Julio Cortázar - Cuentos Ciudad Seva

"No renuncio a nada, simplemente hago lo que puedo para que las cosas me renuncien a mi."

Cuentos de H.P. Lovecraft - Ciudad Seva.

"The oldest and strongest emotion of mankind is fear, and the oldest and strongest kind of fear is fear of the unknown."

Jack Kerouac - Página oficial

"I saw that my life was a vast glowing empty page and I could do anything I wanted."

H. S. Thompson - The Great Thomspon Hunt

"We were somewhere around Barstow on the edge of the desert when the drugs began to take hold."

Fernando Pessoa

"Não sou nada. Nunca serei nada, não posso querer ser nada. À parte isso, tenho em mim todos os sonhos do mundo."

Edgar Allan Poe - Cuentos Ciudad Seva

"They who dream by day are cognizant of many things which escape those who dream only by night."

José Saramago - Fundación J.S.

"Dentro de nós há uma coisa que não tem nome, essa coisa somos nós"

Javier Marías - Postales Regiones Inferiores.

"Los amores pasados siempre ofenden a los amantes nuevos, por muy muertos que estén aquellos."

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lunes, 21 de octubre de 2013

Nos caga que nos cague

por P.I.G.

Nos caga que algún funcionario en alguna oficina de alguna instancia gubernamental nos pida dinero para saltarnos los lugares de la fila y realizar antes que todos los trámites correspondientes; nos caga la corrupción, pero no nos gusta formarnos.

Nos indigna que una mujer y su niño en brazos mueran atropellados por un asqueroso inconsciente detrás del volante, pero más de una vez hemos salido de una fiesta ebrios hasta el recto y nos hemos cruzado los semáforos rojos porque nos parece un claro ejercicio de rebeldía.

Nos perturba que ese hijo de vecino no le ceda el asiento a una mujer en el transporte, pero el día que nosotros somos ese hijo de vecino que tiene el privilegio de ir sentado, pensamos: “Total, no está tan grande, puede ir parada y no creo que vaya muy lejos”. Ja, nos caga la discriminación, pero peyorativamente usamos el término “hijo de vecino” con ese sujeto que va sentado.

Odiamos que los políticos desfalquen y roben a sus anchas, pero si se presenta el caso no diremos nada al señor de la tiendita que nos ha dado cambio de más. Robamos a nuestra manera, y eso ya nos hace cómplices.

Nos cagan los legisladores que duermen sin descaro en sus curules, pero “la semana laboral debería durar sólo tres días”.

Odiamos el machismo, pero “que no vayan viejas a la fiesta, que vaya puro cabrón para que se ponga mejor el asunto”. Odiamos el feminismo, pero “pinches hombres”, cuando un pinche hombre y una pinche mujer es también un pinche papá y una pinche mamá.

Nos encabronamos con los “pinches encapuchados” que pintan y dan mala imagen a la ciudad, pero si ya no hay remedio orinamos en los parques y muy a menudo tiramos basura; al fin sólo es una colilla de cigarro.

Nos caga la propiedad privada de los poderosos, pero que no se atrevan a ensuciar “mi auto”, que no peguen estampitas en “mi casa”, que nadie venga y coma en “mi mesa” o que ni se les ocurra tomar prestado “mi celular”, porque eso es mío y sólo yo puedo hacer uso de ello.

Nos caga la forma cruel y despiadada como matan a los cerdos, pero esos tacos seguramente te hacen olvidar que ya eres parte del círculo de la tortura.

Nos caga la apatía de los futboleros y sus dos horas de alienación, pero las ocho horas de embrutecimiento etílico nos parecen razonablemente aceptables.

Odiamos la hipocresía y el fanatismo de las iglesias, y por eso hay que quemar iglesias y crucificar cristianos, eso no es ni hipócrita, ni fanático. “Qué bueno que hayan crucificado a Cristo”, pero qué pinche indignación por la manera en que crucificaron inocentes durante las purgas soviéticas.

Me cabrea el racismo en todas sus manifestaciones, pero “ese indio apesta a campo y esos pinches blancos hijos de papi deberían largarse del país”.

Me caga la xenofobia, “pero pinche Laura Bozzo, que se regrese a su país, aquí no la queremos”.

Al diablo con las trasnacionales, “pero la cerveza sale más barata en Walmart”.

