Julio Cortázar - Cuentos Ciudad Seva

"No renuncio a nada, simplemente hago lo que puedo para que las cosas me renuncien a mi."

Cuentos de H.P. Lovecraft - Ciudad Seva.

"The oldest and strongest emotion of mankind is fear, and the oldest and strongest kind of fear is fear of the unknown."

Jack Kerouac - Página oficial

"I saw that my life was a vast glowing empty page and I could do anything I wanted."

H. S. Thompson - The Great Thomspon Hunt

"We were somewhere around Barstow on the edge of the desert when the drugs began to take hold."

Fernando Pessoa

"Não sou nada. Nunca serei nada, não posso querer ser nada. À parte isso, tenho em mim todos os sonhos do mundo."

Edgar Allan Poe - Cuentos Ciudad Seva

"They who dream by day are cognizant of many things which escape those who dream only by night."

José Saramago - Fundación J.S.

"Dentro de nós há uma coisa que não tem nome, essa coisa somos nós"

Javier Marías - Postales Regiones Inferiores.

"Los amores pasados siempre ofenden a los amantes nuevos, por muy muertos que estén aquellos."

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lunes, 4 de noviembre de 2013

La Sonrisa de la Muerte

por Lila Aurora

Cualquiera en “El salto” se hubiera alegrado sobremanera ante la repentina muerte de Don Federico Tovar, dueño de la única tienda de abarrotes en el pueblo. Apenas se supo del hallazgo del cadáver, la noticia corrió como pólvora encendida; todos acudieron a observarlo, parecía como si quisieran que esto no fuera cierto. Ni siquiera sus hijos, que nunca reconoció, se alegraron del hecho.

A todos invadían sentimientos encontrados, era el hombre más odiado, pero también el más solicitado. Robusto, con el pelo cano, apenas unas patas de gallo enmarcaban sus ojos; burlón, grosero , a todas las preguntas o solicitudes tenía siempre una respuesta sarcástica, pero no, nadie dijo una palabra, una maldición o una sonrisa discreta que se tradujera en “qué bueno que se lo llevó la chingada”.

Pasaron sólo unos momentos cuando entre el enjambre de gente el juez del pueblo llegó para dar testimonio del hecho; el padrecito por supuesto ya estaba echando agua bendita y prendiendo unas veladoras, doña Lupita Caballero, la enchiladera del pueblo, era la única que de vez en cuando entre sollozos fingidos decía: “¿ora sí que vamos a hacer?”.

La semana pasada se había festejado, el “doce”, la fiesta de la virgencita, todavía estaban los festones de flores de plástico y los juegos mecánicos no se terminaban de recoger. El juez ordenó que lo trasladaran a la oficina del juzgado, ya que el médico forense llegaría hasta mañana y encima de todo hacía un pinche frio que ni para qué velarlo en la intemperie.

La tienda de “Don Fede”, como le decían todos, era una especie de salón de juego, cantina y verdulería; por las tardes solía sentarse en una mesa de fierro de “la corona”, barajeaba sus viejas y sucias cartas, hasta que llegaran sus oponentes. Le hacían el juego a sabiendas de que él siempre ganaba; a cambio tendrían varias rondas de mezcal gratis, insultos y escupitajos en la cara.

Si se le daba la gana, castigaba a quien perdía, haciéndolo beber sin parar toda la botella de mezcal mientras él reía escandalosamente, o tenía la osadía de disparar balazos en los pies a quien le había hecho trampa según él. Todas las tardes era lo mismo, excepto aquellas en que se fingía enfermo y mandaba llamar a Marinita la enfermera. Ella ya sabía, Don Fede se bajaba los pantalones, se acostaba y justo cuando le enterraría la aguja en la nalga, el se volteaba, la jalaba y la obligaba a tener relaciones sexuales; a cambio Marinita recibía una canasta con víveres y un manojo de billetes arrugados que extraía de una lata de “sal de uvas picot”.

Tenía nueve hijos, no con Marinita, por supuesto, todos eran producto de su abuso y del capricho que en su momento se presentó; nunca los reconoció porque alegaba que él no podía tener hijos, que le querían ver la cara de tarugo. Su difunta esposa, Doña Georgina, no se los había dado, mismo por lo que un día se quitó la vida tomándose un montón de vidrios. A diario la insultaba por no poder embarazarse; muchas veces la dejó afuera de su casa con el puro camisón, aun cuando estuviera lloviendo.

