Julio Cortázar - Cuentos Ciudad Seva

"No renuncio a nada, simplemente hago lo que puedo para que las cosas me renuncien a mi."

Cuentos de H.P. Lovecraft - Ciudad Seva.

"The oldest and strongest emotion of mankind is fear, and the oldest and strongest kind of fear is fear of the unknown."

Jack Kerouac - Página oficial

"I saw that my life was a vast glowing empty page and I could do anything I wanted."

H. S. Thompson - The Great Thomspon Hunt

"We were somewhere around Barstow on the edge of the desert when the drugs began to take hold."

Fernando Pessoa

"Não sou nada. Nunca serei nada, não posso querer ser nada. À parte isso, tenho em mim todos os sonhos do mundo."

Edgar Allan Poe - Cuentos Ciudad Seva

"They who dream by day are cognizant of many things which escape those who dream only by night."

José Saramago - Fundación J.S.

"Dentro de nós há uma coisa que não tem nome, essa coisa somos nós"

Javier Marías - Postales Regiones Inferiores.

"Los amores pasados siempre ofenden a los amantes nuevos, por muy muertos que estén aquellos."

Mostrando entradas con la etiqueta Sabiduría. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sabiduría. Mostrar todas las entradas

lunes, 8 de abril de 2013

Lo que Budha no vio con Ajna

por Satyrik

El viento sopla… la noche ha caído; y ahora sólo las duras sombras provocadas por los débiles cuerpos de una mujer en cuclillas, otra tumbada al suelo, y un hombre suplicante por el advenimiento de su primogénito, se ven estrepitosamente proyectadas hacia la roja roca de la cueva debajo de una estrella, donde se albergan dichas infortunadas personas. Minutos después ha nacido ya… ¿Siddhartha Gautama?

Bien, creo que hemos dado un giro inesperado al inicio de los muchos inicios que en materia de religión se pueden dar  y claro está. Como es ya sabido, la mayoría de la población mundial es cristiana y seguramente habrán tomado el inicio del relato como un lindo cuento más de paz y verdad cristiana. Lástima que lo que hemos de narrar hoy es más una burda estadística.

Siendo 8 de Abril, en el año 563 Antes de Cristo, ya nacía en la antigua India el ahora conocido como fundador del Budismo, aquella religión vertiente y culminante de toda la generación hinduista desde sus primeras manifestaciones trimúrticas como lo fueron los Vedas, para ser luego los Brahmanes, Hare Krishnas y el final se resume todo en un hombre sin religión y más con una filosofía. La gruesa fuerza del embudo sí que se definió en esto llamado Budismo.

Pero la historia no acaba ahí, puesto que al pasar los años esta gota salida del embudo ha logrado una expansión tan grande, que ha llegado a caudales a miles de personas alrededor del mundo empaquetada y lista para, como se decía en los 80’s: WASH AND WEAR. En realidad la facilidad con la que se accede a esta religión es un pase doble, así como ahora se es un jo’puta, mañana puedes ser el hombre más espiritual y trascendente con solo 3 horas a la semana y 10 libros de budismo tántrico de a 200 pesos cada uno… Carajo si tan sólo los judíos hicieran así de fácil y económico el acceso a la religión.
¿Quieres ser budista? Ve a Donceles y listo.

Y qué decir de la decadencia moral y espiritual como la que viven países como América del Norte, tan influenciada y dividida por el imperialismo Yanqui, y taladrada hasta la medula de “consumo y perversión” que a leguas se nota la necesidad de consumir algo que no sea Microsoft, Coca Cola o MTV. Ese intento de salir del “adormecimiento” imperialista en el que sienten vivir, ha llevado a aproximadamente 6 millones de americanos (¡6 millones! Hasta suena a numero cabalístico) a refugiarse en el budismo… negocio redondo.

Es interesante este dato enfrentado contra los 2 millones de europeos que siguen dicha doctrina de Gautama, contando que EEUU tiene 300 millones de cabezones y Europa 739 millones, es decir, poco más del doble… ¿Será que Europa de una u otra forma cuenta con raíces firmes y VERDADERA diversidad cultural desde sus antepasados, y no la diversidad cultural prefabricada al estilo americano de yo machin y tu jotin, y por ello no requieren de una búsqueda de espiritualidad para llenar algún vacío que lleven dentro?