Odio a los burgueses, pero “si tuviera su dinero ya me hubiera largado de este país y terminaría mis días viajando alrededor del mundo”.

Me cagan los productos de farándula de Televisa, “pero qué rica está Galilea Montijo”.

Estoy en contra del aborto, pero “a ese pinche Loret de Mola no le hubieran permitido nacer”. Sí, aunque sea sólo sentido figurado, igual se piensa con bastante entusiasmo.

Odio la represión, “pero que se madreen a los maestros por pinches güevones”. Odio que las marchas obstaculicen la ciudad, pero “si le suben un peso al precio del refresco sí salgo a las calles a protestar por mi derecho a la libre compra” (sic).

Me caga que el sistema desplace y reduzca al mínimo mi libertad, “pero quiero que mi pareja esté siempre aquí y que no se le ocurra ir a donde yo no vaya sin que me entere”.

Nos caga la hipocresía, pero siempre viajamos a todos lados con nuestro espejo, con la moralina, con la doble personalidad, con el claroscuro de la personalidad humana, con los principios fundamentales aprendidos a través de tantos años, pero con el cesto de basura para cuando los valores estorben y poderlos mandar a la mierda por un rato.

Nos cagan las medias tintas, pero el ser humano siempre camina sobre la línea media que divide los polos, los extremos, las aristas opuestas de la vida. 

Al humano le caga la humanidad, pero ha hecho un (semi)esfuerzo malogrado para acabar con ésta, y se ha conformado con repetir una y otra vez que le caga y le caga y le caga, pero siempre termina limpiándose la suciedad, duerme tranquilamente y al día siguiente todo le parece un poco más normal.


jueves, 27 de junio de 2013

Brasil y las protestas

Por: Jesús Correa S.

A
llá van los brasileños, quitando el estereotipo de que sólo piensan en futbol. Es su despertar. El 6 de junio nacieron las manifestaciones, y los periódicos nos dijeron que se debió al aumento en el precio del transporte: la gota que derramo el vaso.
 Um professor vale mais que o Neymar  (un profesor vale más que Neymar), se leía en una cartulina.
  Ha pasado tres semanas y las causas de fondo afloran -o más bien sus sombras; mientras no estemos en el país sudamericano, no sabremos con certeza lo que pasa. Dicen que una parte de la problemática se puede explicar por el gasto excesivo y la corrupción en la organización del Mundial de 2014 y los Juegos Olímpicos  de 2016 (se estima el uso de 25.000 millones de dólares, según los datos de “El País”); otra parte es porque ha proliferado y se ha divulgado la idea del crecimiento económico del gigante de américa del sur, pero se ha olvidado mencionar la desigualdad económica que esto conllevó…
Lo importante es que la gente está protestando contra la clase política, gritando que el país aún tiene deficiencias y que, no importando el lugar, es absurda la riqueza que han acumulado algunos, mientras otros apenas tienen para subsistir.
Que nos sirvan las protestas do Brasil para recordarnos que hace un año México también quería ser escuchado. Y aunque parezca que en este país poco se logró, la realidad es que sucedió algo de gran dimensión: un cambio radical en el comportamiento quedó guardada en la cabeza de los mexicanos que alzaban la voz del Zócalo al Ángel de la Independencia (y a veces hasta las instalaciones de Televisa). Esta columna está dedicada a recordar ese cambio.
Porque desde aquellos días la mediocridad dejó de ser opción para muchos. Todavía recuerdo las palabras de algunos universitarios, compañeros míos en ese entonces, que decían, después de ir a la escuela y seguir con las marchas, o viceversa, que la palabra cansancio no cabía en ellos.
Y sobre todos, viene a mi mente un colega al que no podía yo evitar invitarle un café cuando lo veía con los ojos irritados de desvelo por estar en la escuela y las protestas,  suponiendo que eso lo reanimaría un poco; él se negaba:
-No, no  te preocupes. Esto no es nada. En la revolución va a ser más difícil… Además,  no va a haber café caliente.
Yo lo aceptaba como un ejemplo de persistencia y entusiasmo que  rememoro cada que estoy a punto de sucumbir ante el trabajo arduo… Pero a pesar del ánimo y la verdad de sus palabras, en algo se equivocaba: la revolución ya había comenzado.
Fotografía tomada de: http://www.vice.com/pt/read/no-olho-do-furacao/109379 , tomada por Débora Lopes.