Nunca aceptaba ser padrino de nadie, anteponía su alcurnia, alegaba que no podía rebajarse a decirse compadre con un indio “pata rajada”, mucho menos “a pisar los chiqueros donde viven”. No obstante, el día del festejo mandaba “algo”, para que “mataran su hambre” decía; eso sí, se los recordaba cada que los veía.

“Si no les hubiera mandado esos refrescos y esa comida, ¿qué hubieran hecho?” Y soltaba la carcajada estruendosa, los dejaba sin palabras.

Pero bien, terminemos con la historia de este gandalla. ¿Quién se habría atrevido a darle tan terrible muerte? Nadie, él solo se ahorco, fue sarcástico hasta consigo mismo, una risa diabólica se podía ver en sus labios. La sorpresa fue mayúscula cuando encontraron una carta póstuma y la leyó el cura ante todos:

“Me voy con mi pecho rebosante de alegría. He comido, he bailado, he tomado y disfrutado cuanto se me ha dado en gana, pero también me he cansado de tanta mediocridad, de tanta hipocresía, me he cansado de humillar y no recibir reclamos, me he cansado de golpear y no recibir un solo rasguño; los he maldecido y sobajado con las peores injurias a todos y nadie se ha atrevido ni siquiera a mirarme de frente.

Me voy consciente de que su hambre es mucha, de que su cobardía es inagotable, pero me voy con la miserable esperanza de que un día me odien y se atrevan a vencer no sólo el hambre de sus estómagos, sino el hambre de su podrida alma. Comprueben lo feliz que soy de morir, no habrá rictus de dolor en mi cara, verán qué hermosa sonrisa puede producir un hecho que con valentía es decidido. Sin embargo dispongan de todo lo que dejo…”.


Se fueron retirando uno a uno de los habitantes del pueblo, el cadáver quedó solo, como también sarcásticamente lo habría deseado Don Federico; nadie dijo nada, morían de vergüenza.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Semana de muertos, tradiciones vivas

por B.Varglez

Esta semana es dedicada a nuestras tradiciones, las verdaderas, las de nuestras raíces y que bien también pueden ser combinadas con otras; la idea es no dejar de lado lo que nos gusta y llevamos años haciendo, no sólo porque tenemos un gobierno pendejo y represor lo dejaremos de lado. Y no porque celebremos un poco quiere decir que somos indiferentes ante las circunstancias o problemáticas de nuestro país.

Porque a decir verdad es necesario que nuestras tradiciones no mueran, el por qué, en parte por nuestro pasado tan rico, donde los ancestros realizaban todo un hermoso ritual para invitar a las almas a venirnos a visitar en estos días dedicados a los muertos: el copal, el pan de muerto, las veladoras y los platillos preferidos de nuestros seres que ya no están en este mundo.

Sus almas, como un fino polvo (el que no quiera creer en ello muy respetable), se desliza por las paredes de nuestras moradas y nos regalan un poco de su presencia.

Cuenta la leyenda que si comes algo que estuvo expuesto en la ofrenda no tendrá, sabor ya que las ánimas se lo llevan como agradecimiento por déjaselos en su altar.

Pero no sólo por lo anterior es por lo que debemos poner o visitar una ofrenda, sino porque de estas hermosas tradiciones está detrás el trabajo de mucha gente trabajadora: campesinos, artesanos o simples vendedores que buscan llevar el sustento a sus mesas ofreciendo los artículos que le darán vida a la celebración.

Es cierto, para muchos el Día de Muertos ya se volvió Halloween, una festividad extranjera y que nada tiene que ver con nuestras raíces, pero tampoco podemos juzgar tan fría y severamente esta fiesta, pues muchos (no se hagan) la utilizan de pretexto para empinar el codo (más que de costumbre) y ya ni siquiera la arman chido disfrazándose o haciendo algo referente a la fecha, solamente compran el alcohol, beben como cosacos y se atreven a llamarlo Halloween

Ni madres, si no hay disfraz, ni ofrenda es una borrachera cualquiera, así que no sean payasos, ni ridículos.

