Julio Cortázar - Cuentos Ciudad Seva

"No renuncio a nada, simplemente hago lo que puedo para que las cosas me renuncien a mi."

Cuentos de H.P. Lovecraft - Ciudad Seva.

"The oldest and strongest emotion of mankind is fear, and the oldest and strongest kind of fear is fear of the unknown."

Jack Kerouac - Página oficial

"I saw that my life was a vast glowing empty page and I could do anything I wanted."

H. S. Thompson - The Great Thomspon Hunt

"We were somewhere around Barstow on the edge of the desert when the drugs began to take hold."

Fernando Pessoa

"Não sou nada. Nunca serei nada, não posso querer ser nada. À parte isso, tenho em mim todos os sonhos do mundo."

Edgar Allan Poe - Cuentos Ciudad Seva

"They who dream by day are cognizant of many things which escape those who dream only by night."

José Saramago - Fundación J.S.

"Dentro de nós há uma coisa que não tem nome, essa coisa somos nós"

Javier Marías - Postales Regiones Inferiores.

"Los amores pasados siempre ofenden a los amantes nuevos, por muy muertos que estén aquellos."

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martes, 29 de julio de 2014

Niños, ¡¡qué lata!!

En los últimos días hemos visto temas de gran relevancia relacionados a niños: migración, pederastia, abusos a menores, menores malviviendo en casas de viejitas y viejitas que tienen cara de la dulce Sara García (actriz del cine de la época de oro), pero que para muchos esconde un tenebroso trasfondo.

Empecemos por partes. A todos nos parte el alma, o eso quiero pensar, el tema de los niños que salen huyendo de la pobreza, la corrupción y el rezago social que viven en sus horrendos países como Guatemala. El Salvador, Nicaragua, México, etcétera, etcétera. Dicen que de México son los menos por el pavor que le tienen a que les clave en la cara un disparo la patrulla fronteriza si los cacha en pleno cruce ilegal.

Aquí la cuestión es que en diversos programas de televisión de nuestro país (llámese Televisa, TV Azteca, Cadena 3 y varios más) se desgarran las vestiduras (medio) criticando la forma de proceder de los diversos países no estando al pendiente de sus niños y de las necesidades que los hacen huir. Pero bueno, ya sabemos que aquí de todo se hace leña del árbol caído; es rating hablar y mostrar caritas tristes y niños harapientos y mal comidos, que además sirven para evadir cómo legislan nuestras reformas.

Pero estos escenarios no cambian mucho en cadenas como Telemundo (basurero de Televisa a donde se manda todo lo que ya no les sirve); Unicable, donde gentuza como Ismael Cala y otras curvilíneas que ahí tienen conduciendo hablan del tema como si estuvieran dispuestos a llevarse a los migrantes a su casa, aunque claro, hablan con reservas del tema porque no van a enchilarse solos viviendo y comiendo de los gringos, solamente le dan una embarrada del tema y por supuesto responsabilizando totalmente a los países de los que los niños migran, porque obviamente para sus ojos (y conveniencia) EU no tiene vela en el entierro y sólo cumple con dejar entrar migrantes, sean de la edad que sean.

Indefensos o peligrosos los niños son tratados también como criminales en las fronteras colindantes con EU, pero tratados con desprecio sobre todo por su raza.

Ya me imagino yo que a un gringo, niño güerito, aunque anduviera todo trasudo, así no trajera papeles nadie la haría de tos y se le conseguiría hasta alfombra roja para que pudiera ir a su embajada aquí en nuestra patria y ser deportado en first class directo a las manos de su madre o de quien chingados fuera, pero sano y salvo, porque si aquí se les ocurre hacerle un fuchi a un gringo nos andan partiendo la madre.

Los niños migrantes se han vuelto un tema incómodo, latoso y molesto para EU, pues los hacen quedar como los malos de malolandia al no recibirlos. Y sí, la cuestión es que en los países de origen es donde se debe de garantizar los derechos de los niños migrantes, y verificar que en realidad tampoco sean enviados a hogares de dudosa calidad moral, que podrían usarlos como negocio en pornografía o prostitución.

A mí, estimado lector, me van a pasar a disculpar la desconfianza, pero el albergue de la Mamá Rosa me suena más a distribuidor de niños y mujeres para puteros de varias partes del país que a instancia infantil, algo parecido al famoso “Casitas del Sur”. Es de risa loca ver todos los peros que pone el DIF para la adopción de un niño tanto a solteros como a casados, pero no se pone heavy cuando saltan estos “hogares” manejados por madrotas que los disfrazan de orquestas sinfónicas.

Y más risa me da ver que Ciro Come Mierda quiere dar un voto de confianza a Mamá Rosa porque hay muchos que la defienden; o sea, nomás hay que ver qué tipo de gente la defiende: Vicente Fox y Martita Sahagún, gente de gran calidad moral, de entre otros que casi ponen a esta mujer como la Madre Teresa de Calcuta porque sólo pedía 20 pesos de cooperación al mes a los padres que por cualesquiera razón no se podían hacer cargo de sus bodoques. Para qué les cobraban más, si los chavitos seguro desquitaban con “chambitas” su comida y vestido).

Y pues la PGR se quiso colgar su medalla con la detención de esta “indefensa” viejecita, pero yo creo le repensó porque Derechos Humanos es más capaz de defender con uñas y dientes a la anciana de 80 años enferma que a los niños encontrados ahí en pésimas condiciones.

Yo que ellos revisaba los colchones, porque allá por Los Infiernos en el D.F una vez cuenta la leyenda se encontró a una dulce y adorable viejecita que cuando le cayó el cateo de la PGR se puso al llanto desgarrador cuando la quisieron parar de su colchón para detenerla porque vendía drogas. A la mujer ni Dios mismo la podía parar de su colchón, optando los polis por sacarla con todo y él (como Cleopatra región 8).

