Julio Cortázar - Cuentos Ciudad Seva

"No renuncio a nada, simplemente hago lo que puedo para que las cosas me renuncien a mi."

Cuentos de H.P. Lovecraft - Ciudad Seva.

"The oldest and strongest emotion of mankind is fear, and the oldest and strongest kind of fear is fear of the unknown."

Jack Kerouac - Página oficial

"I saw that my life was a vast glowing empty page and I could do anything I wanted."

H. S. Thompson - The Great Thomspon Hunt

"We were somewhere around Barstow on the edge of the desert when the drugs began to take hold."

Fernando Pessoa

"Não sou nada. Nunca serei nada, não posso querer ser nada. À parte isso, tenho em mim todos os sonhos do mundo."

Edgar Allan Poe - Cuentos Ciudad Seva

"They who dream by day are cognizant of many things which escape those who dream only by night."

José Saramago - Fundación J.S.

"Dentro de nós há uma coisa que não tem nome, essa coisa somos nós"

Javier Marías - Postales Regiones Inferiores.

"Los amores pasados siempre ofenden a los amantes nuevos, por muy muertos que estén aquellos."

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miércoles, 9 de abril de 2014

Un rompecabezas nada más


por Pep

Despacio, despacio me matas mientras buscas los lugares precisos del momento. De frente, de frente te tengo y es entonces cuando nada importa y poco nos inquieta lo que pase alrededor nuestro.

Tu mano extendida, como quien presenta una invitación cortésmente, extendida buscando la mía, y una vez que se encuentran tu boca ya está cerca, cerca de la tuya, cerca de sentir tu respiración, cerca de sentir tus besos, cerca de probar tu boca, tu lengua, tus besos; esos besos que te delatan, que me incitan, que me llenan y me dejan con ganas de más, siempre más.

Y es entonces cuando nos quitamos la ropa, y mis manos ya no tiemblan y tus manos ya no temen. Me pegas a ti y puedo sentir lo excitado que te encuentras, y sientes en mi pecho las ganas que provocas. Y queda el cuerpo expuesto a la vista, la ropa en el piso, en el tocador, en la silla, en el sillón… Hemos dejado en el piso el camino recorrido para llegar hasta tenernos de frente y desnudos. No hay frío ni calor, sólo estamos los dos, solos también; hasta las sombras se han ido.

Y pudo ser un evento programado, pero nunca seguimos los pasos ni las órdenes, así de testarudos somos, así de bien nos entendemos. De pie y de frente, ya sin ropa, mi mano se encuentra con tu sexo y entonces juego: juego con tus ganas juego con tus deseos, juego con lo que te hace vulnerable y te gusta… Tú, tú buscas los rincones en donde tus dedos puedan entrar. Quieres hacerme blanco fácil de tus impulsos de tenerme así de cerca, así de natural, y los hallas, y los metes y me tienes, literal, en tus manos, pero yo busco tenerte en algo más, en mi boca, por ejemplo.

Y sigue la lucha de tus demonios complacidos por los míos, y los besos no paran, no queremos que acaben; y tus manos en mi cuello, en la espalda, en el pecho, en las nalgas, tus manos recorren mi cuerpo y quieren más, y yo también. Entonces decides que es el momento en el que tus manos sitúen mi cabeza a la altura de la situación. Bajo poco a poco mientras un camino de besos te recorre el pecho hasta llegar debajo de tu ombligo; “una cuarta más abajo del ombligo”, diría el buen Armando Palomas. Y qué razón tiene, pues es justo “una cuarta más abajo del ombligo” en donde encuentro lo que tanto te gusta y lo que disfruto.

Y sientes cómo siento lo que entra y sale de mi boca, lo que te gusta sentir, lo que te gusta que haga, y es lo que más disfruto, pues si tú eres el que más siente y disfruta, yo me entretengo con el placer que me da el dar placer con la boca, con la lengua, con nuestras ganas.

Y disfrutas y disfruto, de eso se trata, de amarnos y amarnos, con una m al principio; de disfrutar el cuerpo que desnudo aprecias y aprietas, de que no tengamos pudor, de que las normas de lo social no nos impidan llegar al momento especial de tal evento. Me detienes, nos recostamos un poco y seguimos con la boca, la lengua y tu excitación. Es indescriptible lo que siento cada que te contraes al meterlo en mi boca, es incomparable lo que veo cuando levanto la cara, es magnífico lo que tus ojos dicen que estás sintiendo.  

Y viene el momento en el que empieza la función, se abre el telón y con él mis piernas; me coloco de una manera que ambos disfrutemos, pero yo controlo, y te gusta lo que ves, y te gusta lo que hago, pero más disfrutas lo que grito.

Seguimos así hasta que llega el momento de desconectarse, ese momento en el que tu sonrisa confirma lo que siento al tenerte dentro, ese orgasmo impredecible, incluso hasta tierno; y es justo esa ternura la que nos demuestra que hay algo, algo que no se explica, que no se cuestiona, pero que nos hace sentir y pensar, esa ternura de mi edad y esa galantería de la tuya, pero al final no importan las edades, ni los orígenes, importa el tenerte así, el que me tengas ahí, arriba, moviéndome, gritando, sintiendo y, ¿por qué no?, queriendo siempre más.

Entonces el momento de que termines se hace presente. De espaldas a ti ya estoy, empiezas a moverte de manera precisa, y el momento se acerca y lo siento en tus manos, en tus movimientos, en tu respiración, y es lo que me gusta, que sepamos lo que ambos queremos, incluso cuando no lo digamos.

Es parte de lo que implica ser el complemento perfecto, y me atrevo a decir “complemento perfecto” porque no tenemos términos ni condiciones, no hay contratos; lo único que nos tiene ahí es el sentirnos bien, acompañarnos cuando las cosas están difíciles, “querernos” con nuestros tiempos y espacios, con nuestras platicas e incluso con nuestros líos amorosos.

Y llegas y (te) viniste, y me siento bien, porque podrás tener todo y podrán darte mil cosas más, pero esos momentos nadie los iguala, nadie no los quita, nadie los reemplaza. Entonces ya recostados y más relajados hablamos, nos miramos, no decimos nada, sólo risas, las manos inquietas aún, y hablamos, como si nada, como amigos, como si nadie nos esperara.