Como sea,  aun con todo y sus 6 millones de budistas, América del Norte no está a salvo del ataque que lanzó recientemente Corea de Norte en calidad de ”Alerta Nuclear”… y qué decir que Corea del Norte tiene predominancia de religión budista desde hace miles de año. Qué cosas.

Y ésta es la segunda parte de la historia, los agachados y los que ven por encima de los hombros, pues el pueblo budista de Corea difícilmente podría llenar de buen karma y abrir los shakras de sus líderes rojos, estos que por lo que se ve quieren dejar el nirvana para varias miles de vidas a futuro.

Qué cosas, ni la magnanimidad de Budha logra detener la retorcida mente de la diversidad humana. Ahí está por decir un ejemplo: su par de estatuitas de Bāmiyān, que a pesar de sus 55 metros de alto, no lograron resistir los bombazos que les ordenó lanzar el régimen Talibán en el 2001, y qué decir de que los talibanes también se traen entre ojos a EEUU por ser una cuna de libertinaje y mal vivencia.

Pues ya, el detalle aquí está en que mientras nos centrábamos en ver un poco de lo actualmente budizado, se nos murió Pablo Diego José Francisco de Paula Juan Nepomuceno María de los Remedios Cipriano de la Santísima Trinidad Ruiz y Picasso a la edad de 91 años. Como dice el dicho: “mientras unos nacen, otros mueren”. 

viernes, 21 de septiembre de 2012

Manos Limpias


por P.I.G.

Seamos lo suficientemente claros para evitar caer en esos posos petulantes que los seres humanos llaman malos entendidos: mi mano me satisface más que tú.

Es obvio que el paquete completo de carne es preferible al calor momentáneo de una autoflagelación sexual, pero dadas las circunstancias en las que nos encontramos tú y yo, en donde de por medio se encuentran el tiempo, el espacio, la desidia, el rencor y la larga lista de posibles razones por las cuales no estamos juntos, he de tener que hacer el amor con mi incondicional extremidad.

Porque, obviamente, no dejaría de hacerlo a diario, como lo he venido haciendo durante los últimos no sé cuántos pinches años, sólo porque no estás aquí, y para ser sincero lejos de mí la idea de salir en busca de alguien más.

Claro, la mano carece de sensibilidad y de sentimientos, patrones indispensables en toda relación humana, cuyo objetivo sea el pleno entendimiento y posible unión de formas de vida, para lo cual, siempre te lo dije y no me canso de repetirlo, no estoy hecho.

Pongámosle nombre: matrimonio; pongámosle adjetivo: pinche. ¿Entendido? Mi mano, a diferencia del grueso de la población femenina (y masculina para que no comiences a formular tus estúpidas ideas de que soy un misógino pervertido) no quiere casarse, no piensa en matrimonio, pero sí piensa, claro que lo hace; tan piensa que sabe cuándo, cómo, dónde, para qué, por qué y bajo qué riesgos.

Qué putañera idea más burda: casarse con alguien con quien ha estado atado y estará por el resto de su vida, so pena de que sea mutilada, lo cual (puta mierda) me privaría para siempre de aquella herramienta que lo mismo sirve para masturbar, que para escribir, que para comer, acariciar, fumar o  exprimir un limón.

Y dado que no tengo razones para ocultar nada, debo confesar que mientras escribo esto, una mano hace lo propio, mientras que la otra, la efectiva, la presente en todo momento cuando se necesita, está realizando aquella labor titánica que no te atreverías siquiera a intentar.

Haciendo uso de las analogías tan detestadas por ti, bien podría creerse que mientras pienso en ti estoy teniendo sexo con otra persona; infidelidad moral, infidelidad física, infidelidad infiel, si gustas, pero ¿en verdad te atreves a compararte con mi mano?

Bien, cuando no corto las uñas o dejo que la mugre se acumule puede tener un aspecto desagradable, pero nadie es perfecto, ni tú cuando pasabas días sin bañarte… Olvidemos eso.

Podría hacer una extensa apología de mi mano y encontrar sobradas técnicas para hacerla sentir la extremidad más deseada de todas cuantas existen en este mundo, pero al buen entendedor pocas palabras: ella sabe cuál es el trato y estoy seguro que jamás se negará a completar la tarea que por ley de la naturaleza le corresponde.