Al llegar ante el MP la anciana no quería dejar su colchón, en cuyo interior guardaba el negocio de la señora: drogas de toda especie como en tienda de dulces surtido rico, y sus pequeños nietecitos eran los dealers de los juniors de la colonia Polanco y Condesa, pero pues cómo juzgar a una “indefensa viejecita”...


Niños ¡¡¡qué lata!!! Como le dice Doña Lucha al “Chino”: “Puros problemas me causas”. Ojo, mucho ojo, que las carreras del futuro y de más auge entre la chaviza son sicario, dealer, puta o teibolera, prefieren una vida corta pero efectiva, o con efectivo, mejor dicho.

jueves, 24 de abril de 2014

¿Otra opción?

por P.I.G.

A Pedrito le prohibieron salir a jugar con sus amigos a la calle; no objetó nada pues de todas formas ya había encontrado la forma de divertirse dentro de casa: videojuegos. Cuando sus padres le prohibieron los videojuegos entonces sí vino el escándalo: gritos, berridos, alaridos de sufrimiento, protestas, protestas y más protestas.

A gran escala nos está pasando lo mismo: nos impusieron una reforma laboral que pocos llegaron a entender y no ocurrió nada; el mismo caso con la reforma energética y fiscal, y la mayoría, salvo las destacadas voces de este país que nunca callan, se quedaron cruzados de brazos porque “qué chingados voy a entender yo de temas de dineros (sic)”.

En un apartado de la reforma en telecomunicaciones se habla de la muy abierta posibilidad de regular la nube, de acceder a cuentas personales sin consentimiento y de retención de datos para temas de seguridad; de derechos de réplica y anulación de expresiones cuando se trate de abiertos ataques a las instituciones y/o a los poderes de la unión, y otros tantos conceptos raros que seguramente quien redactó (el ejecutivo) no entiende en absoluto.

Y aquí le han jalado la cola al puerco y todo mundo a gritar y a exigir libertad de expresión.

Está bien, se vale que cada quien defienda a capa y espada lo que crea conveniente defender, pero ¿no son aquellos que hoy abogan por la libertad de expresión los mismos que hace unos meses fusilaban con publicaciones y tuits a los encapuchados o a los maestros por bloquear calles y dañar la soberanía del país con su libertad de expresión que rayaba en el vandalismo?

Pues con ese mismo vandalismo con el que se quebraron vidrios en bancos y tiendas de “beneficencia” y se hicieron pintas en los muros de “nuestros monumentos históricos”, es con el que se realizan pintas de 140 caracteres en Twitter y de imágenes, vínculos y textos en Facebook.

Quien escribe es el menos indicado para hablar de los límites de la libertad de expresión, menos aun de los límites del límite, pero dónde queda la coherencia de indignarse porque al árbol se le quiere cercenar una rama, cuando el árbol en su totalidad amenaza con ser talado desde la raíz.

El hecho de que en México se pretenda regular la web, como ya se regula en los llamados países autoritarios, y los no tanto (llámese China, Irán, Afganistán, España, Venezuela, Estados Unidos, Corea del Sur o Cuba), es algo que se venía gestando mucho antes de que siquiera se hablara de reforma en telecom. Basta recordar la ACTA de Federico Döring.

El golpe estaba anunciado y nadie hizo nada, pues la comodidad del escritorio siempre es mejor y más segura que la que se vivió en las calles cuando la idea de imitar la SOPA norteamericana era a leguas evidente.

Ahora que a Pedrito le dicen que Facebook, su único espacio de completa intimidad, puede ser regulado y constantemente vigilado, es cuando pone el grito en el cielo.

Nadie niega la importancia de las redes sociales, ejemplos para matizar hay de sobra: el nacimiento del #YoSoy132; las megamarchas anti Peña; los blogueros insurrectos de Cuba; la Primavera Árabe convocada desde la web; los ataques HOIC a sitios gubernamentales planeados desde plataformas fantasma; los livestreams que daban cobertura “real” de las batallas campales en Guerrero, Michoacán, en el Centro Histórico de la capital o durante el desalojo de manifestantes en el Monumento a la Revolución… bla, bla, bla.

En la web se gesta una cotidiana manifestación virtual que desde hace tiempo ha ganado adeptos y comienza a volverse insoportable, aunque se trate de un algo intangible. Es una piedrita en el zapato que ya no es tan invisible y empieza a colmar la paciencia de unos cuantos.

¿Pero acaso éste es el único punto que nos interesa de la reforma en telecomunicaciones? ¿Y los intocables beneficios para el duopolio televisivo? ¿Nos preocupa más nuestra cuenta de Facebook que la enorme presencia de Televisa y TV Azteca en la vida política, social y "cultural" de este país? ¿Así de jodidos estamos?

Seamos honestos: regulados y vigilados en la red hemos estado desde siempre, desde que tecleamos en el buscador palabras clave que quedan en el registro de la web; y entre más “peligrosas” sean nuestras búsquedas, más objeto de seguimiento nos volvemos. (Ver http://rj45.mx/4952/las-palabras-peligrosas-que-vigila-el-departamento-de-seguridad-de-eua-en-linea/).

Peor aún, si un gobierno es capaz de golpear de la forma más cínica a sus gobernados con leyes antihumanas, ¿realmente es necesario que nos regulen para encontrar pruebas de que somos terroristas virtuales y de esta forma proceder judicialmente en contra nuestra? Si así lo quieren, tengan o no pruebas de que somos unos ciberinsurrectos, van a venir por nosotros, sin órdenes judiciales de por medio. Así funciona el “totalitarismo democrático”, y en México hace tiempo que vivimos en un sistema así.