Y es el momento en que ves de pies a cabeza (literal) mi cuerpo bocabajo, dices que soy pequeña, yo creo que eres más alto de lo que crees. El tema es cualquier niñería que se nos ocurra: hablamos como dos amigos que se encuentran en la calle, que se saludan con un beso en la mejilla, por decir mucho, que se sonríen y que en los ojos se delata el trato.

Llega el momento de salir, de vestirnos, de dejar esos momentos para un café, para una llamada, para un mensaje. Te levantas, me obligas a hacerlo, levanto el camino de ropa que hemos dejado en el cuarto; las piezas de un rompecabezas empiezan a acomodarse, pero siempre faltan dos, las dos piezas para que el cuadro quede completo, formado por todo lo que nos hace, lo que nos tiene y lo que nos completa.

Pero deberán esperar esas piezas, no tenemos prisa ni términos que cumplir, así de libres, así de locos, así de bien estamos.

Salimos juntos. En la calle nos despedimos como dos amigos que se encontraron, la despedida viene acompañada de un beso en la mejilla y una sonrisa indiscreta. No hablaremos en días, semanas quizá, pero es lo perfecto de una amistad a la que a veces le sobra la ropa y le faltan tiempos, es lo inusual de un rompecabezas al que siempre le faltan las mismas dos piezas.



sábado, 8 de marzo de 2014

A propósito del Día Internacional de la Mujer…

por Pep

                          La grandeza de una mujer debe ser medida por lo que tiene dentro de la cabeza, no por las cabezas que haya tenido dentro.

Mujer, que entre las piernas llevas la penitencia de los pecados cometidos, pues a veces es la entrada del gozo total, el punto en el que no sientes remordimientos; ese delgada línea entre el placer que puedes recibir y todo lo que estás por ofrecer.

Mujer, que no has podido decidir sobre tu género, pero que puedes decidir sobre cómo vivirlo, cómo afrontarlo, cómo representarlo. Mujer, que te quieren dar igualdad y a cambio recibes un día en el que te festejan, en el que te haces inmune a las críticas, a los golpes, a los pesares que te aquejan por tu condición.

Mujer, que naces libre y en el camino te obligan a ceder, pues eres “sexo débil” y al fuerte debes obedecer. Mujer, que tu cuerpo has de exhibir, para conseguir un poco de atención. Mujer, ¿felicidades, mujer?

Mujer, que utilizas tu cuerpo para trabajar, mientras ofendes a las demás, permíteme el atrevimiento de decirte que vales más así, no por el valor comercial de tu cuerpo exhibido ante una jauría de hombres hambrientos, sino por hacerlo sin remordimientos, por ser dueña de tu cuerpo y caminar con la frente en alto y el cuerpo desnudo. Si ya conocen tu piel, que te conozcan a ti también.

Mujer, alégrate, festeja hoy en tu día. Demos gracias al gobernador que ha preparado un desayuno, una comida, algún tipo de reconocimiento. No importa que en la cuota de género se vean obligados a mandar a representantes femeninos sólo como mero requisito.

Brindemos, mujer, 8 de marzo; no todos los días recibirás felicitaciones por ser mujer, por ser madre jefa de familia, porque eres sexo débil y hay un día marcado en el calendario para recordártelo. Festeja, mujer, que te ofrecen un día dedicado a recordarte que hagas lo que hagas sigues siendo mujer en un país de machos, ese día viene disfrazado de igualdad, respeto y tolerancia… Mucho pedir, ¿verdad?

Pero más triste que no tener igualdad entre hombres y mujeres, más triste que eso es saber que no se tiene igualdad entre el mismo género. Bien dicen por ahí: “Mujeres juntas, ni difuntas”.

Las mujeres nos hacemos daño, nos criticamos, nos hacemos menos. Éste es un día en el que no hay nada que festejar, a menos que festejes todos los días, que exijas igualdad en todo momento, no cuando sea conveniente.

Ser mujer va más allá de usar tacones, sonreír, tener hijos, criar hijos, ser esposa, ama de casa, amante, amiga y todo eso. No es el rosa nuestro color, no es la cocina una opción. Hoy las mujeres son más libres, estudian, se preparan, y es mentira que detrás de un buen hombre está una gran mujer… A mi consideración y muy humilde opinión: arriba, abajo, de espaldas, de frente a un hombre está una mujer que ha decidido sobre su cuerpo, sobre su mente, sobre su futuro y su sexo.

Mujer, que en el placer hallas a los demonios que no te han dejado ser; mujer, que das placer y recibes lo mismo, con remordimiento quizá, con temor; mujer, que eres arma de doble filo, pues pobre del hombre que encuentre entre tus piernas un motivo. Mujer, no festejes como ser vulnerable, no necesitas una fecha marcada internacionalmente para demostrar lo que podemos ser. Felicidades, mujer.




lunes, 14 de octubre de 2013

De “amores comprados” y amantes “sin/ceros”

Por: Pep.

Hola Julio, hola mi amor.

Disculpa que lo haga mediante este papel y con éstas palabras, pero creo que todos tenemos un límite, y yo he llegado al mío.

¿Recuerdas que siempre me habías pedido algo? Pues hoy estás de suerte. Hoy te toca saber lo que Ana esconde.

Cierto día conocí a una chica, se llama Elisa, bueno, al menos ese nombre es con el que se presentaba siempre.

Físicamente Elisa es una mujer a la que su cuerpo, medianamente proporcionado, le ha abierto las puertas de muchos lugares (al par de sus piernas, claro). Recuerdo que desde que dejó su casa, Elisa fue lista a la hora de usar su cuerpo para conseguir lo que fuera necesario.

A los 16 años, y con un novio 10 años más grande que ella, Elisa aprendió que cuando se quiere obtener algo, hay que dar algo a cambio. Que la vida puede darte muchas cosas siempre y cuando tú estés dispuesto a dar un poco más.