Además tampoco es para tanto, en determinado momento que te pusieras en el jodido plan de mujer ofendida, bastaría con recordarte los interminables favores que le quedaste a deber a mi entrañable amiga, o más específicamente, a los cinco amigos de mi entrañable amiga: los dedos.

Y podría ir más a fondo y decir exactamente qué dedo y exactamente a dónde fue a parar, pero trataré de evitar en todo momento las concepciones gráficas para no parecer un cerdo frente a ti, bueno, lo de frente a ti es una insinuación pendeja y burda considerando lo lejanos que estamos el uno del otro; lo de cerdo… nada me encabronaría más en estos momentos que explicártelo, ¿vale?

Hace algunos ayeres llegó a mi mente, cual ave que se posa sobre una roca sólo para descansar las alas y de inmediato retomar el vuelo, una idea suicida pero interesante, donde desde luego estarían implicados todos los personajes habidos y por haber de esta historia: tú, yo, mi mano, tu trasero, el refrigerador bien abastecido quincenalmente, tu trasero de nuevo, un limón, la pluma, la libreta y el televisor.

Ahora es el momento de agradecer que ese asqueroso pájaro no se haya quedado a descansar por más tiempo en la roca, pues hubiera sido un suicidio el guarecer bajo el mismo techo mano, trasero, refri, pluma, un limón, libreta, televisión, trasero otra vez, tú yo.

Además, te soy sincero, esto me ha servido demasiado a razón de que ahora puedo dividir los hemisferios de mi cuerpo y hacer con la una lo que ya sabes y no pretendo volver a repetir, y con la otra tomar el libro, tomar la pluma, bajar la palanca del baño, apretar los botoncitos del control remoto, destapar una cerveza, cortar una cebolla, rascarme la nuca, taparme la boca al bostezar, lavarme los dientes, darle el chingadazo al niño cualquiera, abrir la puerta, exprimir el limón, tallarme los ojos, subir, bajar la bragueta, tomar un martillo y asesinar a alguien en casos sumamente extremos.

¿Ves cuán independientemente puedo ser, incluso de tu persona y de tu trasero y de tu modus vivendi y de ese sexo que parecía más un interrogatorio al desnudo, ya que en todo momento no dejabas de hacer preguntas sin la más mínima importancia? Pues heme aquí tan independiente como mis manos me lo permiten.

¡Ah cierto! Mi mano no habla… por ahí deberíamos empezar.

En fin, si al leer esto aún piensas que no te amo, pues bien por ti, jamás estarás más cerca de la realidad, porque no te amo y no pretendo amarte, y bajo una terapia de esta envergadura no busco otra cosa más allá que liberar esa tensión acumulada en la otra mano.

Pero que no te ame tampoco significa que te odie, y por ello, para calmar tus seguramente a estas alturas alebrestados ánimos, me tomaré la molestia de darte un consejo: escribir es un bello pasatiempo… ja ja ja eso es todo.
No soy bueno para ello, pero lo que sí es que siempre deberías procurar aplicar y llevar a cabo concienzudamente y muy a menudo ese proverbio callejero que reza: “Siempre mantén las manos ocupadas”.

Yo, de eso estoy seguro y a la mierda quien piense lo contrario, parece que lo hago muy bien; ambas manos trabajando en diferentes labores: la una escribiendo, deleitándose con el movimiento sexy de la pluma que deja huella en la blancura virgen del papel, y la otra, la experta, en el vaivén de ese lindo baile llamado masturbación.

lunes, 2 de abril de 2012

Holy Shit


por P.I.G.

Al diablo con lo que digan, si hay alguien en este mundo que sabe lo que es vivir cerca de la mierda ése soy yo. ¿Por qué? Sencillo: trabajo como limpiador de escusados públicos. ¿Recuerdan esas cajitas largas y azules, donde la gente entra a despedirse de una buena parte de su almuerzo (el resto, dicen, se convierte en proteínas para el cuerpo y éste las absorbe para crecer sano y fuerte) y encima lanzan toda clase de objetos como papel, condones (nuevos o usados), colillas de cigarrillo, vómito, relojes, celulares, lencería, etcétera? Pues es nada más ni nada menos que mi lugar de trabajo. Y (chingue a su madre el que no lo crea) adoro Mi Trabajo.