Pero total, que como les decía, el trabajo de mucha gente está presente en todo este rollo y uno de nuestros queridos barrios (no, no es Coyoacán, hay más en esta vida que ese sitio para estas fechas), La Merced, es uno de los lugares donde podemos encontrar un sinfín de cosas para nuestra pachanga, ofrenda, Halloween o como fregados quieran llamarle.

Empezando porque es un deleite dejarse envolver desde el mercado de la fruta, las legumbres y carnes, hasta la zona donde está todo lo referente al Día de Muertos. Se emboba uno y se le pasan las horas de lo lindo en el pasillo de los dulces, entre apretones y empujones, pero en verdad, si uno no es muy mamón, se la pasa chido, compra barato y lo hace directamente a un pequeño empresario, no a una trasnacional, además de que lo que te lleves es fresco y de calidad.

Otro lugar donde puedes ir también a comprar, bobear o simplemente a cenar y deleitarte con el pan de muerto y otros postres o antojos, es el mercado de Río Blanco, ubicado en Congreso de la Unión. Ese es un antiguo mercado que también tiene una gran variedad de precios y productos para tus ofrendas.

Ya si te da mucha flojera andar en mercados enormes y abundantes de gente, pues de perdida visita el de tu colonia, que seguramente también tendrá lo que necesites. El chiste es consumir lo que otros hacen y ayudar a los pequeños productores; al fin sales ganando porque la cartera te lo agradecerá.

Ahora bien que si lo tuyo de plano no es la manualidad (me refiero a la puesta de los altares, no sean cochinos), entonces váyanse a observar y visitar los que ya están hechos, como lo son las ofrendas que ofrece el GDF, los altares en Ciudad Universitaria; éste es maravilloso porque siempre lo dedica a un personaje en particular, y ahí se puede ver qué facultad de verdad le echa ganas a las cosas y cuáles nada más lo hacen para salir del paso.

O bien las ofrendas y altares que ofrecen los museos como el Dolores Olmedo, el de Antropología e Historia, el de Medicina, el Museo Nacional de las Culturas Populares, Museo Casa del Risco, Bellas Artes, de entre muchos otros que incluso llegan a ampliar su horario para que los puedan visitar.

Ya que si tienes varo y días libres, puedes irte a las festividades en Oaxaca, Mixquic, Janitzio, Jarácuaro, Veracruz, Puebla, donde la naturaleza hace lo suyo ambientando el lugar; o bien, si quieres arriesgarte a ver qué tal está este año la presentación de “La Llorona” en Xochimilco o siquiera vete a ver “Don Juan Tenorio”, hay muchas compañías de teatro independientes con buenos montajes, tanto de parodia como en serio.

La elección esta semana la tienes tú, amigo lector, no seas amargado y vive las tradiciones de este pueblo, que no todo sea sufrimiento. Dejemos ver que no han acabado con todo aún y que somos un pueblo que se rescata y busca la unión, que no quiere perder su esencia, aunque haya muchos ladrones de cuello alto que nos quieren ver sumidos en el dolor y la tristeza.

Buena semana de muertos y no dejen pasar la oportunidad de mandar sus textos en la convocatoria que lanzó Regiones Inferiores. Dejen que las letras los envuelvan.


miércoles, 16 de octubre de 2013

La generación idiota…..la generación del mañana

por B. Varglez


Tengo una severa fijación con el transporte público, pero es que ahí es donde se descubren y se observan un sin número de temas que se agolpan en la cabeza, con los tantos y tantos escenarios que se presentan.


Y sí, el que vaya lleno me trae varias ideas a la cabeza, una de ellas que ya somos un chingo de mexicanos; no estoy idiota, sé que ya lo saben, pero es que es impresionante cómo parecemos marea, sobre todo en horarios de las siete de la mañana a las nueve y media, o bien de las seis de la tarde a las ocho de la noche; somos mareas de ciudadanos luchando por llegar a los centros laborales o bien luchando por el regreso a nuestros hogares.


Somos grandes hordas, donde los orcos en El Señor de los Anillos me cae que se quedan pendejos, porque también hay cada hijo de puta malparido (disculpen lo burdo del vocabulario) que se gana a pulso las mentadas de madre, primero porque no tienen educación, les vale madre y ahí si aplican la equidad de género mientan, golpean y taclean con singular alegría. El problema: la educación y la poca tolerancia que hoy en día, casi nadie tiene o si la tuvo ya se le olvidó.