A los 16 años, Elisa perdió su virginidad, no se sabe a ciencia cierta cuántas personas se quedaron a nada de entrar por primera vez a ese templo que ahora guarda millones de secretos. Pero hubo más de dos o tres intentos hasta que Fabián, tras una noche de alcoholes, música y caricias que se perdían entre tragos de vino, logró convencerla o, dicho de otra manera, sometió a Elisa para que ésta le permitiera hurgar entre sus piernas, bajo su blusa, entre el pantalón y hacer con ella lo que había deseado tres meses atrás, cuando al salir del trabajo le pidió que fueran novios.

Fue una tarde de abril, para Elisa todo era nuevo.

Sí bien antes había estado en situaciones similares, en dónde las manos del tipo en cuestión (generalmente chicos de su edad) bajaban hasta la cintura, mientras la lengua peleaba por permanecer dentro de la boca de ella, para luego dar paso a ir un poco más abajo, sentía como las manos del acompañante se deslizaban hasta llegar a tocarle el trasero; sobarlas nerviosamente mientras ella, muy bien acomodada, pegaba su cadera logrando sentir las reacciones bajo el pantalón de cualquier adolescente.

Elisa siempre supo la importancia de mover las caderas al caminar, al besar a alguien y a la hora de estar encima de alguien. Algo de lo que siempre se aprovecho para un mayor y mejor resultado satisfactorio.

Aquella tarde en la que Elisa se entregó a uno de los grandes placeres de la vida, estaba confundida, tomada y bastante complaciente. Fabián, a quien por fin se le cumpliría el tener a Elisa para él solo y como tanto deseaba, arregló todo. Llegaron a su departamento, en la colonia Estrella, de la Gustavo A. Madero.

Fabián vivía prácticamente solo, su hermano, dos años mayor que él, iba de vez en cuando a dormir a casa.

Entraron al departamento, Elisa se sentó de inmediato en el sofá de Fabián, éste busco en la cocina lo que sobraba de una botella de vino, quizá con restos aún del labial de la chica anterior. Bebió un poco y pasó la botella a ella.

Elisa bebió y de pronto fue como si algo la impulsara sobre Fabián, a quién sentó a su lado, para luego ponerse por encima de él, abriendo las piernas y bajando un poco la cadera. Fabián no dejó pasar la oportunidad, besaba su cuello, pasaba las manos por su espalda, y Elisa besaba su boca.

Un beso de esos que detrás llevan una invitación personal, una invitación a jugar entre besos y caricias, entre sabanas y saliva. Una invitación de esas que no tienen respuesta hablada, pero sí la encuentran cuerpo a cuerpo.

Después de otros tragos a la botella y varios besos en el cuerpo, Elisa se paró frente a él, sin permitirle decir nada, él la despojó de su blusa, se quitó la playera; y comenzó a besarla cerca del ombligo. Subía poco a poco mientras la punta de su lengua guardaba el sabor de la piel de Elisa. Una piel blanca, suave y con un aroma agradable.

Ella no puedo hacer nada, sólo contraerse por la excitación del momento. Una especie de escalofrío le recorría el cuerpo y sólo se dejaba llevar. Al llegar la lengua al pecho, los pezones delataban su excitación; un pecho pequeño, de niña, si así quieres llamarlo, quedó a la vista y deleite de Fabián.

Luego vino el quitarle el pantalón, la tela fina de encaje que cubría su, aún virgen, sexo, que ya se mostraba listo para ser sometido. Él se quitó la ropa solo, mientras ella contemplaba ya un poco más consciente el acto.

Luego él se volvió a sentar en el sillón, la tomó de las manos y pidió separara las piernas, mientras le indicaba se sentara sobre él. Ella, un tanto tímida, atendió a la indicación, justo al sentir que era penetrada por Fabián lanzó el primer grito al aire, su cara mostraba signo de satisfacción ante una nueva emoción.

Entonces él indicó cómo mover sus caderas, a la par de sus manos, ella se iniciaba en esos andares y le había gustado esa sensación que no es ni dolor ni gozo total. Que es un punto medio entre el sentir y estar. Ese vaivén de placeres agrupados en dos personas, en un mismo hecho, una conjunción de cosas, deseos y pensamientos, todo aquello que en una primera vez de alguien se ven reflejados; y que con el paso del tiempo, se van haciendo refinados.

Al término del proceso, Elisa no sabía cómo es que se sentía; pero supo, desde ese momento, que esa sensación era la única que valía la pena sentir.

Entonces se dio cuenta de que su cuerpo, su actitud y la suerte de saberse mover bien bajo las cobijas podrían tener sus beneficios.

Como droga, la primera vez era gratis, bastaba sólo un poco de vino, o algún trago de acuerdo a la ocasión y un lugar donde estar para que los hombres disfrutaran de los secretos del cuerpo de Elisa. Las demás ocasiones tenían precio de acuerdo a lo que se solicitaba.

Unos lo llaman prostitución, ella lo llamaba transacción. Comprar un “algo” y obtener dinero por dar algún servicio. Así llegó a los 25 años. La edad en la que no se es ni muy joven ni muy vieja.

Sus amigas, conocidas y cercanos sabían, a discreción, de cómo es que Elisa se ganaba el dinero que tenía.

Pero llegó el día en que ese ritmo de vida ya no le gustó, quería enamorarse. Ya no más negocios. El dinero que había juntado por tantos años de servicio le duraría para vivir sin preocupaciones por varios años.

Incluso buscó alguna escuela de danza, su sueño desde niña. La halló en Guadalajara, ingresó a la Escuela de Formación Integral de Danza, en aquél estado. Su vida cambio, conoció al que hoy en día es su esposo.

Empezó de cero, se creyó enamorada, tenía una casa, un coche, se convirtió en una gran bailarina. Pero no era feliz. Las nuevas personas de las que se rodeó sabían que sus padres habían muerto, que por esa razón viajó a Guadalajara, que no tenía familia ni pasado. Era como si la tierra la hubiera escupido y no recordara nada de sus ayeres.

Entonces llegó su cumpleaños número 30. No luce ni feliz ni triste, sabe que algo le falta. Sabe que algo no está bien; sabe que va a lastimar a su esposo, pero ya no puede con la culpa.

Su esposo, un bailarín de la compañía, hombre de buenos sentimientos, guapo y dedicado, preparó una cena para la ocasión; velas, vino tinto, el preferido de ella (el que bebió en su primera noche con alguien dentro), y su comida favorita. Una mesa que lucía esplendida, el mantel con detalles violeta y un arreglo de girasoles.