Una labor difícil digo yo, una labor un tanto excéntrica dicen algunos. Ja, de excéntrica no tiene nada, en todo caso es una labor funesta, asquerosa, vulgar y nefasta; eso sí, muy bien remunerada, pero excéntrica jamás.

No entiendo por qué se quejan quienes limpian letrinas en las fábricas (trabajadores de segunda clase para mí, desde luego). A no ser que su salario dependa directamente de la cantidad de mierda que remueven y dado su repudio por la misma, en suma no pueden ganar más de tres mil grandes al mes.

En cambio yo, un experto para esa clase de pruebas, gano lo que cualquier ejecutivo de mucha monta. Ambos tenemos a la mierda como nuestra fuente de trabajo, sólo que él se viste con traje y corbata y yo tengo que usar trajes especiales para evitar infecciones (no saben la clase de porquerías que puede desechar un ser humano por el trasero) o simplemente para no ensuciarme. Vamos, uno puede permitirse ensuciarse con su propia caca, pero ¿con la de los demás?

Mi oficina es el cuadro azul desde donde he visto pasar a muchas celebridades. A final de cuentas todos cagamos, unos en mayor o menor cantidad, pero cagamos a final de cuentas. Un día vi cagar en esas cajas nada más ni nada menos que al mismísimo presidente de este país y, ¡oh!, como quien dice, el presidente de este país es una caca grande.

En otro orden de ideas, no se imaginan la pulcritud del sanitario de Mi Casa (que no es Su Casa, pues ustedes no la construyeron). Elegante, refinado, blanco, limpio. En esa clase de baños es donde uno puede sentarse con plena libertad de hacer su labor con la seguridad de que el resultado será un detalle de buen gusto. Y claro, para cagar también hay que tener buen gusto y eso viene desde la alimentación hasta la forma de hacer de la mano y el papel higiénico una sola y gran herramienta.

¿Cómo empecé en esto? Sencillo: defecando. Uno no puede ser literato y no escribir, ¿o sí? Es igual, para saberse dentro de este fascinante mundo de las flatulencias y las mierdas monumentales es indispensable saber cagar. No es tan fácil como parece, pero en verdad no tengo el más mínimo interés en explicárselos a todos ustedes. Encuentren la forma y luego hablamos de ello. El punto es que es cuasi extremadamente indispensable saber cagar.

Mi primer oficio fue en un restaurante-fonda, nada muy fuerte. Comensales que comen y descomen de inmediato, transeúntes que pasaban por ahí y por alguna maldita razón se les ocurría pasar al baño a defecar; el propio personal que debe cumplir con sus necesidad fisionómicas. ¿Quejas? Los malditos aros de cebolla que invariablemente producían diarrea a todo mundo.

“Ayudante de Intendencia”, se leía en mi gafete. ¿Un artista de intendente? Porque por supuesto que soy artista, mi carrera lo afirma por sí sola. Sin denostar a aquellos que se dedican a tan noble oficio (el de la intendencia, no el del artisteismo), mi deseo no era limpiar polvo y cochambre, tenía que limpiar el baño, ese lugar maravilloso, después de la cama el más sagrado del hogar y en definitiva el más sagrado de los lugares públicos.

Como podrán darse cuenta, me gusta mi trabajo. Aunque no es lo más sano andar por ahí difundiendo la noticia de que su servidor es un limpiamierda, he de reconocer que me ha hecho mejor persona. ¿Otra vez, por qué? Sencillo: la mierda está en todos lados, no sólo en las letrinas. Y una vez que te has familiarizado con ella es más fácil sobrellevar a los sacerdotes, a los políticos, a los delincuentes, a algunos miembros de la familia ja ja ja, en fin.

Alguien me decía que la vida es una mierda. Acto seguido me cagué (en sentido figurado) de la risa. La vida es un conjunto de mierdas, que no es lo mismo. El mundo es un conjunto de mierdas (nosotros), así como el abecedario es un conjunto de mierdas (las letras) que crean una serie de mierdas (las frases) y dan vida a una mierda mayor (un libro, un texto, una tesis, La Biblia) que crea algún mierda de por ahí (yo, tú, él, nosotros, ustedes, ellos).

Después de que abandoné el restaurante-fonda (entre otras cosas porque me enteré que el chef bastardo escupía en las papas a la francesa antes de sacar el plato al salón), tuve la brillante idea de buscar suerte en las industrias. Nada peor que los obreros de las industrias: ellos sí tienen la maldad por dentro.

