña que posicione exitosamente el producto en el mercado, venda millones, impulse la carrera profesional de cada cual y procure millones de pesos en ganancias, y así todos vivan felices hasta el último de sus putos días de vida.

Antes de llegar al lugar de la cita, la belleza de portada se topa accidentalmente con un hombre a bordo de su bicicleta, un hombre con una sola pierna que pedaleaba despreocupadamente su bicicleta y que ahora ha caído al suelo y ha sido sometido por el guardia de aquella mujer.

Qué mierda de infortunios tiene la vida: él ha sufrido un par de raspones, nada de gravedad, pero la mercancía que transportaba sufrió algunos daños; a ella, por su parte, se le desprendió una uña (postiza) y su peinado de salón se descompuso levemente, por lo que pide que se atienda de inmediato la emergencia.

El hombre de la bicicleta de inmediato reanuda su paso, no sin antes disculparse por la imprudencia. La mujer ni siquiera le dirige la mirada, se coloca de nueva cuenta sus gafas oscuras y continúa su camino, desbordando belleza y dejando tras de sí el hedor de aquella fragancia fina.

Al llegar a donde lo esperaba su jefe, el hombre pidió disculpas por el retraso, contó la historia (o al menos eso trató de hacer) y prometió que no volvería a ocurrir incidente como ése. Su jefe (ni siquiera es necesario describirlo) hizo oídos sordos a todo, amenazó con descontar del ya de por sí mísero salario el retardo y los imperfectos en la mercancía, y le exigió que se incorporara de inmediato al trabajo.

Ella entró y fue recibida con ovaciones, con un “estás preciosísima” o un “de verdad que tu belleza se nota desde antes de salir del elevador”. Le ofrecieron todas las atenciones que una belleza de esa clase debe recibir en todos lados, todo el tiempo, al menos así lo considera ella. Se limitó a aceptar una primera copa de vino y a desdeñar con la mirada todo a su alrededor; total, un puto palacio no era suficiente para ella, menos viajar en un Corvette rojo con chofer, o cobrar cien mil pesos al mes por mostrar un par de senos semiperfectos para anunciar una marca de toallas femeninas.

El hombre tuvo otro encargo, tenía que salir, cruzar media ciudad en bicicleta, con una pierna, pero “en chinga, y si te atraviesa otra pinche güera, le agarras las nalgas y le sigues, no salgas con esa pendejada de que te esperaste a pedir disculpas, pendejo”.

En fin, era trabajar con el jefe o pedirle a dios, al estado, al diablo o a la mafia que le permitiesen un pedazo de pan para alimentar a su familia y alimentarse él mismo. En esta vida seres como él no pueden darse el lujo de desperdiciar oportunidades; es necesario comer pan, más necesario aún es pelear con la rata por un trozo de éste.

Ella pidió un trago más, tenía que quitarse de alguna forma la incomodidad que significaba trabajar con gente de categoría inferior. Pidió que todos se alistaran, tan pronto sorbiera el último trago de su copa la sesión iniciaría, acabaría el trabajo en un par de horas y saldría de ese bodrio de estudio.

Para él la ciudad era asquerosa, grasosa, repugnante, pero tenía que vivir ahí. Acostumbrado estaba a que la gente lo volteara a ver con morbo (como a la mujer), no porque poseía la grandiosa habilidad de montar la bicicleta con un solo pie, sino porque sólo poseía una pierna.

Después de que ella posó sin mesura, gozando desde luego del aire acondicionado y con toda clase de bondades, culminó su labor, firmó un par de autógrafos, agradeció hipócritamente por las atenciones y salió de la sala de trabajo.

Él regresó sudando, con un hambre atroz que en verdad le crujía dentro del estómago; entregó cuentas al jefe, pidió permiso para salir a comer unos tacos y a regañadientes logró diez minutos libres.

El vino y los entremeses comenzaron a hacer efecto, y para evitar problemas durante el camino la mujer optó por ir al baño y hacer sus necesidades como cualquier otra persona, o no tanto: en un baño perfectamente limpio, blanco hasta la ofensa, con un olor floral exclusivamente seleccionado para el olfato de la belleza que honra con su presencia; con toallas perfumadas y jabón delicado con la piel.

Tras terminar con sus dos órdenes de tacos (habrían sido más si su economía se lo permitiese), el hombre regresó a la fábrica. Hizo una pausa en el baño, se colocó como pudo sobre le retrete; debido al reducido espacio entre éste y la puerta, tuvo que dejar afuera la muleta con la que se sostenía al caminar.

Por primera vez, y pese a las pendejas y obvias diferencias que existen entre uno y otro, ambos colocaron sus traseros en el inodoro, cagaron, y el resultado fue exactamente el mismo: caca y papel sucio. Así, pues, no se necesitaba de otra prueba más precisa para afirmar que ambos, ella y él, él y ella, eran iguales, ni mejor ni peor que el otro.

lunes, 25 de marzo de 2013

La Primavera*


Por: Satyrik.

Y entrando ya en fechas  y acontecimientos importantes… el jueves fue una fecha conmemorativa y de celebre tradición, pues un día 21 de marzo, muy atrás en el tiempo, ¡nació la Primavera! ... Y como un hecho histórico, geográfico, geológico y demás de esta magnitud no va a ser recordado en millones de mentes.

