Julio Cortázar - Cuentos Ciudad Seva

"No renuncio a nada, simplemente hago lo que puedo para que las cosas me renuncien a mi."

Cuentos de H.P. Lovecraft - Ciudad Seva.

"The oldest and strongest emotion of mankind is fear, and the oldest and strongest kind of fear is fear of the unknown."

Jack Kerouac - Página oficial

"I saw that my life was a vast glowing empty page and I could do anything I wanted."

H. S. Thompson - The Great Thomspon Hunt

"We were somewhere around Barstow on the edge of the desert when the drugs began to take hold."

Fernando Pessoa

"Não sou nada. Nunca serei nada, não posso querer ser nada. À parte isso, tenho em mim todos os sonhos do mundo."

Edgar Allan Poe - Cuentos Ciudad Seva

"They who dream by day are cognizant of many things which escape those who dream only by night."

José Saramago - Fundación J.S.

"Dentro de nós há uma coisa que não tem nome, essa coisa somos nós"

Javier Marías - Postales Regiones Inferiores.

"Los amores pasados siempre ofenden a los amantes nuevos, por muy muertos que estén aquellos."

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viernes, 28 de marzo de 2014

De lo mismo ¡Feliz 8 de marzo Lucia!

Cariño mío,

En esta noche llena de nubes que impiden ver lo hermosa y brillante que se ve la luna, te extraño más que nunca. Es momento de decirte un secreto: mejor compañero no pude haber encontrado; eres un ser tan sincero, lleno de entusiasmo y amor.

El hecho de sólo escuchar tu voz por teléfono me motiva para hacer mejor las cosas, para aguantar la soledad que se siente en estas cuatro paredes verdes en las que cada noche recuerdo con mucho amor tu lindo rostro y tu bella sonrisa. Aquí sola en este cuarto se vuelve más clara la imagen de los dos acostados, abrazándonos, haciéndonos el amor, besándonos, en nuestro pequeño y acogible nido de amor.

Escribía Lucía a Horacio mientras se encontraba haciendo etnografía al sur del país. Una pareja agradable que se decía alternativa y open mind; apenas llevaban seis meses de compartir vidas juntos y su amor era color de rosa, sabor a miel. Pero todo ese amor libre, diferente y alternativo comenzó a transformarse pasado un año en enojos, gritos, celos, burlas e indiferencia. Una noche cálida del mes de abril, Lucía regresaba a casa junto a su amado que quería sólo y exclusivamente para ella. Horacio molesto por el retraso de la llegada de Lucy, le dijo

-¿Dónde has estado? llevo seis horas esperando tu regreso. He tomado una botella de whisky, mientras la puta de mi “compañera” quién sabe dónde y con quién ha estado.

-Vamos Horacio no de nuevo, estoy cansada. Todo mi regreso se retrasó desde que salí de la comunidad hasta el aeropuerto, donde esperé cuatro horas para regresar. Así que lo único que quiero es descansar, claro, si me lo permites ¿Me lo permites?

Trató de explicar con tono sarcástico Lucía a su amado. Mientras se quitaba la mochila, se sentaba para liarse un porro y comenzaba a prepararse para tomar una ducha. En ese instante Horacio hacía el comentario –Vi a Quetzal (su ex pareja), está guapísima, como siempre. Ahora que me lo cuestiono ¿no sé por qué terminé con ella?-.

-Vamos corre tras de ella, sabes que no te lo voy a impedir ¿Quieres que te preste para el pasaje? Porque seguro tu beca familiar ya se acabó. Por cierto querido, cuándo vas a empezar a trabajar, llevamos un año y ningún trabajo te agrada. Está bien que construyamos una relación diferente, pero eso no quiere decir que se tienen que invertir los roles y te tengo que mantener, cabrón!-, le respondió Lucía cada vez más enojada. Se fue al baño, prendió una vela y comenzó a pensar por qué esa relación que en lugar de satisfacerla como persona, pareja y mujer la estaba destrozando ¿Por qué no separarse? Porque Lucy también creía que a pesar de todo el daño que juntos se hacían, lejos de Horacio no podía estar. En cierta medida él era el único que la acompañaba cuando más sola se encontraba, cuando las depresiones de la vida la consumían.