Por eso, el hecho de que tecleemos “Peña Nieto es un pendejo” ya no debería ser objeto de preocupación, como sí lo debería ser el hecho de creer que 1984 fue una novela disparatada y que el Gran Hermano no existe, lo digo sin querer sonar a un paranoico conspiracionista.

A Pedrito ya no le queda con qué divertirse, cree que sus padres lo controlan todo, lo considera un grave problema y por eso se manifiesta, pero el problema es no pensar en nuevas formas de diversión. Si el problema es la autoridad de sus padres y que los muros de su casa no le dejan salir, pues las paredes pueden ser dinamitadas y los padres…

*****


Y si la retorcida visión de quien escribe es la correcta, alguien de gobernación seguramente estará leyendo esto: que les den por el culo porque de todas formas no vamos a dejar de escribir lo que nos plazca escribir.

miércoles, 9 de abril de 2014

Un rompecabezas nada más


por Pep

Despacio, despacio me matas mientras buscas los lugares precisos del momento. De frente, de frente te tengo y es entonces cuando nada importa y poco nos inquieta lo que pase alrededor nuestro.

Tu mano extendida, como quien presenta una invitación cortésmente, extendida buscando la mía, y una vez que se encuentran tu boca ya está cerca, cerca de la tuya, cerca de sentir tu respiración, cerca de sentir tus besos, cerca de probar tu boca, tu lengua, tus besos; esos besos que te delatan, que me incitan, que me llenan y me dejan con ganas de más, siempre más.

Y es entonces cuando nos quitamos la ropa, y mis manos ya no tiemblan y tus manos ya no temen. Me pegas a ti y puedo sentir lo excitado que te encuentras, y sientes en mi pecho las ganas que provocas. Y queda el cuerpo expuesto a la vista, la ropa en el piso, en el tocador, en la silla, en el sillón… Hemos dejado en el piso el camino recorrido para llegar hasta tenernos de frente y desnudos. No hay frío ni calor, sólo estamos los dos, solos también; hasta las sombras se han ido.

Y pudo ser un evento programado, pero nunca seguimos los pasos ni las órdenes, así de testarudos somos, así de bien nos entendemos. De pie y de frente, ya sin ropa, mi mano se encuentra con tu sexo y entonces juego: juego con tus ganas juego con tus deseos, juego con lo que te hace vulnerable y te gusta… Tú, tú buscas los rincones en donde tus dedos puedan entrar. Quieres hacerme blanco fácil de tus impulsos de tenerme así de cerca, así de natural, y los hallas, y los metes y me tienes, literal, en tus manos, pero yo busco tenerte en algo más, en mi boca, por ejemplo.

Y sigue la lucha de tus demonios complacidos por los míos, y los besos no paran, no queremos que acaben; y tus manos en mi cuello, en la espalda, en el pecho, en las nalgas, tus manos recorren mi cuerpo y quieren más, y yo también. Entonces decides que es el momento en el que tus manos sitúen mi cabeza a la altura de la situación. Bajo poco a poco mientras un camino de besos te recorre el pecho hasta llegar debajo de tu ombligo; “una cuarta más abajo del ombligo”, diría el buen Armando Palomas. Y qué razón tiene, pues es justo “una cuarta más abajo del ombligo” en donde encuentro lo que tanto te gusta y lo que disfruto.

Y sientes cómo siento lo que entra y sale de mi boca, lo que te gusta sentir, lo que te gusta que haga, y es lo que más disfruto, pues si tú eres el que más siente y disfruta, yo me entretengo con el placer que me da el dar placer con la boca, con la lengua, con nuestras ganas.

Y disfrutas y disfruto, de eso se trata, de amarnos y amarnos, con una m al principio; de disfrutar el cuerpo que desnudo aprecias y aprietas, de que no tengamos pudor, de que las normas de lo social no nos impidan llegar al momento especial de tal evento. Me detienes, nos recostamos un poco y seguimos con la boca, la lengua y tu excitación. Es indescriptible lo que siento cada que te contraes al meterlo en mi boca, es incomparable lo que veo cuando levanto la cara, es magnífico lo que tus ojos dicen que estás sintiendo.  

Y viene el momento en el que empieza la función, se abre el telón y con él mis piernas; me coloco de una manera que ambos disfrutemos, pero yo controlo, y te gusta lo que ves, y te gusta lo que hago, pero más disfrutas lo que grito.

Seguimos así hasta que llega el momento de desconectarse, ese momento en el que tu sonrisa confirma lo que siento al tenerte dentro, ese orgasmo impredecible, incluso hasta tierno; y es justo esa ternura la que nos demuestra que hay algo, algo que no se explica, que no se cuestiona, pero que nos hace sentir y pensar, esa ternura de mi edad y esa galantería de la tuya, pero al final no importan las edades, ni los orígenes, importa el tenerte así, el que me tengas ahí, arriba, moviéndome, gritando, sintiendo y, ¿por qué no?, queriendo siempre más.

Entonces el momento de que termines se hace presente. De espaldas a ti ya estoy, empiezas a moverte de manera precisa, y el momento se acerca y lo siento en tus manos, en tus movimientos, en tu respiración, y es lo que me gusta, que sepamos lo que ambos queremos, incluso cuando no lo digamos.

Es parte de lo que implica ser el complemento perfecto, y me atrevo a decir “complemento perfecto” porque no tenemos términos ni condiciones, no hay contratos; lo único que nos tiene ahí es el sentirnos bien, acompañarnos cuando las cosas están difíciles, “querernos” con nuestros tiempos y espacios, con nuestras platicas e incluso con nuestros líos amorosos.