El mejor culpable es el estrés, acompañado de las preocupaciones que no nos dejan ni a sol, ni a sombra, y, claro, el estrés y le añadiría yo también el sin número de embarazos de jóvenes que no saben ni limpiarse la leche pero ya quieren sacarla.


Lo siento, aquí las cosas como son. Pero, bueno, estábamos en la educación; no voy hablar de lo mala que es en las escuelas públicas, todos, absolutamente todos lo sabemos, y sí, no es culpa directa de los profesores, ya que ellos se tienen que acatar a un programa que da la eficiente Secretaría de Educación Pública (es tan profunda en sus programas como charco de agua).


En fin, que muchos padres aún tienen la idea de que las escuelas son guarderías y los maestros niñeras teniéndose que hacer cargo de sus hijos por cuatro o cinco horas, nomás porque no tienen un lugar mejor donde dejarlos. Pues no, las escuelas no tienen la obligación de terminarles de criar el hijo a ningún hijo de puta, las escuelas se supone deben dar la formación para la vida profesional.


Muchos padres que tal vez no quisieron serlo no les dan a sus hijos en su casa la formación de verdad, porque no basta con que se la pasen leyendo todo el día. Conozco varios “intelectuales” que sí están listos para dar cátedra y son todos unos cerebros, pero eso no les quita lo patanazos y nacos (con nacos me refiero a persona fuera de lugar en una situación, y nada tiene que ver con la apariencia física ni con el origen), porque no saben comportarse o que andan ahí de payasos defendiendo los derechos humanos, pero a veces son los que más los pisotean.


Los problemas aparte del tema educativo y de valores recaen en que los padres, en su mayoría (y no generalizo, aclaro), tienen una enorme apatía por lo que sus hijos hacen o dejan de hacer, porque hay cosas más importantes que ver en qué andan sus hijos; tienen la idea de que con darles un computador, una tablet, celular, ropa y dinero cubren todas sus necesidades y no se dan cuenta que sólo están formando generaciones idiotas para el mañana.


Todos bien sabemos que los adolescentes de entre 15 y 18 años sólo se sientan frente a la computadora para chatear, entrar a música, páginas porno y son sólo ejemplos de toda una gama de opciones que hay para perder el tiempo, y lo peor es que ya no son sólo los adolescentes de 15 años, ya también sucede con los niños de primaria y secundaria.


Lo más paradójico es que muchos padres se preguntan: ¿Qué le estará pasando a mi hijo que va mal en la escuela, que se ve triste, que no come?, cuando la respuesta la tienen muchas veces frente a sus narices, pero no la pueden o no la quieren ver, empezando porque ellos mismos son proveedores del resultado de las acciones de un niño, como aquél que no se para temprano y la madre se pregunta por qué, pues porque se queda hasta las dos de la mañana chateando y nadie, ni mamá ni papá, tuvo la decencia de recogerle la laptop para que el crío no se distraiga y se duerma.


El otro día, en un centro de terapia infantil, me tocó ver a varios niños y niñas que ni jugaban, ni interactuaban entre ellos, “niños ricos” metidos en sus tabletas; sólo dos que eran hermanas hablaban de todos los gadgets que ya tenían y de los que les faltaban. Bueno, hablaban de cosas que yo ni entendía. Como dicen: "los niños ya no vienen con torta bajo el brazo, vienen con chip".


Se quejan de la obesidad infantil, pero las soluciones nadie las dice, porque nadie está dispuesto a llevar a su hijo a jugar todas las tardes al jardín o a que practique algún deporte; es más fácil darle un play o descargarle los juegos de moda en la computadora y tenerlo ahí por horas y horas. Nos quejábamos de la caja idiota que era la televisión, pero ahora las cajas idiotas vienen empacadas por Apple, HP, Acer y varias marcas más. Lo malo es que todos y todas queremos una y la mejor.


Será que algunos ya estamos chocheando, pero yo sí extraño los parques llenos de niños brincoteando y dando lata a lo bestia. Siempre será mejor ver niños sanos que gritan y corren, a ver niños neuróticos si se les acaba la pila del celular, si se les acaba la memoria y están en su juego favorito, si se va la luz y están chateando.