Elisa no pudo llegar a la ocasión, sólo se dedico a dejar un sobre con el portero del edificio en el que vivían. El sobre que contiene la explicación de la infelicidad en una relación de 5 años, tres de novios y dos de matrimonio.

Ahora que sabes lo que siempre habías preguntado pido no guardes rencor, pido no lo tomes a mal. Ha decidido partir lejos y retomar lo que alguna vez dejó, esa sensación de saberse usada, de ponerse precio y venderse al mejor postor.

Le gusta la mala vida, esa en la que sus caricias, como cualquier producto, tienen un precio. Tú ya has pagado mucho por ellas, pero realmente se ha dado cuenta de que más allá del dinero, son las personas. Saber que es una a la vez y será casi imposible volverla a ver.

No tengo más palabras para una despedida de un matrimonio que nunca debió ser; en dónde tú tenías una mujer, y yo, yo las ganas de correr.

Te quiere Ana… Ana Elisa.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Lo singular de ser plurales

Por: Pep.

Hagamos de cuenta que el tiempo se detuvo.

Hagamos de cuenta que no nos cruzamos, que no pasó nada; que los suspiros nunca salieron.
Enfrentemos esto.                

Hagamos de cuenta que querernos no nos cuesta, y menos duele. Ser plurales a veces afecta.
Detente de frente a mí y pon fin a esto. Arranca de una buena vez los sentimientos; guárdalos en el cajón junto a tu cama, ahí donde debes echar los besos repartidos.

Hagamos de cuenta que no nos deseamos, quédate con mis ganas; yo con las tuyas en mi casa.
Calla hasta los silencios, me quedo con los gritos de tantas noches juntos. Conservo tus manos recorriendo centímetro a centímetro mi cuerpo; tú, reserva tu lengua para otras ocasiones, para alguien más.

Esconde las manos, yo el pecado. Basta de todo si no tenemos nada.

Basta de ti, de tus pláticas, de tus abrazos, de tus besos en el cuello, de tus canciones… de tu amor; basta de mí, de mi búsqueda, de mis ojos en busca de los tuyos, de mis besos, basta de mi amor.

Hagamos de cuenta que no me quieres y que yo a ti tampoco.

Esta noche es de esas en las que necesito tus brazos para poder dormir, tus ojos para poder despertar y tu cuerpo para poder amar.

Hagamos de cuenta que no llamé, que no lo esperabas y que no saliste corriendo a mí. Hagamos de cuenta que no hicimos el amor toda la noche.

Al salir de este cuarto llévate, por favor, tu deseo, tus besos, tus caricias. Tu manía por llevarme contra ti en cada beso; llévate tus ojos posados en mi cuerpo al caminar desnuda por la habitación mientras te leo alguna de mis locuras escritas.

Es importante que te lleves tu aroma, pues es lo que más tiempo permanece en mi cama luego de dormir en ella.

Hagamos de cuenta que no somos una etiqueta más; eres libre para poder hacer lo que quieras, yo un poco más para quedarme cerca.

Hagamos de cuenta que nunca llegaste, por consiguiente no tendrás que marcharte; es ahora cuando te pido me tomes de una vez o me dejes despacio. He decidido que tú decidas, me diste motivos para marcharme, encontrando en ellos una razón para quedarme.

Me pides hablar de lo que sentimos, ¿amor? Quizá, pero no de ese amor que necesita plazos, no de ese amor que caduca o de ese amor que tiene condiciones. No de un amor complaciente, no un amor conveniente, un amor puro, un amor por sentimiento y no por contrato; un amor sin papeles ni religiones, un amor libre, más no libertino, justo como el que sentimos.

Tengamos un amor sincero, sin prisas, sin horarios, fechas o términos; un amor sin sentido, pero con sentimiento.  

Esta noche, en la que tu cuerpo ha conocido el mío; una noche que nadie planeó, que pasó sin pensar, pero si con querer; esta noche hemos decidido hacer de cuenta que no pasó nada.
Mañana te veré y fingiré que no te quiero; tú, harás de cuenta que sólo nos conocemos  como los demás creen, de vista y sin ampliar el saludo. Mentiremos y diremos que nos nos gustamos, que no nos buscamos y que nunca nos tocamos hasta llegar a la combinación perfecta de amor y placer.

Finalmente mañana, si te veo, tenemos que hacer de cuenta que hoy no dormiste conmigo, y que yo jamás he vivido contigo.