Y llegas y (te) viniste, y me siento bien, porque podrás tener todo y podrán darte mil cosas más, pero esos momentos nadie los iguala, nadie no los quita, nadie los reemplaza. Entonces ya recostados y más relajados hablamos, nos miramos, no decimos nada, sólo risas, las manos inquietas aún, y hablamos, como si nada, como amigos, como si nadie nos esperara.

Y es el momento en que ves de pies a cabeza (literal) mi cuerpo bocabajo, dices que soy pequeña, yo creo que eres más alto de lo que crees. El tema es cualquier niñería que se nos ocurra: hablamos como dos amigos que se encuentran en la calle, que se saludan con un beso en la mejilla, por decir mucho, que se sonríen y que en los ojos se delata el trato.

Llega el momento de salir, de vestirnos, de dejar esos momentos para un café, para una llamada, para un mensaje. Te levantas, me obligas a hacerlo, levanto el camino de ropa que hemos dejado en el cuarto; las piezas de un rompecabezas empiezan a acomodarse, pero siempre faltan dos, las dos piezas para que el cuadro quede completo, formado por todo lo que nos hace, lo que nos tiene y lo que nos completa.

Pero deberán esperar esas piezas, no tenemos prisa ni términos que cumplir, así de libres, así de locos, así de bien estamos.

Salimos juntos. En la calle nos despedimos como dos amigos que se encontraron, la despedida viene acompañada de un beso en la mejilla y una sonrisa indiscreta. No hablaremos en días, semanas quizá, pero es lo perfecto de una amistad a la que a veces le sobra la ropa y le faltan tiempos, es lo inusual de un rompecabezas al que siempre le faltan las mismas dos piezas.



jueves, 9 de enero de 2014

Decisiones erroneas


David sale del trabajo a las seis de la tarde. Hoy se dirige a casa de su cuñada para ver si le puede prestar su aspiradora. Sale puntual de la oficina y se despide de sus compañeros. Sube a su auto y sin prisa alguna toma la avenida Reforma. A esas horas el tránsito es insoportable. Él de antemano lo sabía pero hay algo dentro de la larga fila de autos que le gusta. Puede ser el hecho de perder tiempo. En el mundo lo peor que un hombre puede hacer es desperdiciar el tiempo. El hombre verdadero, el hombre trabajador, el buen hombre debe siempre ganarlo sea lo que signifique eso. En cambio, en los embotellamientos todos están detenidos en el tiempo. Avanzando en pequeños movimientos y sentados. El mejor pretexto para no hacer nada es meterse a una de las avenidas más transitadas de la ciudad en hora pico. Por ello, David ama el tránsito. Sabe que es una contradicción del sistema. Una pequeña fuga que le permite realizar un acto prohibido sin culpa alguna.

Una hora tardó en llegar a su destino. No se encuentra ni estresado ni descansado. Al llegar toca a la puerta y Silvia lo deja pasar. Platican un poco antes de pasar al tema central: la aspiradora. Silvia le pregunta por su hermana. Él le contesta que se encuentra de lo mejor. Ahora, Mariana está tomando un curso de macramé lo cual la tiene más relajada. A él le gusta esa Mariana. Una mujer tranquila, que no habla mucho y que sabe mover las manos a un buen ritmo y con precisión. Su cuñada le pregunta sobre su trabajo y él le responde que en la oficina todo va de lujo. Su sueldo ha aumentado, igual que sus prestaciones. Sus compañeros son tranquilos y al parecer pronto habrá despidos que no le afectarán en lo más mínimo.

A Silvia siempre le ha parecido un hombre extraño David. Un hombre más serio de lo normal. Habla muy poco de su vida y cuando lo hace es de una manera muy general que no le permite generar un diagnóstico de la personalidad de su cuñado. Para Silvia su cuñado nunca ha sido de confiar. Ella misma ha hablado con su hermana para que no baje la guardia en cuanto a su relación matrimonial. Mariana le presta poco atención porque a pesar de la poca comunicación existente con su esposo, ella le cree absolutamente todo.

Mariana se ha acostumbrado a la seriedad y discreción de su esposo. Desde que eran novios David se distinguió por ser un hombre elegante y sobrio. Nunca hizo grandes desplantes, tampoco llamaba la atención. Ella creía que ese era su secreto para ser un hombre interesante. Luego de la boda él continuó siendo el mismo. Pocas palabras, muchas miradas y sexo espectacular. A Mariana le encantaba su comportamiento en la cama: hablaba más, sabía moverse y le satisfacía todas sus fantasías.

David tomó la aspiradora que su cuñada le había alcanzado. Le dio las gracias y la invitó a comer a su casa la siguiente semana. Ella dijo que iría, pero sabía perfectamente que buscaría un pretexto para evadir la cita. Se despidieron y Silvia salió a acompañarlo. David subió a su automóvil e inmediatamente abandonó el lugar. En camino a su casa encendió el radio y buscó una estación donde estuvieran dando las noticias. Ya no había tanto tránsito así que llegó en menos de veinte minutos a su casa.

Esa casa la habían adquirido hacía a penas tres años. Se casaron y cada uno vivió en casa de sus padres durante un años más. En ese tiempo juntaron el dinero que ganaban en una cuenta común y gastaban poco, sólo lo necesario. Después de ese año buscaron un departamento. Mariana deseaba pasar el tiempo con su esposo, pero al parecer él no se sentía muy a gusto. Una amiga de Mariana le pasó el dato de un pequeño departamento en la Doctores. A ella le pareció horrible, él no dijo ni un adjetivo. La renta sería de dos mil pesos. Con el tiempo fueron ascendiendo en sus trabajos. Ganaban más, guardaban más y así juntaron para comprarse una pequeña casa en una buena zona.