Si tú eres padre, date un tiempo para observar a tus hijos, ver sus problemas, lo que necesita, con quién habla, quiénes son sus amigos y no lo llenes de objetos, muy funcionales (nadie lo niega), pero fríos como hielo. Edúcalos, dales valores, enséñales a querer a la naturaleza, dales una vida de niños, que de adultos ya tendrán mucho, mucho tiempo para estar metidos en el tráfico y esclavos de un teléfono y una computadora. Date y dales un chance de tener una infancia mejor que la que hoy en día se ofrece. La escuela hace una parte, tú no evadas y haz la tuya.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Lunes


por P.I.G.

Ocasionalmente una mañana de lunes me encontraba en la parada del autobús a la espera de la llegada del transporte, cuando súbitamente me invadió un enorme deseo de no abordar y permanecer ahí hasta que el siguiente autobús llegara. Minutos más tarde llegó y el mismo deseo me obligó a permanecer varado en el mismo lugar.

Arribó un tercero, un cuarto y un quinto espectro metálico, transcurrieron los minutos, un par de horas y yo sin la menor intención de moverme, me encontraba absolutamente estático. Algo extraño ocurría cada que veía venir la furgoneta, unas veces atiborrada y otras veces vacía.

Y meditaba con profundo interés: si lo hacía, si subía, si pagaba y me acomodaba en uno de los asientos libres, mi sofocante rutina sería alimentada como cada vez que despertaba, tomaba el desayuno y abordaba el transporte para llegar al trabajo.

Qué ocurría entonces. De antemano estaba conciente que conforme pasaba el tiempo se hacía más tarde y eso implicaba un severo castigo por parte del jefe que, entre otras cosas, me tenía señalado como el más irresponsable, imprudente e irrespetuoso de la oficina.

Pese a las funestas consecuencias que eso pudiera ocasionar no lo hice. No subí, no pagué ni me acomodé en uno de los asientos libres. Por el contrario, me aferré al asfalto y a esa agobiante idea de que el paso que diera sería semejante al del día anterior, alimentaría mi rutina, le daría motivos para mantenerse tan semejante al de los días previos, hecho que por demás me atemorizaba.

Entré en un sin fin de cavilaciones sin obtener conjeturas claras. ¿A dónde me llevaría aquel monstruo de acero que velozmente se desplazaba por las calles y avenidas de la ciudad? Recibir el castigo, trabajar horas extras, añadir uno más a la larga lista de puntos negativos que me encasillaban como el peor trabajador… ¿y luego qué? ¿Lamentar lo sucedido, pedir disculpas, prometer que “no volvería a suceder”, dormir y de nuevo despertar para iniciar con ese ciclo cotidiano?

Durante mi estancia en aquel lugar algunas personas, extrañadas, me miraban fijamente. -¿Está perdido, señor?- vociferaban entre dientes. Sí, lo estoy, siempre lo he estado, porque mi camino no es ése por donde a diario transito con la mirada extraviada. Por eso seguía ahí, impasible, mirando cómo la gente subía, bajaba, cómo se agazapaban para alcanzar un lugar libre.

El sol se desvaneció en el horizonte y la noche inundaba lentamente las calles. No tenía otra opción, era tarde y era necesario volver a casa; unas cuantas cuadras atrás y mi aposento me recibiría con la cara de siempre. Asqueroso aposento, asquerosa cotidianeidad.

Es un nuevo día y una vez más heme aquí, esperando de nuevo el transporte. Pasa un autobús, luego otro y otro, no pretendo abordar, después de todo el hecho de abordar terminaría con la rutina que he venido realizando desde hace ya varios años: vendría hasta este lugar a esperar a que el transporte llegue, a que las memorias recorran mi pensamiento, a tener un motivo para dar ese paso que no me he atrevido a dar desde que empecé a trabajar en aquella oficina, oficina donde, por cierto, yo soy el jefe. 

sábado, 25 de febrero de 2012

Nomás que me acuerdo me dan ganas de llorar*



Por: Alejandro Badillo

La Comarca Lagunera se localiza al norte-centro de México, entre el suroeste de Coahuila y el noroeste de Durango. Está conformada por diez municipios, cinco por cada Estado, el más importante de ellos es Torreón, secundado por Gómez Palacios y Ciudad Lerdo. Su estratégica posición la convirtió en un punto idóneo para el comercio. Ahí surgieron empresas reconocidas en todo el país y en el mundo, pero también en este lugar nació un género musical que está a punto de desaparecer: el canto cardenche.