Terminó su baño de reflexión y Horacio que yacía ebrio en la cama, leyendo un libro sólo la miraba hasta quedarse dormido. Lucía tomó un cigarrillo, lo encendió y lo iba consumiendo despacio mientras miraba la luna desde su balcón. Sentada a orilla de éste, sintió que era hora de marcharse. Que aunque Horacio estuviera a la disposición de ella todo el día, todos los días, en realidad no quería eso. Removida por sus sentimientos y pensares Lucía se mensajeaba con uno de sus mejores amigos llamado Luis, para contarle la decisión y decirle que mañana pasase a las siete de la noche. Que estaba lista para decir adiós. Luis sólo le escribió

-Nadie está seguro de las decisiones que se toman en la vida, te la tienes que jugar y apostar. Si haz decidido que quieres dejar a Horacio, no hay problema, sabes por que te alejas. Sólo espero que estés firme con esa decisión y no regreses con quien tanto mal te está haciendo, querida amiga-.
Antes de responderle ese mensaje, Horacio estaba parado a lado de ella. Mirándola como nunca en ese año Lucía había sentido.

-Ahora con quién te mensajeas, pinche puta-. Le arrebató el celular, lo revisó y le dijo –Sí claro, es el pendejo de tu “amigo” Luis, cuándo se van a ver para coger-. Lucy estupefacta se quedó porque a pesar de gritos e insultos, agresiones físicas en su relación nunca se habían hecho ver. Y no quería que ocurrieran. Varias de sus amigas agredidas físicamente por sus parejas ya le habían hecho saber el dolor en el alma que esos golpes se sienten. Sólo se quedó callada, sentada en el balcón, recibía en su cara todo lo que a Horacio se le ocurría arrojar, ropa, botellas de perfume, cosméticos. Durante esto, Horacio con ojos de loco, la tomó por ambos brazos, la agitó estrepitosamente y la echó a la cama. Los vecinos ya habían escuchado todo aquel acto, tocaron a la puerta para saber si todo estaba bien. Salió Horacio y les dijo –Todo está bien, no se metan en lo que no les importa-. Lucía ya no quería que aquello se agrandara y no opuso resistencia a las agresiones y mucho menos dijo nada. Sólo pidió auxilio cuando Horacio arranco la manguera del gas y estaba por prenderse un cigarrillo. De inmediato la vecina de al lado, quien tenía buena amistad con Horacio, subió al departamento de la pareja, cerró la llave del gas y trató de calmar a Horacio. Lo recostó en la cama y se quedó abrazando a Lucia hasta que él durmiera. Dany le decía a Lucía que si quería se podía quedar con ella en su departamento esa noche, que nunca en la vida había visto que Horacio se portase agresivo, casi disculpándose Dany por los actos de su amigo. Lucy le dijo -mañana me voy, no te preocupes por mí, hoy empaco mis cosas-. Dany no muy convencida de que se quedara sola con su amigo, le dijo –cualquier cosa, me vuelves a llamar. Sea la hora que sea-.

Comenzó a empacar sus pocas pertenencias, muchas de ellas de la calle las fue a recoger. Lloró diferente, nunca en la vida nadie ni hombre ni mujer la había tratado de esa forma. Nunca en su rostro, brazos y piernas había tenido golpes por odio y enojo hacia su persona. Tomó una frazada y se quedó dormida en el sofá. A la mañana siguiente Horacio fue el primero en despertarse y ver el caos de aquel pequeño nido de amor. Despertó a Lucy desconcertado y al ver aquel golpe en su rostro, la abrazó y se puso a llorar. Le dijo –Qué pasó nena, qué hice… ¡Perdóname!-. Lucía lloraba y le decía –me voy, cómo espere tanto. Debí evitar que esto pasara mandándote a la chingada-. Horacio se justificaba en la “enfermedad” que en su cabeza tenía y en la cual Lucía nunca comprendió porque no tenía nombre, sólo veía a Horacio todo el tiempo con medicamento y en psicólogos. Horacio le propuso que no le dijera a su madre y padre de lo ocurrido hasta que hablasen con los suyos primeros. Fueron a la casa de la madre y el padre de Horacio y sólo se encontraba ella, la vio y se quedó boquiabierta cuando miro la cara de Lucía, quien le dijo –Voy a estar en la habitación de Horacio, necesitan hablar-. Hablaron un largo tiempo y Lucía aún dudaba en decirle a sus padres, no quería causarles lástima, aunque en realidad a lo que tenía miedo era a su reacción – Y si me dicen, es tu problema, me lo merezco, todas las parejas pasan por lo mismo. No lo voy a soportar, no viniendo de ellos. Voy a esperar a ver qué dice la mamá de Horacio, además ella es feminista una mujer estudiada y de mundo. Esperaré su opinión.- Se decía Lucy. Entró a la habitación Horacio con su rostro tranquilo y le dijo a Lucía -hablé con mamá y dice que me va a ayudar, me va a pagar el psicólogo, incluso dijo que si tu querías ir también te lo paga. Ven hermosa, vamos a almorzar con ella. Te amo, tanto-.