Bajó la aspiradora de la cajuela y la arrastró hasta su casa. Abrió la puerta y enseguida escuchó la voz de su mujer que cantaba algo de una regiomontano. Hizo una pequeña mueca que parecía una sonrisa. Se adentró en la casa con la aspiradora en mano y se la mostró a su esposa. Mariana le agradeció por haber pasado a casa de su hermana y le dijo que se sentara a comer. David se dirigió al baño y se lavó las manos. Luego cogió un poco de agua y se la echó en el rostro. Vio su rostro en el espejo y vio las gotas descender por su mejillas. Cerró los ojos y enseguida escuchó nuevamente el coro de aquella canción popular. Sintió un escalofrío por todo su cuerpo. Metió las manos a los bolsillos de su pantalón y apretó los puños tan fuerte que sentía las uñas incrustarse en sus palmas.

David nunca se imaginó una vida como la que llevaba. Él no necesitaba nada para ser feliz. Quería vivir solo, tener un trabajo modesto y pocos amigos. Siempre gritó a los cuatro vientos que el trabajo en una oficina no le interesaba. Deseaba tener tiempo libre para sentirse bien consigo mismo. Le gustaba tomar los libros, sentarse por horas a leerlos o a veces ver las películas que daban en TeleCultura los sábados por las noches. Era muy normal en él cancelar las citas con sus amigos o con Mariana cuando eran novios, para quedarse en casa escribiendo las frases de los libros que había leído durante el mes. Sin embargo, todo cambió el día en que Mariana lo puso entre la espada y la pared. O tomaba en serio su relación o lo dejaba por ser un niño, un hombre inmaduro. David debió elegir.

Salió del baño y se sentó a la mesa. Se sirvió una pieza de pollo, frijoles y arroz. Sirvió dos vasos de agua de piña. Le extendió el vaso a Mariana y le dedicó un pequeña sonrisa. Ella comenzó a hablar de que Doña Mari, la señora que les hacía la comida, les estaba robando. No había azúcar, ni aceite, ni sal. Mariana culpaba a Doña María porque siempre llegaba con su bolsa que parecía vacía y cuando se iba parecía más que repleta. Le pidió a David que hablara sin falta con ella. Si era necesario la despedirían para enseñarle la lección de respetar lo ajeno. David asintió y siguió comiendo. En la mesa estaba el control. Lo tomó y encendió el televisor. Buscó el canal de las noticias. Ninguno de los dos habló. Se concentraron en las imágenes que presentaban a varios seres humanos tirados en el suelo y cubiertos con una sábana blanca. Al parecer alguien los había atacado con arsenal químico. El gobierno o los rebeldes, no se sabía bien.

Terminaron de comer. David recogió los platos y los llevó directo al fregadero. Comenzó a lavar la vajilla mientras su esposa limpiaba la mesa. Al finalizar se secó las manos y se fue directo al baño. Se sentó en la taza y se quedó mirando la ventana. Suspiró, volvió a apretar los puños y golpeó al viento. Soltó varios golpes al aire. Sentía la furia dentro de sus venas. Sabía que había tomado una mala decisión en su vida. Estaba harto de continuar con la farsa de esa vida que no le gustaba, que no había pedido pero era a la que había llegado. Lloraba, sus ojos estaban rojos, era el odio hecho hombre.

Salió del baño. Se puso la pijama y se metió en la cama. Mariana ya lo estaba esperando recostada y leyendo una revista de moda. Al ver que su marido se acercaba, dejó la revista en el buró y le bajó las cobijas. Él se metió y le dio un beso en la frente a su mujer. Ella, al sentir el beso le dijo que lo amaba. Él respondió que ya lo sabía, que también él la amaba. Después, su esposa, posando su vista en los ojos de su esposo le dijo que era la mujer más feliz de la tierra porque tenían todo lo que un ser humano podía desear: trabajo, dinero, amor. David sonrió. Le dio otro beso, ahora en la mejilla. Mariana le preguntó directamente si él era feliz. David volvió a sonreír, tomó la mano de su mujer y le depositó otro beso. Dio las buenas noches y se acomodó para dormir.

martes, 10 de diciembre de 2013

El sexo un placer de los mortales I

Por: B. Varglez.

Hoy no tengo ganas de mentarle su madre a Joel Ortega, ni continuar hablando mal del Sistema de Transporte Colectivo Metro, creo que muchos ya lo están haciendo y saben que cuentan conmigo para tomar cualquier medida a favor de partirle su madre a este idiota a pesar de las amenazas de que seremos llevados al bote por saltarnos un torniquete.

En otras cosas, hoy tengo ganas de separar un poco mi mente de los problemas mundanos (que son un chingo y que mientras no estemos todos en la misma sintonía y dispuestos a partir madres, nada cambiará). Hoy quiero perderlos en un mundo de sensaciones, en un mundo que a todos nos llama, que a todos nos gusta y que desde que lo descubrimos nuestra vida cambia ya que no se vuelve a ser el mismo o la misma.

Existen muchos placeres de los cuales un ser vivo puede disfrutar: comer, dormir, caminar; pero uno, el que es master de master y el que ni el mentado capitalismo nos puede arrebatar es el placer que nos da el sexo. El buen sexo nos cambia el ánimo, nos deja de buen humor y hasta logra que saquemos el estrés agolpado en nuestras venas.

Una buena cogida, como diría un conocido, es capaz de hacer que incluso se firmen tratados y acuerdos que pueden cambiar el rumbo de una nación, mover la economía europea, hacer que Enrique Peña Nieto diga y haga menos pendejadas... Ay, no, ahí sí me la jalé, eso ni naciendo siete veces este individuo pasaría... no es para tanto, me ganó la emoción del tema.