Fue en ese lugar donde supe que los limpiadores de caca no hacían bien su trabajo. Total, les pagan, hagan o no bien su labor. Sólo se dedicaban a bajar la palanca y esperar a que el agua hiciera el resto. Qué denigrante, qué ofensa para el gremio de limpiamierdistas.

Tengo contacto con la mierda, sí, pero también tengo dignidad. No podía permitirme un solo día más en ese lugar, no cuando vivía rodeado de hombres cuya vulgaridad no se encontraba tanto en su lenguaje, como en la cantidad (y forma y talla) de su evacuación. Brutal, una experiencia que no sé por qué diablos estoy intentando describir.

Como creo que estoy aburriéndolos y dado que la mierda no es su tema predilecto, omitiré ciertos detalles que además no les interesan en lo más mínimo y sólo me limitaré a contarles las cosas trascendentales, que en el mundo de la caca son muchas y muy importantes.

Trabajé en los escusados de oficinas, iglesias, panteones, hospitales (hug), bares, puteros, centros de redacción, escuelas, bibliotecas, funerarias, reclusorios, aeropuertos, estaciones camioneras, supermercados (hug también), registros civiles, sinagogas, etc., etc., etc.

Y créanme, he visto toda clase de porquerías que ni se imaginan. ¿Sabían que hubo un tiempo que las iglesias prohibieron la construcción de sanitarios cerca de la parroquia quesque porque significaba “una ofensa para el Creador”? Ahora resulta que cagar también lo ofende. Peor aún, ¿sabían que los judíos son avaros hasta con su propia caca? No cagan nunca y si sí lo hacen en mínimas cantidades. Eso sí es extravagancia.

Como toda ave viajera (y más de rapiña que de otra cosa), me dediqué a ir de un lugar a otro, haciendo diferenciación entre las cacas del norte y las del sur, contemplando verdaderas obras de arte y verdaderas ofensas a los que sabemos de esto; hurgando, observando, dibujando. Oliendo nunca, no soy un imbécil. En fin, buscando esa parte metafísica del acto de la defecación (ríanse si quieren, me importa una “mierda”).

Toda esa trayectoria llena de momentos agradables hasta que me topé con esos bloques azules, cuya figura siempre me pareció tan celestial como el atrio donde posa Dios para observar cómo los seres humanos se van haciendo mierda (en sentido literario) los unos a los otros.

El que ha estado ahí sabrá a lo que me refiero. Si sales vivo, el mundo es tuyo. Y por eso es que acepté el reto, porque quería una prueba de fuego, una verdadera, ya que sabía que nada es comparable con la cantidad de sustancias nocivas y no que se pueden encontrar ahí.

Si dicen que el periodismo es una de las labores más peligrosas y difíciles de ejercer en este mundo, al igual que el trabajo de las armas o el de cuidar mujeres embarazadas, el limpiamierdismo lo es todavía más. Pero claro, no hay Día Internacional del Limpiamierdista, no hay campañas a favor de la no discriminación o de la defensa por los derechos de los limpiamierdistas. No, éste es un mundo excluyente; desconocen o desdeñan la labor humana que realizamos.

En fin, la melancolía la dejamos para otra ocasión.

En suma, puedo presumir que soy un hombre realizado. Aquel que ha visto la mierda de cerca, lo ha visto todo y todo es todo. He conocido a las personas muy a través de su popo, siguiendo esa regla de tres que dice que lo que importa de las personas es lo que está en su interior. Mierda: vieja demostración del interior de una persona, luego entonces conozco a las personas.

Creo que nadie puede jactarse de lo que yo he hecho a lo largo de mi vida. No cualquiera puede llegar hasta donde yo sin haber al menos sacrificado espacio, tiempo, apetito, deseos sexuales, briaguez, sentimientos enfermizos y toda una serie de conceptos que hacen la vida del ser humano.

Así es que la próxima vez que vayas a cagar a un baño público, a esas cápsulas azules en cuyo interior puede verse pasar la vida en un segundo, no maldigas tu situación, no sabes cuántos hay allá afuera no tienen la suerte que tú de encontrar un lugar correcto dónde orinar o defecar. Corres con suerte, papanatas.