Con cara de asombro y frustración se quedó Lucy. Vaya consejo de una mujer que tanto admiraba. Se decía mientras bajaba con su cuerpo golpeado a almorzar –Esto no puede estar pasando, cómo escapo, a dónde voy ¿Un psicólogo? Qué les pasa-. Un nudo en la garganta se le hacía a Lucy, mientras ellos dos la trataban mejor que nunca, pero eso a Lucía no le importaba, sólo podía recordar lo que Horacio le dijo en su habitación. Sin más, esa noche por un momento Lucía se quedó con su suegra feminista y ella le dijo –Nena, lo único que necesitas para estar bien con mi hijo es no alterarlo. Él te ama, entiéndelo por favor. Todos te queremos y los vamos a apoyar, no se preocupen. Te sugiero que mejor no le digas a tus padres y traten de arreglar esto como pareja-.

Pobre Lucy, aun con todo lo que acababa de escuchar se despidió amablemente de su suegra. Sin dudarlo habló por teléfono con su madre. Mujer sin estudios y guerrera de la vida, escuchaba con detenimiento a su hija mientras por su rostro brotaban lágrimas. Cuando Lucía terminó de contarle todo a su querida madre, ella le dijo –Mi niña hermosa, ahorita mismo le hablo a tu padre y vamos por ti, pero tienes que saber que a ese hijo de la chingada tu papá primero le va a dar su merecido y después lo vamos a refundir en la cárcel-, -No mami, más problemas y violencia no quiero. Ahorita mismo llego a la casa-. La madre de Lucía esperó un momento, volvió a marcarle y ya estaba en el camión que la llevaba a casa, a la paz y tranquilidad que desde hace seis meses no sentía.

En la familia de Lucía el tema no se volvió a tocar. Ella dijo que no quería recordar en absoluto aquel mal momento de su vida. La familia de Horacio odió a Lucía por “abandonarlo” cuando él más la necesitaba. Pareja diferente y alternativa era lo que esas dos personas eran. Golpes, burlas e indiferencia el pan de cada día durante seis meses lo que ambos vivían.

Un ocho de marzo recuerda bien Lucy, fue el día que al psicólogo la que querían enviar por haber alterado la tranquilidad de su pareja, el día que decidió regresar a casa de sus padres, sólo por un momento en lo que decidía a dónde volar. Y en el trayecto de la casa de los padres de Horacio a la de sus padres, en el camión, un joven que repartía rosas a las mujeres, se acercaba a ella y le decía:

-Cómo te llamas.

-Lucy…

-¡Feliz, 8 de marzo Lucy. Feliz día de la mujer!


La Mire.

jueves, 27 de febrero de 2014

Chafiretes y extorsiones en su lugar de trabajo.

“Mejor yo me echo una chela y chance enchufo una chava, chambeando de chafirete me sobra chupe y pachanga (…)” Hacían un cover de Jaime López los tacvbos en 1996, haciendo alusión a la vida de los choferes, prestadores del transporte público, ruleteros y/o chafiretes como dicen ellos. Quienes parecen llevar una vida tranquila y de pachanga como se dice en “La chilanga banda” y en efecto, muchas de las veces es un trabajo tranquilo, no tiene horarios establecidos, entre la espera de salida de las rutas, se echa la cascarita, el frontón, la cábula, el sueño o la comedera. Algunxs de los que manejan rutas –combis, micros, taxis- son dueñxs de las unidades, algunos más las dan a trabajar pidiendo una cuenta que varía según las rutas. La que va de la comercial de Santa Marta Acatitla al Bordo de Xochiaca, más o menos se pide de cuenta entre 400 o 450 pesos. Lo demás que se haga el chofer lo reparte entre el gasto familiar y la gasolina del vehículo.