En fin, como les decía el sexo es un placer que cuando lo descubrimos no lo queremos dejar nunca, es como encontrar esa cajita de Pandora que abrimos y que cuando vemos todo lo que encierra nos hace nunca volverla a cerrar. La primera vez que tenemos un encuentro cuerpo a cuerpo es inolvidable y no por el hecho de el enamoramiento, esas son patrañas, lo que la hace inolvidable es la sensación que enchina nuestro cuerpo y el cúmulo de emociones que nos hace sentir el hecho de tener una piel ajena a la nuestra dejándose explorar por nuestras manos.

Sentir el olor del otro, los flujos del otro, la belleza de enredar piernas y brazos de tal modo que de dos sólo se perciba una figura con formas diversas. Pero el sexo va más allá de solamente abrir las piernas y penetrar. El sexo es disfrutar de un momento íntimo con alguien que nos despierta más allá que un “amor lindo”. No siempre el gran amor que nos traiga idiotas será el que nos dé lo mejor en la cama.

Porque el sexo mis estimados es ante todo pasión, entrega, delirio, fiebre de deseo todo agolpado en un momento y como dice el José José es arañar y besar y en mi opinión prefiero el deseo fugaz a la obligación permanente, por el hecho de que la “sociedad” establece que únicamente podemos coger con una persona porque somos bígamos (ay ajá), por eso hay tanto frustrado encasillado en el tránsito de esta ciudad o despacha boletos del metro con cara de amarguis.

No dudo que existan quienes sean felicidades teniendo pan con lo mismo a diario pero también como decía Juan Gabriel “hasta la belleza cansa” y a veces al patrón de la casa de tanto comer filete se le antojan unos frijoles de vez en vez. Sería tan bello este mundo si nos aceptáramos con lo que somos, si aceptáramos que de vez en cuando nuestra pareja tiene otras necesidades y hasta ser partícipe de ellas, de esos juegos sexuales que para muchos rayan en la desfachatez y la depravación, pero que si la pareja los aceptara seguro en este país habría menos divorcios y mucha gente satisfecha.

El campo sexual es muy profundo, está el sexo tantra que va en la dirección de despertar emociones y sensaciones nuevas a través de las caricias, olores y sabores que hacen llegar al clímax y donde la penetración es solo una cerecita del pastel porque todo el trabajo ya se hizo previamente estimulando el cuerpo con un simple roce en el dorso del brazo, sólo por mencionar un ejemplo.

Ese momento íntimo con nuestro compañero o compañera de cama debe de ser como una de esas visitas al Papalote Museo del Niño, donde tocar, jugar y aprender está permitido, en el que podamos experimentar sensaciones con nuestros labios posados en una espalda desnuda aderezada con miel  o sentir como unas medias de seda se enredan alrededor de nuestro cuello hasta dejarnos la piel chinita y más adelante descubriremos más porque el camino es largo y las ganas más.

Pero bueno por hoy los que no tengan pareja ni sexual, ni amorosa corran a darse una ducha de agua fría o nomás acuérdense que va a subir el metro dos pesotes y con eso se les baja el lívido y vuelven a la bonita realidad mexicana que vivimos nosotros los pobres con ustedes los ricos (verdad Miguel Ángel Mancera, me pega porque yo voté por ti canijo pinche desilusión), bueno ya me dio el bajón ahí se ven.

lunes, 9 de diciembre de 2013

De placeres

por Mister Bastard

No sé por qué tanta gente insiste en buscar el lugar más fino para tomar un trago, el de mayor renombre, el que esté mejor calificado por las revistuchas de moda, o al que de vez en vez, en sus ratos de ociosidad, suelen visitar los faranduleros que critican el sabor de las bebidas que saben exactamente igual a como saben en otros lados “más de su onda”. El chiste es mamonear.

Cuando el hígado exige una bebida, sea la que ésta sea, cualquier lugar es bueno, lo mismo uno de cinco estrellas o uno con fama de acabar con la vida (en el sentido figurado y literal) de sus visitantes.

Ya entrados en calor, una copa vale lo mismo en el putero, en la cantina de clasebajeros o en los lugares más exclusivos del país, el resultado es el mismo. El valor agregado, entonces, deja de ser la parafernalia que rodea el sitio y lo es más el baño con el que cuenta la taberna.

Si lo hay, uno medianamente limpio, si no con papel al menos sí con agua, es un plus que alivia tanto el alma como el desaguar los litros y litros de cerveza que uno pueda ser capaz de consumir.

Si no lo hay, el problema inicia desde el momento mismo en que uno reconoce que su vejiga no es tan resistente como pareciera, muy a pesar de la fama de ebrio empedernido con la que se cuente.

Y es que a últimas uno puede orinar en la pared exterior del lugar (si se es mujer, el problema es aún mayor) o bien puede hacer uso de la siempre efectiva botella de litro y medio que tantos favores puede hacer. Se rellena, se desrellena, según sea el caso.

Pero ¿y cagar? ¿Qué hacer si no hay una letrina donde puedas, ya no tranquilamente, pero sí al menos confiado, evacuar tanto como tu cuerpo, sumido en whisky, te lo permita?

La fiesta sigue, los tragos y las botanas no dejan de correr, pero es tu intestino el que te pide a gritos liberar presión. Puedes beber cantidades industriales de alcohol y pedirle a tu organismo de la manera más seria que te permita un par de horas sin tener que pararte a orinar. Pero no le puedes pedir a tu organismo que mantenga la caca alejada de tu mente sin que te estorbe.