Pero ¡oh cuidado! Personas como yo podemos ser muy peligrosas, más aún que un asesino en serie o que un narcotraficante. Si nos jodes, te jodemos la vida. ¿Cómo? O vertimos ácido altamente tóxico en las aguas del retrete, o esparcimos polvo tetrahidocloromosfórico en el asiento. Al cagar, tus nalguitas sufrirán una pequeña comezón que pronto terminará por desprender tu trasero del resto de tu cuerpo. ¿Así o más gráfico?

Así que estás advertido.

Por cierto, dicen que en el interior de esas cajitas azules hay vida. Un día encontré a una pareja teniendo sexo de lo más nefasto ahí dentro y después me enteré que la chica había quedado embarazada. Eso es vida. Existe la teoría de que la mezcla de papel, condones (nuevos o usados), colillas de cigarrillo, vómito, relojes, celulares, lencería, etcétera y caca puede generar moléculas que con el tiempo pueden convertirse en personas de carne y hueso.

Ja, suena ridículo y tonto. En todo caso conozco a muchos hombres y mujeres que por su simple persona juraría que han salido de un retrete público, pero uno muy, muy público.

En resumidas cuentas: la próxima vez que mandes a la mierda el mundo piénsalo dos veces. ¿Por qué no mejor mandas la mierda al mundo?

viernes, 3 de febrero de 2012

Bella inocencia


Por: Israel Martínez Angulo

Corrió a toda velocidad el joven de tan sólo 6 años. En su mente había sueños e ilusiones, colores tan vívidos como el paraíso plasmado por algún pintor surrealista. El pequeño dejó de correr cuando se dio cuenta que podía mejor caminar y observar. De un momento a otro, él sólo postraba su atención a aquel mundo real, el cual difería totalmente de los grandes y hermosos monumentos coloridos que su mente en algún momento habían delirado, al borde de no prestarle atención al ahora tan tangible mundo que se presentaba frente a él. 

Personas caminando, hablando, algunos encerrados en una burbuja la cual no permitía tener algún tipo de conexión con nadie, malhumorados, desconectados de ese mundo lleno de materia gris. Cientos, miles, millones de personas alrededor de aquel joven el cual comenzaba a apreciar el mundo de los intereses, el mundo de lo real, de aquél lugar donde es imprescindible tener un conocimiento magnánimo de la manipulación, de la estrategia, de toda aquella técnica en la cual uno termine ganando algo más que sabiduría, "De que carajos sirve la sabiduría de aquel viejo si ahora lo tratan como un niño" dijo un señor muy alto, robusto y  barbado; acompañado de ostentosos equipos tecnológicos; cadenas sutiles pero costosas y un reloj el cual, si fuera valuado por un relojero cualquier , no le quedaría más que dar un costo neto en dólares. De aquel comentario del señor adinerado el pequeño pensó para si mismo "es triste que lo traten como un niño, pero es más triste que tú te comportes como un sabio el cual sólo cree en su propia y risible sabiduría" pensó reflexivamente.

Cada día que pasaba, parecía que aquel mundo utópico que el pequeño soñaba, comenzaba a caer un poco más, miles de historias, miles de acontecimientos, algunos comenzaron a ser más bellos que los anhelados sueños, no en colores ni fantasía pero sí en sentimiento. El simple amanecer que da un día más de vida comenzó a mostrar una belleza inimaginable, la sonrisa de los niños eran como goteros de inocencia, el correr de los demás niños eran sin duda explosiones de jovialidad, el beso tibio era la recompensa más grande que ofrecía el motín.

Así cuando el niño decidió correr de nueva cuenta se percató que su cuerpo ya no funcionaba de igual forma, sus piernas eran débiles y torpes, incapaces de mantener el ritmo que desearía tener cualquier atleta de alto rendimiento, su estatura parecía haber disminuido considerablemente, su cabeza aparentaba ser el reflejo fiel de aquel color blancuzco que la nieve tiene al cubrir la tierra, su piel ya no contaba con aquella firmeza que algún día fue motivo de presunción, entonces aquel niño pudo darse cuenta que había llegado el momento de dejar de correr, esta vez era el momento de descansar, soñar y contar toda una vida llena de sabiduría, de aquella que empapa de conocimientos fieles a la esencia de un hombre y no a toda aquella materia gris que algunos dicen ser un tesoro.


 Algunos dicen que la inocencia es bien vista sólo en niños, yo digo que no...