Hasta aquí son dos las quejas más comunes entre los ruleteros; la primera es que con la construcción del Mexibús muchas de las rutas que transitaban por donde ahora ésta corre, fueron removidas sin reubicación alguna por parte del Estado de México, haciendo que los mismos choferes llegaran a ocupar o crear nuevas rutas que afectaron a su vez a las ya establecidas. En pocas palabras, comenzó a existir una sobredemanda del transporte público en rutas tan cortas. La solución en concreto que hicieron los choferes de la ruta 64 fue no trabajar todas el fin de semana, la mitad de ellas descansa un sábado y la otra mitad otro sábado. La segunda queja es que aún con soluciones y todo, la cuota a pagar a los dueñxs de las rutas es un poco elevada dado el contexto en el que se encuentran. Como muchos saben, el pasaje en el Estado de México es elevado, el mínimo es de $7.00, mientras que en el D.F. es de $3.50 o $4.00. El problema de esta ruta es que sale del D.F. pero llega al Estado de México, sólo es un pequeño tramo que corren pero como ellos dicen “cómo les vamos a cobrar a unos una tarifa y otra a otros”, aunado a esto, compiten con otra ruta que está más cerca del metro Santa Marta y a pesar de que corre la misma ruta que la 64, su tarifa es de $4.00 pesos. Problemas de la cotidianidad que se arreglan en las juntas de lxs dueños de las rutas o entre acuerdos inmediatos de los choferes.

El mayor problema que no saben –por más juntas que se han hecho- como tratar, es el de las extorsiones. Hace cinco años –según recuerda una mujer, aunque hay registro por internet de la primera denuncia en 2001- llegó un grupo de jóvenes -3 o 4- a las oficinas de esta ruta, pidiendo su respectiva cooperación a la delincuencia. La justificación fue que ellos podían asegurar la seguridad de las mismas -¿Antes de ellos había inseguridad en la ruta?-, con miedo de que algo pasara accedieron todos lxs dueñxs a pagarla: $500.00 pesos por unidad cada tres meses. Las oficinas de la ruta 64 coordinan 3 rutas, la que les comento y una que va del metro Santa Marta al Bordo de Xochiaca y la que va del Valle de los Reyes al Bordo.  

Al principio todo seguía como antes de que “las ratas” llegaran. Amablemente llegaban a las rutas a decirles a los choferes “ya mero les toca pagar” –imaginense la impotencia de no hacer nada de más de 10 hombres ante tal descaro-. Poco a poco creció la organización, mejoraron su modus operandi, hasta hacer que todos pagaran. Chamacos inexpertos que buscaron una salida “fácil” a la mierda laboral que tenemos en el país: extorsionar a la gente trabajadora. No todos pagaban y con justa razón, además de pagar impuestos, luz, agua y gas entre los gastos que se deben tomar en cuenta en la economía familiar es pagarle a éstos.

Para mejorar la calidad de sus servicios “las ratas” que viven en las unidades que se encuentran saliendo del metro Santa Marta o palomares como otros lo conocen, hicieron logotipos circulares con el número de cada unidad, conforme pagaran al presidente de la ruta –que en un principio era extorsionado y ahora parece ser que pasá a ser de manera implícita extorsionador-, éste le iba dando su logo para que lo pegaran en un lugar visible. Con el simple motivo de que no fueran balaceadas o secuestradas sus unidades.

Una tarde cualquiera de hace dos años uno de los choferes se encontraba con su pareja arriba de la unidad mientras esperaban su turno de salir. El hombre bajó un rato, mientras la mujer dormía. A los minutos se acercó un hombre y sacó una pistola comenzando a disparar a la unidad que no había cubierto el pago. Entre gritos y todo, el hombre dijo “arriba está mi esposa”. Dejaron de disparar y espantados los chamacos se fueron, rompieron el trato “sin querer” que tenían con lxs trabadorxs de la ruta. Entre llanto, impotencia y desconcierto la mujer falleció por unos chamacos quienes no tenían la intención de matarla –según ellos-, simplemente no vieron que había alguien a bordo. Esperaron a que el hombre bajara para disparar y nadie saliera herido.