El país cuenta con una gran lista de géneros musicales, unos son mundialmente reconocidos como el mariachi de Jalisco o el son jarocho y otros han ido desapareciendo por diferentes causas.


Los horizontes son chiquitos y parejitos al caminar, andan en busca de una paloma que se ha salido del palomar.

El canto cardenche es un género que nació a finales del siglo XIX y a principios del siglo XX. Su origen es incierto porque desde el principio mostró un bajo perfil. Este canto era interpretado principalmente por campesinos al finalizar su labor. Los campos de algodón, las herramientas y los problemas sociales pasaban a segundo plano cuando los trabajadores, agotados y adoloridos, regresaban a su casa para reunirse y con una botella de sotol interpretar tristes, amorosas y desgarradoras melodías.

La característica principal del cardenche es que se canta a capella. Tres voces son el instrumento primordial, aunque en ocasiones se canta a cinco. La primera o fundamental es la encargada de la conducción del canto; la segunda o contra alta y la tercera o baja es también llamada marrana, nombre dado a causa de su registro, el cual es muy bajo que se asemeja al gruñido de dicho animal.

Pero trigueñita, nomás que me acuerdo lloro, ¿Quién tiene la culpa? usted que me abandonó.

Una característica del canto cardenche era que surgía espontáneamente del líder del grupo, el cual invitaba a sus compañeros por medio de ademanes a que lo acompañaran, también cabe destacar que no hay tiempos ni cuadraturas precisas. Es una melodía totalmente fraternal, reunía a los trabajadores, los cuales se abrazaban para cantarlo y aunque en la actualidad ya no lo hagan, siempre se les podrá observar uno a lado del otro.

Lo más curioso del canto cardenche son los ‘largos’ silencios que se hacen, los cuales no aparecen al final de una frase melódica o copla como comúnmente ocurre con otros géneros, sino que interrumpen la melodía ya sea porque algunas veces los cantores toman un poco de sotol o porque antiguamente justo al momento de la interpretación se daba un mensaje o anuncio para los lugareños.

El nombre de canto cardenche es tomado por una cactácea cubierta con una gran cantidad de espinas y según los agricultores de la región no existe mayor dolor que ser víctima de éstas porque las espinas no sólo duelen al encajarse, sino que es aun más doloroso el sacarlas ya que sus dientes afilados desgarran la piel.

Por las mujeres se componen canciones,ellas son causa de que el mundo no ande en paz.

El género musical toma esta imagen de sufrimiento para reproducirla por medio del canto. El sentimiento de tristeza, ya sea por el amor no correspondido, por la vida que les tocó o por la nostalgia de la tierra abandonada por ir en busca del pan, es expresado con voces a gran volumen, con cierto grado de desafinación, la cual le imprime la sensación de sufrimiento y congoja.

Los cardencheros no sólo entonan canciones propias del género sino que han llegado a acardenchar corridos o versos de pastorelas dejando su huella musical de la tradición de sus antepasados.

Cabe destacar que el Instituto Nacional de Antropología e Historia en su proyecto Testimonio Musical de México hizo compilaciones de diferentes géneros musicales mexicanos y precisamente el número 22, de un total de 40 títulos, se lo dedicó al canto cardenche.

Casi siempre estos géneros poco reconocidos en el país son tomados como insignias para fomentar el turismo y mostrarlos como símbolos de nuestra identidad nacional, pero algunas veces es necesario tan sólo conocerlos, escucharlos por un momento para disfrutarlos.

Una historia, una canción o una pintura, se quedan en el pasado y por más que los hombres se esfuercen por mantenerlas vivas, tarde o temprano pueden extinguirse, por ello es menester disfrutar con la finalidad de tener un recuerdo propio, el cual dure aunque sea el resto de una vida.

Habrá muchas personas que desprecien el canto cardenche y otras tantas que lo amen, pero al final eso es lo de menos porque una de las tantas funciones de la música es presentar un instante de belleza en este mundo musical que día con día se va perdiendo en ritmos monótonos y letras sin sentido. Conocer y rescatar otros géneros ayudará a empaparse el cuerpo de tonos diferentes y así ir enriqueciendo la banda sonora de nuestra vida.