jueves, 11 de abril de 2013

Oh que la Ca..rlos


por Pep*
-          - ¿Quién es?
-          - ¿Carlos?
-          - ¿Ana?
-          - Hola, ¿te desperté?
-          - No, pinche vieja, estaba esperando que tocaras a mi puerta a las 2:00 de la mañana, no sabes.
-          - ¿Neto? No ma, ¿cómo sabías que te iba a buscar…?
-          - No mames, ¿ahora qué traes encima?
-          - Ah, pues ábreme y ve tu mismo.
-          - No voy a abrirte... la puerta.
-          - Jajajaja… pendejo, bien que quieres.
-          - La puerta dije, porque sé qué estás pensando.
-          - Chale, te dejo de ver un tiempo y valen madre cinco años de nuestro amor.
-          - ¿Amor? No mames, ¿cuál amor? Eso no fue amor.
-          - ¡Oh, chingá! Amor o no amor, empiernados la pasamos mejor… pero, bueno, no venía a eso, venía a decirte que...
-          - Que no, entiende, vete por favor…
-          - Neto, abre güey, es algo que no te voy a gritar para que todos tus vecinos se enteren.
-          - Como si eso te importara. Ahora resulta que a la señorita le da pena que los vecinos la escuchen; si a la hora de tenerte arriba de mí nadie te podía callar, mi reina…
-          - Ves, uno que no quiere y tú que sacas y sacas el tema, y la verdad sí, pinche Carlos, es que pareces bien santito y que no haces nada, cabrón, pero cuando se te mete el diablo y te salen las ganas…
-          - Oh que la… ya cállate y vete por favor, mañana tengo que trabajar y en verdad no quiero nada  que tenga que ver contigo.
-          - Oh, que te esperes carajo. Ya, en serio, abre la puerta y deja que te explique…
-          - Que no mujer. Entiende caray, ya no quiero verte, ya no quiero saber nada de ti.
- Sí, la pasamos muy chido, pero tu pinche manera de vivir no me conviene…
-          - No, si a ti lo único que te conviene es que abra las piernas pa’cuando tengas ganas, ¿no?
 - Ah, para eso sí hasta el señor me va a buscar solito, con la cola entre las patas, pero neto, es algo serio. - - Abre por favor Carlos, ándale.
-          - No, Ana, no quiero ser grosero, es simple, vete ya, dejemos las cosas así.
-          - Mira, sólo abre unos minutos, no te quitaré más tiempo.
-          - Voy a abrir, pero sólo dirás lo que tengas que decir y te vas. ¿Estamos?
-          - ¿Tengo de otra?
-          - Pinche maña la tuya de responder con otra pregunta.
-          - ¿Vas a abrir o no?
-          - Listo, ¿qué es eso que tienes que decir?
-          - Mira, no sé cómo empezar, me gustaría que te calmaras, que tomaras agua quizá, o no sé. Digo, no es algo tan fácil…
-          - Ves, ves por qué no quería dejarte pasar, le estás dando vueltas al asunto y nada que hablas.
-          - Pues es que no es fácil, o sea, ¿crees que sólo por tenerte entre las piernas otra vez haría un circo como éste?  No mames, Carlos, ya estamos grandecitos, sí te me antojas, y ganas siempre nos tenemos, pero no vendría a las 2:00 de la mañana sólo para…
-          - Otra vez, mira si eso quieres, órale ya…
-          - ¿Ya qué?
-          - Pues vas…
-          - Oh, pinche Carlos, aguanta.
-          - Aguanta mis…
-          - Ay, Carlos… ahí Carlos… Carlos…
 …   …  …
-          - Ay, Ana, se me había olvidado lo rico que te mueves.
-          - Nunca entendí si ese tipo de comentarios eran como cumplidos, pero de ser así, gracias, supongo.
-          - ¡Ves, pinche vieja!, siempre haces lo mismo.
-          - Mira, si ya te vas a poner así, mejor ahí que quede, uno acá en buen plan y tú nada más coges y te vas…
-          - No, mi amor, te vas tú, porque te recuerdo que es mi casa; casa a la que llegaste solita, y solita te vas.
-          - Está bien, está bien. Si eso quieres… pues a la chingada, nos vamos. Sólo no me digas que no intente hacer algo.
-          - Mujeres, por todo hacen un pancho: Que si porque te las coges sin amor, que si porque las quieres mucho, que porque “lástima o lastima”; que no las pelas, que mucha atención, que algo quieres…
-         -  Pues ya párale a tu fiesta, ¿no? Chingá, uno acá echándote flores de cómo lo haces y tú poniéndote tus moños.
-          - A ver, ya. ¿Te vas a quedar a dormir o te vas? Lo que sea pero ya no quiero escuchar más madres.   
-          - Nel, ya me voy y hazle como quieras.
-          - Va. Cierras bien, eh.
-          - Chinga tu madre, Carlos… y yo de pendeja queriéndote hacer un favor…
-          - Qué bueno que ya se fue. Pinche loquita, siempre aplica la misma, pero pues cómo decirle que no, una nalga es una nalga… y qué par de nalgas las de Ana.
-          - Chale con ese guey. O sea, Carlos, cree que nada más lo busco para meterme en su cama, pero en verdad que esta vez sí quería decirle algo… ¡Pendeja! Entre el sexo, mis manos, su boca, los cuerpos y los fluidos se me fue el avión. No pude decirle que llamó su tía de Oaxaca, para avisar que su mamá estaba en el hospital y que lo necesitaban allá. Ni pedo, él se lo perdió, yo me lo ahorro, y me voy a dormir, bien descansada y atendida.
  
*Colabora en Regiones Inferiores y Momento Sonoro

viernes, 8 de marzo de 2013

Hoy es 8 de marzo ¿feliz día de la mujer?


Por Pep**
 Antes de que empieces con tus felicitaciones absurdas, creo yo, déjame decirte algo:

No vengas con hipocresías a felicitarme y decirme que valgo mucho como mujer, si al sentarme en mi lugar de trabajo, oficina, en el transporte público o cualquier lugar, tus ojos buscan perderse entre mis bragas y quizá hallar algo más.

Hoy día de la mujer es de esos días en los que nuevamente hacen algo comercial, según las valoran y respetan ¿y qué pasa? Discursos políticos, desayunos con madres jefas de familia (que sólo servirán para la foto o nota, porque el resto de los días se la pasaran lidiando con la atareada ciudad y no estará el funcionario junto a ellas pa’partirsela y sacarlas adelante); entregas de reconocimientos, felicitaciones y frases bonitas… pero de nada sirve si al otro día nadie las respeta.

El día de la mujer debe ser siempre. Para mí, es el día en que me siento más puta, pues hombres vienen y van, pasan por mí (no sexualmente) pero igual me buscan. El día de la mujer es uno de los días más denigrantes, disfrazado de valores y falsas esperanzas; frases como “igualdad para la mujer… la mujer vale como ser humano”, pero te apuesto que la valoras más cuando piensas en tenerla en tu cama.

No se sientan ofendidas mujeres, valoren lo que tienen y lo que les ha costado; no importa los medios, lo que importa es que se sientan a gusto, plenas y muy mujeres no sólo al cuidara los hijos, atender al marido o limpiar la casa.
Hoy no es un día para festejar, no mientras siga habiendo violaciones, mientras a escondidas tengamos que decidir sobre nuestro cuerpo, sobre la manera de cuidarlo o regalarlo, porque cómo “indigna” una mujer sumisa, pero cómo amenaza una mujer libre de cuerpo, alma y cerebro.

Deben temer más a una mujer libre, que un arma cargada por el diablo, pues la primera sabrá decir no cuando lo crea necesario; mientras que la segunda se moverá a la par de quien la sostiene. El día de la mujer es el mero pretexto para aventarnos rosas, aunque al otro día lluevan piedras.