Se hicieron juntas a raíz de la muerte de la mujer, para agarrarse los huevos y ya no pagarles ¿por qué? Si el trato se rompió, mataron a una persona inocente y ajena –en cierta medida- a los desmadres de la oficina de la ruta 64. Muchos dijeron sí, otros no y entre tanto las “ratas” desaparecieron. Sin embargo, no tardaron demasiado –seguro entraron en crisis económica- y ahí van de vuelta a cobrar. Dueñxs y choferes en juntas decían que ya denunciaran, que los mandaran a la chingada si ya habían matado a alguien. Pero como antes mencioné parecer ser que el presidente de las oficinas de la ruta, también forma parte de los acuerdos entre extorsionadores.

Es una cotidianidad que persiste y que tristemente ha ido creciendo. Recuerdo hace dos años bajar al paradero del metro Pantitlán acompañada de un compañero que desconocía el rollo de las extorsiones en el transporte público y lo que a él le llamó la atención fue ver el atascadero de publicidad de Peña Nieto en todas las unidades. Hizo el comentario “Aquí todxs son priístas” y le dije “No, en todas las oficinas de rutas de transporte se les “obsequió” propaganda del copetudo y a fuerza la tienen que traer”. Pero a mí, me llamó la atención la cantidad de logos que se veían en un paradero tan grande, recuerden que les comenté que para agilizar los pagos se les otorga a las rutas logotipos para que los den a cada chofer, cuando pagan la cuota de su unidad.

“Las ratas” ampliaron su negocio y ahora son más lxs que forman parte de la cotidianidad de las extorsiones. Pagando a partir del 2014 $1,000.00 pesos por unidad cada tres meses.


La Mire.

viernes, 14 de febrero de 2014

Entre el imaginario y la realidad, la vida en el barrio

Violencia y narcotráfico es para algunos la vida en el barrio, para otros un disfrute cotidiano.  Hace veinte años tranquilidad en cierto sentido es lo que representaba vivir en él. De la primaria a la casa caminabas sin ningún percance, la secundaria y la preparatoria la misma historia. Ningún asalto, descabezado o descuartizada. Sólo uno que otro baboso que te agarraba las nalgas o se masturbaba en uno de los puentes de la avenida Puebla. Un asalto de vez en cuando pero ninguna muerte a causa de él. A menos… que vivieras en los barrios de los barrios, ahí sí sabias: mejor no te acerques. 

Niñas y niños inventando, recreando y siguiendo juegos. La calle, era el espacio de socialización de infantes, jóvenes y adultos. Los más pequeños entre las ferias, el andar en bicicletas, los patines, el bote pateado y stop convivían sin temor de sus madres y padres que los fueran a robar para prostituirlos, explotarlos laboralmente y/o quitarles sus órganos. Jóvenes entre las retas de futbol, los bailes de sonideros, las discotecas se rifaban los golpes y aprendían el bailongo. Temor a que los golpearan sí, pero no a que los mataran los tiras, los narcos, los que te roban o cualquier otro accidente de la cotidianidad. 

Y los adultos… los que ahora son madres, padres, y abuel@s hicieron redes de amistad, compadrazgo y organización vecinal. Sin temor de las extorsiones y/o secuestros exprés.  

La calle es el espacio apropiado por todos –de los delincuentes también–, el centro de la dinámica del barrio. El tianguis, la garnachada, las ferias, los sonideros, los parques, las pulcatas, el campo de futbol, espacios de socialización. El narcotráfico, la política municipal y la violencia han sido los procesos que han modificado la vida en los Reyes, La Paz. Un barrio de la zona metropolitana que como muchos otros viven la inseguridad día a día apropiando y resignificando los espacios a partir de ésta. Disparos de bala, muert@s, robos a casas y civiles, extorsiones y secuestros ya no son motivo de extrañeza, son sucesos a los que la gente ya se “acostumbró”.

Esta columna es la experiencia de un imaginario y realidades de los barrios, pueblos y comunidades de México por los que esta antropóloga ha echado a andar sus pies y ve procesos urbanos que para muchos son cotidianos, como la violencia a escala micro. También se abordarán otros procesos no violentos que definen la vida en él. 

Se dirige sobre todo a aquellas personas de estos lugares, para reflexionar más sobre esta nueva cotidianidad que ha generado el Estado, esta ola de violencia que se exacerbó con Felipe Calderón y se manifiesta de múltiples formas. 

Se abre el espacio a tod@s aquellos que quieran compartirnos los rituales de su cotidianidad.


 La Mire.