Cuando el vandalismo estomacal comienza, el lugar, lujoso o inmerso en absoluta podredumbre, da lo mismo. Sí, es un error pensar que en un cinco estrellas no va a haber un retrete de mármol con un sujeto que corta los pedazos de papel por ti, aunque si sabes que vas a visitar un lugar de esos te previenes y cagas en casa, o te aguantas las ganas y te das el lujo de defecar como todo un líder diplomático en una reunión élite del G-20.

Lo que menos esperas es que en un lugar donde sólo existen mingitorios y para los que un inodoro es cosa de otro mundo, el deseo de defecar se vuelva una necesidad cuasi espiritual.

Pongamos la situación fácil: conoces el rumbo, sabes dónde puedes encontrar un baño público (muy público) que a altas horas de la noche te preste sus servicios, sin clavarte el diente con el precio y en el cual puedas desahogar garnachas, botana, alcohol fermentado, etc, etc, etc.

Pero  ¿si no?, ¿si se trata de un lugar en el que apenas y te atreves a asomar la cabeza a esas horas? ¿Vas a pedirle a los dueños que te dejen usar “su baño”, exclusivo para ellos”, en el que nadie salvo sus propietarios han posado sus tiernos traseros porque es “su baño” construido sólo para que ellos caguen?

¿Qué hacer? Tampoco te vas a atrever a cagarte en los pantalones y fingir que se trató de uno más de tus actos inconscientes cuando tomas más de lo debido, ésa ya lo te la van a creer.


Francamente no sabría responder. Lo ideal es, muy a pesar de los planes que tengas, pasar a tu baño, tomarte unos cuantos minutos y cagar. Situaciones como ésa pueden ocurrir en cualquier momento, pero no dejes que la caca arruine la fiesta.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Semana de muertos, tradiciones vivas

por B.Varglez

Esta semana es dedicada a nuestras tradiciones, las verdaderas, las de nuestras raíces y que bien también pueden ser combinadas con otras; la idea es no dejar de lado lo que nos gusta y llevamos años haciendo, no sólo porque tenemos un gobierno pendejo y represor lo dejaremos de lado. Y no porque celebremos un poco quiere decir que somos indiferentes ante las circunstancias o problemáticas de nuestro país.

Porque a decir verdad es necesario que nuestras tradiciones no mueran, el por qué, en parte por nuestro pasado tan rico, donde los ancestros realizaban todo un hermoso ritual para invitar a las almas a venirnos a visitar en estos días dedicados a los muertos: el copal, el pan de muerto, las veladoras y los platillos preferidos de nuestros seres que ya no están en este mundo.

Sus almas, como un fino polvo (el que no quiera creer en ello muy respetable), se desliza por las paredes de nuestras moradas y nos regalan un poco de su presencia.

Cuenta la leyenda que si comes algo que estuvo expuesto en la ofrenda no tendrá, sabor ya que las ánimas se lo llevan como agradecimiento por déjaselos en su altar.

Pero no sólo por lo anterior es por lo que debemos poner o visitar una ofrenda, sino porque de estas hermosas tradiciones está detrás el trabajo de mucha gente trabajadora: campesinos, artesanos o simples vendedores que buscan llevar el sustento a sus mesas ofreciendo los artículos que le darán vida a la celebración.

Es cierto, para muchos el Día de Muertos ya se volvió Halloween, una festividad extranjera y que nada tiene que ver con nuestras raíces, pero tampoco podemos juzgar tan fría y severamente esta fiesta, pues muchos (no se hagan) la utilizan de pretexto para empinar el codo (más que de costumbre) y ya ni siquiera la arman chido disfrazándose o haciendo algo referente a la fecha, solamente compran el alcohol, beben como cosacos y se atreven a llamarlo Halloween

Ni madres, si no hay disfraz, ni ofrenda es una borrachera cualquiera, así que no sean payasos, ni ridículos.

Pero total, que como les decía, el trabajo de mucha gente está presente en todo este rollo y uno de nuestros queridos barrios (no, no es Coyoacán, hay más en esta vida que ese sitio para estas fechas), La Merced, es uno de los lugares donde podemos encontrar un sinfín de cosas para nuestra pachanga, ofrenda, Halloween o como fregados quieran llamarle.

Empezando porque es un deleite dejarse envolver desde el mercado de la fruta, las legumbres y carnes, hasta la zona donde está todo lo referente al Día de Muertos. Se emboba uno y se le pasan las horas de lo lindo en el pasillo de los dulces, entre apretones y empujones, pero en verdad, si uno no es muy mamón, se la pasa chido, compra barato y lo hace directamente a un pequeño empresario, no a una trasnacional, además de que lo que te lleves es fresco y de calidad.

Otro lugar donde puedes ir también a comprar, bobear o simplemente a cenar y deleitarte con el pan de muerto y otros postres o antojos, es el mercado de Río Blanco, ubicado en Congreso de la Unión. Ese es un antiguo mercado que también tiene una gran variedad de precios y productos para tus ofrendas.

Ya si te da mucha flojera andar en mercados enormes y abundantes de gente, pues de perdida visita el de tu colonia, que seguramente también tendrá lo que necesites. El chiste es consumir lo que otros hacen y ayudar a los pequeños productores; al fin sales ganando porque la cartera te lo agradecerá.

Ahora bien que si lo tuyo de plano no es la manualidad (me refiero a la puesta de los altares, no sean cochinos), entonces váyanse a observar y visitar los que ya están hechos, como lo son las ofrendas que ofrece el GDF, los altares en Ciudad Universitaria; éste es maravilloso porque siempre lo dedica a un personaje en particular, y ahí se puede ver qué facultad de verdad le echa ganas a las cosas y cuáles nada más lo hacen para salir del paso.