Lo más triste y desgastante es que hoy 8 de marzo, día de la mujer, no hay nada que festejar mientras nosotros mismas, mujeres, critiquemos a la de a lado, llamemos puta a la que decide acostarse con una, dos o diez personas; critiquemos que una mujer sea liberal o que sólo viva para su familia. Es triste que entre nosotras mismas nos marquemos y tachemos de “x” o “y” cosa.

Mujeres: deberíamos sentirnos orgullosas el día que un hombre no sea más que nosotros, el día que si decido o no, ser mamá, abortar, no tener hijos, vivir sin casarme o hacer de mi cuerpo y vida lo que se me plazca no sea visto como un delito.

Mujeres, sintámonos orgullosas el día que seamos libres y tomadas en cuenta no sólo por alguien que quiera follarme, el día que se nos valore por nuestro trabajo y frutos de el esfuerzo diario, y no por tener los hijos que dios mande o preparar una deliciosa comida. 

Feliz día de la mujer, en un país machista, en donde hay comunidades rezagadas en que aún vale más una mujer virgen que puede ser cambiada por tierras o animales.

Feliz 8 de marzo, día de la mujer, pues preferiría tu respeto y tolerancia los 365 días del año, que un día lleno de ceremonias absurdas. Por un México más humano, por una sociedad más pensante y menos cerrada, por un mejor futuro que requiere acciones concisas en el presente, feliz día de la mujer a las mujeres que no son mencionadas hoy, pues seguro defendieron tanto sus ideales y fueron en contra de todo y todos, que la sociedad ha decidido no llamarlas.
**Colabora en Momento Sonoro y Regiones Inferiores

lunes, 10 de diciembre de 2012

Trabajo es trabajo


-Hola, ¿tienes mucho aquí?
-No, lo suficiente y no más, tratándose de ti.
-Gracias, es que el trabajo tomó más tiempo de lo esperado.
-¿Y todo bien?
-Bastante, no es la primera vez que lo hago, pero la mirada de esa señora, es como si la conociera de antes… que pues algo me incomoda. ¿Podemos irnos de este lugar… o caminar?
-Ok, caminemos, así me cuentas más de tu chamba hoy.
- Sabes, me gusta mucho escuchar tus historias del trabajo, sé que puede parecer enfermo pero me gusta mucho.
-No creo que sea algo enfermo, más bien creo que es normal.
-Lo que sea, pero escucharlo, con tanto detalle, como sueles contarlo, me despierta una serie de sensaciones vagas en el cuerpo…
-Calma, que pareces estar excitado, y no creo que sea el caso.
-¡Uy, mujer!, no sabes lo que dices.
-¿Qué?, ¿te resulta excitante?
-Pues…
-¿Pues?
-Nada, nada. Dame la maleta, yo la cargo.
-Está bastante pesada hoy.
-Sí, he sentido el peso de tus actos ya. Y dime, tu cliente: ¿hombre o mujer?
-¿Cliente? Eso sonó como de a prosti, idiota.
-Bueno, era un decir, pues, cuéntame, anda.
-Está bien, pero sentémonos a fumar.
-Mira, guardé justo dos cigarrillos para después de tus quehaceres. Siempre me ha resultado placentero fumar a tu lado, más en situaciones como ésta.
-¿Y qué tiene de especial ésta?
-Pues que hace ya un par de meses que no nos veíamos, que no sabía si seguías en las mismas que cuando decidí ausentarme un poco, y pues hoy he decidido presentarte a alguien.
-¿De  verdad?, ¿y se puede saber a quién?
-No, es una sorpresa.
-¡Ah!, con lo que me encantan las sorpresas… da igual, no creo que me cause emoción enterarme ahora o después. Y bien, ¿cómo estuvo tu viaje?
-No, cuéntame de tu trabajo.
-No, dime tú primero.
-Nunca vas a dejar de ser tan necia.
-Ni tú tan irremediablemente inocente y manejable. ¿Y bien?
-Pues como todos los viajes… ratos buenos, malos, aburridos…
-Y mujeres, ¿conociste a muchas?
-Mujer, eso no debería interesarte, debería incomodarte.
-Claro que no. Siempre hemos sido claros en nuestras relaciones sin fines de lucro. Así es esto, ambos salimos beneficiados y pues nadie lastimado; así fue y será siempre. Anda dime, ¿cogiste con muchas?
-Mujer, mujer, eres tan…
-¿Fácil? No lo creo, te llevó más tiempo tenerme un tu cama.
-No, abierta o liberal.
-Pues si no lo fuera estaría aferrada ti, a tus besos, a tu manera de excitarme, de tocarme, el cómo tienes sexo conmigo y sólo conmigo, porque sé que a nadie más has de hacerle esas cosas que tan bien te salen conmigo.
-Ja, no sé si reírme o llorar, pues en más de una cosa tienes razón.
-Claro, estamos juntos cuando queremos  y hacemos lo que nos place. Y aunque siempre supe que contigo tendría cosas que con ningún otro cabrón, creo que amo más mi trabajo; y como toda ocupación, tiene riesgos, a los que no estoy dispuesta a arrástrate.
-Mira, si sí tienes corazón.
-Pues claro que sí, torpe, si no tuviera corazón no aceptaría seguirte viendo después de todo.
-¿Y cuándo trabajas no te remuerde la conciencia?
-Que no, chingao, trabajo es trabajo y ya. Es como cuando tú vas y criticas una película de un güey; si se pone a llorar te vale madre, pues es tu trabajo, ¿no?
-Jajaja, había olvidado lo insensible que eres en tu horario laboral.
-Jajaja, idiota. ¿Y qué más hiciste allá?
-Pues criticar dos que tres cosas, para eso me pagan. Y pues sí, también conocí dos tres pompis fáciles de tener y difíciles de olvidar.
-Tsss te enamoraste.
-No, eso ya no es para mí. Pero basta, ahora te toca.
-¿Quién?
-Tarada, te toca contarme de tu chamba de hoy.
-Pues una señora, como de unos cuarenta, cuarenta y cinco  años.
-¿Era guapa, de buen ver?, ¿sí te la dabas?
-Pinche enfermo, jajaja pues chance… igual no le decía que no.
-¿Aún puedo verla? Debes tener fotos, ¿no?
-Sí, pero debemos deshacernos de la maleta, pues nos va a estorbar para la otra parte del plan.
-Mujer cuéntame más, empiezo a excitarme con sólo imaginar lo que estas manos hicieron y cómo actuaron.
-Y espera a ver su rostro, bueno lo que quedó de él. Están en la bolsa de enfrente de la maleta.
-¿Son éstas?
-Sí.
-No se le ve bien la cara, de hecho no se distingue.
-Mira ésta, es mi preferida…
-¿Por?
-Por el collar que tiene colgando la bruja.
-Oye, ese collar…
-¿Qué tiene?
-Ese collar es muy parecido al de… ¿recuerdas que te dije que te iba a presentar a alguien?
-Sí.
-Pues hoy vi a mi madre por la mañana, tenía un collar igual… ¿Mataste a mi madre?
-Oye, oye, oye, yo no sabía, una chica y su esposo se enteraron de mis servicios, me contrataron, acordamos la cantidad y ya. Anticipo, muerte, resto del dinero y nunca nos volvemos a ver. Más de una vez has estado enterado de cómo funciona esto. 
-Sí, pero era mi madre, no como cualquier otro güey o vieja que hayas matado antes.
-¿Y yo qué iba a saber? Si te sirve de consuelo pues viene parte de tú mamá en la maleta…
-No, tus historias siempre me han gustado, pero tratándose del cadáver de mi madre, creo que me siento realmente excitado.
-¿Qué no deberías estar molesto como al principio?
-No, mujer. Olvidemos aquí el cuerpo, nadie va a reclamarlo, no en los siguientes días. Vamos ahora a buscar un cuarto de hotel o un lugar en donde podamos coger, mira qué excitado me ha puesto tu trabajo de hoy. Mientras hago lo mío quiero los detalles  sobre su muerte.
-Insisto, no sé quién está más enfermo, si tú o yo, pero vamos, que mientras tu madre esté tibia aún, nosotros estaremos bien.
¿Ves? Siempre te lo dije, y no me equivocaba, trabajo es trabajo, hoy es tu madre, mañana la de alguien más. Pero que no se te pinche olvide: con quien me inicié en esta profesión  fue con mis propios padres.