Esta deliciosa etapa que año con año trae a nuestro mundo la vida, la hermosura y la radiante exposición de la naturaleza toda… claro, que se tarda en llegar otro tanto en otros lugares de los que tal vez ni sabemos que existen, ya que todo el hemisferio sur del planeta, debido a su inclinación respecto al sol, obtiene las condiciones propicias para la primavera hasta los meses de septiembre, octubre y noviembre en concreto.

No obstante, la eficacia de esta estación anual es por casi todos alabada y bendecida, y digo casi todos porque muchos del medio político y medios de comunicación ya se hacen de la vista gorda (tal cual han hecho muchas veces antes) con las décadas de extrema sequía en el llamado “Cuerno de África”, donde un aproximado de 10 millones de personas sufren extrema hambruna y muerte lenta, a lo cual el mundo sólo se ha dedicado a sacar estadísticas, números y algunas cuantas fotografías para el material que requiera algún próximo evento donde cantarán todas las estrellas de Telerisa. Todos juntos y al unísono de una melodía pegajosa coreada por Chayanne o por algún pusilánime más.

Y todo esto por encima en importancia de prever movilizaciones de tropas y de la introducción de los cascos azules para calmar el conflicto bélico que se desata poco a poco en las zonas de refugio de Kenia, por causa de las cerca de mil 300 personas por día que llegan a pie tambaleándose en busca de una esperanza de vida.

Si tan sólo Hades hubiera tomado el amor por Perséfone con un poco más de calma y no hubiera perdido la cabeza tratando de volverla la Reina del Inframundo, tal vez las cosas serían diferentes.

Seguramente Perséfone, en su acometida por volver a los brazos de su madre Deméter, con el poco tiempo que tiene para poder dar vida a las flores en los 6 meses de marzo, abril y mayo en el hemisferio norte, y luego bajar al hemisferio sur en los meses de septiembre, octubre y noviembre, se sentía tan presionada que se olvidaba de las franjas medias, ¡oh sorpresa!, “El Cuerno de África”.

Esos romanos parece que se niegan a dejar en paz a Noráfrica, todas las enseñanzas de Marco Antonio, dejando a Cleopatra reinando en Egipto, ahora los dioses romanos mismos no dan ni tantita luz de una lluviecita sobre el dichoso Cuerno, y lo peor… ni los mismos dioses de los norafricanos se levantan en armas contra los primeros. ¿Y quiénes carajos serán estos dioses de los norafricanos? Pues quién sabe, pero sus hijos guerrilleros sí que andan armados hasta los dientes.

Bueno, bueno, volviendo al punto.  La primavera se está portando mal y sea o no del todo culpa de Perséfone y de Hades, las cosas están graves.

Además la madre “Gia” gritando a todo mundo PAREN SU JODIENDA, con la onda del efecto invernadero, y el constante y amenazante calentamiento global, parece no ser escuchada por nadie.

Algunos rebaten estas teorías como falsas y de lucro máximo, otros se esmeran en hacer lo posible para poder detenerlo. El excedente de CO2 en el ambiente está provocando calamidades indescriptibles en todo el globo y se auguran etapas bastante duras. La primavera ahora parece que no tiene lugar en los meses que debiera, repentinamente  tenemos sol y al instante siguiente está lloviendo. Qué loca esta chica Perséfone saliéndose de pinta, caray.

Si, como dice la comunidad científica, para el año 2035 aproximadamente los glaciares de los polos van a sufrir un descongelamiento tal que hagan subir el nivel del mar en 8 o 9 metros, hasta los del cuerno tendrán que aprenderse aquel dicho merecidamente mexicano de “Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre”.

¡Ah! y esperemos que el Hades no se vaya a inundar, porque entonces Perséfone ya no tendrá a dónde regresar a reinar y hasta va a querer quedarse con su mamá y ni cómo se seque el desastre.

Lo que se augura para el futuro, según las diversas posturas de la comunidad científica, es una inclemencia de tal magnitud que ahora los escépticos del diluvio universal tendrán un poquito de Karma por andar de vociferantes diciendo que tales cosas no pasan… Ah, qué Noé y sus aventuras.

Y como dije antes sobre los que alaban la primavera…  casi todos, porque además, mientras tanto, cientos de mexicanos, que como rigor deberían de poner el dedo en el renglón para prever pesares en las vidas de sus hijos y generaciones futuras, para al menos no heredarles la casa tan hecha añicos, festejaron el aniversario de un tal Benito Juárez del que no saben nada de su vida, más que una frase que dijo el 15 julio de 1867: ”El respeto al derecho ajeno, es la paz”, dando también como inaugurados los inicios de la piratería de autor, pues esta frase originalmente, (entre los individuos como las naciones, el respeto al derecho ajeno, es la paz), extraída del ensayo “Zum evigen friden" (La paz perpetua) del  alemán Emmanuel Kant, data de casi 70 años atrás…

Por lo menos hubiera dicho el tan quemado cliché de “COMO DIJO AQUEL FILOSOFO: …”, pero ni eso. Bueno.

*Texto programado para el 21 de marzo que por razones ajenas al autor no se publicó ese día.