jueves, 4 de octubre de 2012

Una profesión humana


por Pep

Mira si el mundo es chico o la necesidad acompañada de soledad es suficiente. Es el día en que tu olor se ha quedado conmigo y tu recuerdo aún permanece; es el día en que quisiera salir a buscarte y decirte que he empezado a quererte; es justo el día en que estoy por resignarme y perderte, ¿perderte? Creo que nunca fuiste mía como para verte perdida, pero siempre fui tuyo, aunque nunca lo supieras.

Ayer, como cada noche durante los últimos dos meses, salí en el auto con la esperanza de encontrarte. Deseando verte caminar por la acera y dirigirte a mí, para que vinieras a casa y entonces diéramos gusto al cuerpo, oídos, mente, vista y sentimientos. Vi a una pareja que se amaba mientras caminaban, entonces recordé lo felices que fuimos todo ese tiempo.

Quise sentir tus manos tibias sobre mi cuerpo, deseando tener mi sexo entre tus piernas, mi lengua deslizándose sobre tu bien formado pecho y mis manos colocadas en lugares específicos rindiendo tributo a ese ser maravilloso en el que te habías convertido.

 Sí, quise sentirte mía y de nadie más. Mía no porque seas un objeto, sino porque más allá de meterme por debajo de tu falda, pude penetrar tus pensamientos, llegar al punto exacto en que tu mente dejaba de hacer para empezar a estar; estar llena de placer, necesitada de mí y yo de ti y todo lo que sueles hacerme, pidiendo que ese momento, en el que ambos nos uníamos sin mayor remedio y en el que tu sudor era la bebida perfecta para mi sed, nunca terminara.

Pude haber muerto cualquiera de esas noches, días, tardes, no importaba el horario, la experiencia siempre era única, y morir entre tus piernas o con mi lengua lamiendo tu interior hubiera sido la muerte más placentera que alguien pudo haber tenido.

Sin embargo, heme aquí, metido en este auto sin tus piernas y caderas moviéndose al compás de mis orgasmos más duraderos, de mis incontrolables ganas de despojarte de tu ropa y deslizar por ese cuerpo tuyo mi sexo muy dispuesto. Siempre provocadora, seductora, siempre dispuesta a cumplir los más perversos deseos, siempre gustosa de estar conmigo y de permitirme coger… tus ideas más intimas y hacerlas realidad.

Hoy he salido en busca de ti, al no encontrarte he tenido que recurrir a gastar un poco de mi quincena para tener compañía; para tener alguien con quien venirme después del trabajo y terminar rendido, cansado y ya sin ganas de sexo. La masturbación comenzaba a ser parte del día a día y ya se empezaba a tornar aburrida.

No es lo mismo mi mano ya cansada por abusar de sus beneficios, que esas nalgas bien firmes en las que más de una vez mi semen se escurrió.

Es por eso que he decidido pagar los servicios de esta, ¿cómo llamarle, “mujer, prostituta, señora, señorita, puta”? Da igual, dudo mucho que vuelva a verla o que tenga que recordar el calificativo, como si fuera a presentársela a alguien. En fin, he recurrido a ella como quien va al centro comercial, busca comida o bebida, paga y satisface su necesidad primaria: comer y beber.

Yo he de satisfacer mi necesidad primaria, mi necesidad de estar acostado contigo y meter mis dedos, mi lengua y lo que sea preciso para darte placer, sentir tu boca centímetro a centímetro, mientras introduces en ella lo que es mío y así permanecer el tiempo que sea necesario para terminar exhaustos de tanto placer.

Días como hoy ha habido muchos, desde hace dos meses que no te veo y que he salido todos los días a buscarte. Cansado de no encontrarte, al menos una vez por semana, he terminado enredado en las sabanas de más de una de ellas, de ésas que conoces. Nunca es la misma persona, siempre son diferentes rostros, gestos, cuerpos y modos, incluso edades.

La más pequeña con la que he estado tiene 17, sé que pensarás que soy de lo peor, pero has de recordar que esa edad tenías cuando nos conocimos, cuando te expliqué y enseñé algunas cosas referente a los placeres de la vida, cuando tu sexo, virgen y temeroso, se entregó a mí y juraste amarme siempre.

Esa niña me recordó tanto a ti, la diferencia no era mucho contigo, tú 17 y yo 20, ahora ella 17 y yo… mejor no hablemos de eso. Pero tu recuerdo presente aquella tarde me permitió tener una de las relaciones más placenteras que pude haber disfrutado; mira si es gracioso, pudo ser otra cara, cuerpo y modos, pero en mi mente tú eras con quien fornicaba sin remedio y sin control, no aquella niña ajena a mi vida y sentimientos.

En fin, como te contaba, dos meses teniendo a diferentes mujeres en mi cama y tu recuerdo sigue atormentándome noche a noche. No sé en realidad si es tu recuerdo o tu cinismo, pero sea lo que sea no me ha permitido sacarte de la cabeza, dejar de pensar y de quererte, dejar de desearte.

Quiero verte  y quiero sentirte, y que estés aquí al despertar y antes de dormir; quiero morir en tu boca y renacer pegado a tu sexo; quiero que me sometas a tus más sucios deseos, pero quiero hacerte participe de mis más perversos secretos; quiero que estés aquí y tengamos sexo, no importa lo que tenga que hacer, quiero tenerte otra vez.

Dos meses tirados a la basura, en el intento de regresarte conmigo encontré un sinfín de verdades tuyas que tal vez no me hubiera gustado conocer, pero que ahora me han hecho entender. Dos meses en los que he compartido la cama con varias mujeres, pero de la cama no ha pasado, nadie como tú a la hora de hablar. Puedes tener mil cualidades, venirse en tu boca de una manera casi celestial es una de ellas, pero a la hora de hablar, en verdad que aún veo difícil decidir qué prefiero más, si cogerte o escucharte. De cualquier manera, contigo, ambas cosas me gustaban.

Y después de poco más de un año de tenerte noche tras noche en mi cama, compartiendo mi casa, mis sueños y mi amor, por que sí, mira que llegué a amarte, un día despiertas y me dices que no puedes seguir con esta farsa. Que me quieres, lo has hecho desde que éramos niños y viviendo tan cerca siempre nos frecuentamos, pero que no sirves para esta vida que te doy.

Esta vida que quise vivir contigo, no es la que tú soñabas tener. Tus aspiraciones o medios para satisfacer tus necesidades eran muy lejanos a los que yo podía aceptar y ofrecer. Ese día despiertas y me dices que tu trabajo es tu vida, que tú vives para trabajar y no para quedarte en casa. Eso nunca lo cuestioné, pero eso, a lo que te dedicas, es lo que no lograba entender.

Te ofrecí una vida digna de ti, de tus estudios, de tu persona, entonces trato de convencerte que si es por dinero, juntos saldremos adelante. Que no te he de dejar sola y menos a tu suerte en las calles y con tanto cabrón que anda suelto. Te quedaste callada mientras seguías guardando las cosas en tu maleta. Sólo me veías como sintiendo lástima por este idiota que se enamoró de ti.

Intenté hacerte entrar en razón pero creo que tus palabras frías y directas no me dejaron otra opción. Justo antes de que salieras de la casa y dejarte partir sin más, volteaste y me miraste, tomaste mi mano y dijiste: “entiende que no se trata de ti y de lo que has hecho por mi, estoy muy agradecida pero ya no puedo más. 

Quiero que sepas que durante este año me has hecho muy feliz, he sido una mujer muy afortunada de poder encontrarme un hombre como tú, pero no puedo seguir engañándome ni mintiéndote a ti.

“Desde ese día en el que nos encontramos  te expliqué las cosas, lo entendiste, me propusiste vivir juntos y lo intenté; al principio te dije que trabajaba en eso por necesidad, pero hoy, hoy que no he podido aguantar más, debo decirte que no, no seré como todas las demás que dicen que se prostituyen por necesidad. Yo, yo lo hago por gusto, por placer, por aventurarme a tener a diferentes hombres por las noches, a dormir con alguien diferente cada semana, a sentir un cuerpo ajeno y desconocido cada que alguien me paga por acostarme con él; yo lo hago porque soy así, porque me gusta y porque, incluso, podría no cobrar y seguir buscando placer en las calles.

“En cada coche que se acerca misterioso, baja el vidrio, se cierra el trato y se abren mis piernas o la boca, depende del gusto de cada quien. Tal vez te lastime saber la verdad, saber que soy una puta más, una de esas que alguna vez fuiste a buscar y que, sin querer, justo ahí nos fuimos a encontrar. Ésta es la despedida, tal vez te duela pero mañana ya se pasará. Si algún día necesitas de mis servicios búscame que para ti, amigo, las puertas de mi casa y mis piernas siempre estarán abiertas y dispuestas a acogerte sin reproche”.

Fue entonces cuando me diste un beso que no pude responder, tenía tanto asco de mí, de ti, de haberme enamorado de una mujer de la calle, de haberme creído tus engaños, de haberte compartido, seguro estoy, más de una noche con alguien más. Juré que te echaría al olvido, pero la verdad es que no he podido, y no lo he intentado.

Mira si el mundo es chico o la necesidad acompañada de soledad es suficiente. Es el día en que tu olor se ha quedado conmigo y tu recuerdo aún permanece; es el día en que he salido a buscarte en cada esquina, con cada una de estas mujeres que se venden como carne en el supermercado, desfilando para el montón de pervertidos que pasan aquí. He estado con más de una de ellas, las que me dicen cómo es que llegaste aquí y lo rápido que los clientes notaron tus intenciones.

Vengo todas las tardes y me uno al montón de pervertidos  que las miran desfilar, me uno al juego de venir, pagar, coger y escapar, me uno con la esperanza de verte, contratarte y tenerte de nuevo. No pienses mal, pues que duerma con alguien más no significa que te haya dejado de querer, pero siempre habrá necesidades que satisfacer.

He de salir todos los días en busca de ti, en busca de que te ahogues en mi placer a consecuencia de tu “profesión”. Total, ambos sabemos que siempre fui tuyo, aunque nunca lo supieras, y nunca fuiste mía, aunque yo no lo entendiera.

PD. Te quiero puta.