O bien las ofrendas y altares que ofrecen los museos como el Dolores Olmedo, el de Antropología e Historia, el de Medicina, el Museo Nacional de las Culturas Populares, Museo Casa del Risco, Bellas Artes, de entre muchos otros que incluso llegan a ampliar su horario para que los puedan visitar.

Ya que si tienes varo y días libres, puedes irte a las festividades en Oaxaca, Mixquic, Janitzio, Jarácuaro, Veracruz, Puebla, donde la naturaleza hace lo suyo ambientando el lugar; o bien, si quieres arriesgarte a ver qué tal está este año la presentación de “La Llorona” en Xochimilco o siquiera vete a ver “Don Juan Tenorio”, hay muchas compañías de teatro independientes con buenos montajes, tanto de parodia como en serio.

La elección esta semana la tienes tú, amigo lector, no seas amargado y vive las tradiciones de este pueblo, que no todo sea sufrimiento. Dejemos ver que no han acabado con todo aún y que somos un pueblo que se rescata y busca la unión, que no quiere perder su esencia, aunque haya muchos ladrones de cuello alto que nos quieren ver sumidos en el dolor y la tristeza.

Buena semana de muertos y no dejen pasar la oportunidad de mandar sus textos en la convocatoria que lanzó Regiones Inferiores. Dejen que las letras los envuelvan.


domingo, 27 de octubre de 2013

No disponible

Gustavo Y.


La imagen de un ya muerte es estremecedora. Qué pasaría por la cabeza de este hombre cuando aún tenía vida. Qué sentía, qué pensaba, qué deseaba cuando lo entrevistaron a las afueras del hospital de Guaymas. El hombre murió ahí. La opinión pública busca culpables. Desde el director del hospital hasta el presidente sonaron como los verdugos de este campesino.

Generar culpables es lo de menos en este caso. Un hombre pierde la vida porque no tiene seguro. Su muerte se debió a no tener ni un centavo en el bolsillo. Muchos periódicos utilizaron la frase “perdió la vida”, pero la verdad es que se la arrebataron.

Las reglas de juego en este mundo indican que el que no tiene no existe. Si no existe, bien puede morirse afuera de un hospital (qué ironía), siendo un ente invisible. Su pérdida no afecta porque muchos como él están aún de pie para seguir trabajando para los otros. José Sánchez Carrasco se fue envuelto en una cobija y en la soledad de este mundo superpoblado.

Los esclavos, los sinnombre, los campesino, los indígenas, las mujeres, los gais; en general, los que llaman “las minorías” aún no ven cambios sustanciales en este siglo XXI. Para ellos, los derechos humanos aún no están cien por ciento disponibles.

lunes, 21 de octubre de 2013

Nos caga que nos cague

por P.I.G.

Nos caga que algún funcionario en alguna oficina de alguna instancia gubernamental nos pida dinero para saltarnos los lugares de la fila y realizar antes que todos los trámites correspondientes; nos caga la corrupción, pero no nos gusta formarnos.

Nos indigna que una mujer y su niño en brazos mueran atropellados por un asqueroso inconsciente detrás del volante, pero más de una vez hemos salido de una fiesta ebrios hasta el recto y nos hemos cruzado los semáforos rojos porque nos parece un claro ejercicio de rebeldía.

Nos perturba que ese hijo de vecino no le ceda el asiento a una mujer en el transporte, pero el día que nosotros somos ese hijo de vecino que tiene el privilegio de ir sentado, pensamos: “Total, no está tan grande, puede ir parada y no creo que vaya muy lejos”. Ja, nos caga la discriminación, pero peyorativamente usamos el término “hijo de vecino” con ese sujeto que va sentado.

Odiamos que los políticos desfalquen y roben a sus anchas, pero si se presenta el caso no diremos nada al señor de la tiendita que nos ha dado cambio de más. Robamos a nuestra manera, y eso ya nos hace cómplices.

Nos cagan los legisladores que duermen sin descaro en sus curules, pero “la semana laboral debería durar sólo tres días”.

Odiamos el machismo, pero “que no vayan viejas a la fiesta, que vaya puro cabrón para que se ponga mejor el asunto”. Odiamos el feminismo, pero “pinches hombres”, cuando un pinche hombre y una pinche mujer es también un pinche papá y una pinche mamá.

Nos encabronamos con los “pinches encapuchados” que pintan y dan mala imagen a la ciudad, pero si ya no hay remedio orinamos en los parques y muy a menudo tiramos basura; al fin sólo es una colilla de cigarro.

Nos caga la propiedad privada de los poderosos, pero que no se atrevan a ensuciar “mi auto”, que no peguen estampitas en “mi casa”, que nadie venga y coma en “mi mesa” o que ni se les ocurra tomar prestado “mi celular”, porque eso es mío y sólo yo puedo hacer uso de ello.

Nos caga la forma cruel y despiadada como matan a los cerdos, pero esos tacos seguramente te hacen olvidar que ya eres parte del círculo de la tortura.

Nos caga la apatía de los futboleros y sus dos horas de alienación, pero las ocho horas de embrutecimiento etílico nos parecen razonablemente aceptables.

Odiamos la hipocresía y el fanatismo de las iglesias, y por eso hay que quemar iglesias y crucificar cristianos, eso no es ni hipócrita, ni fanático. “Qué bueno que hayan crucificado a Cristo”, pero qué pinche indignación por la manera en que crucificaron inocentes durante las purgas soviéticas.

Me cabrea el racismo en todas sus manifestaciones, pero “ese indio apesta a campo y esos pinches blancos hijos de papi deberían largarse del país”.

Me caga la xenofobia, “pero pinche Laura Bozzo, que se regrese a su país, aquí no la queremos”.

Al diablo con las trasnacionales, “pero la cerveza sale más barata en Walmart”.

Odio a los burgueses, pero “si tuviera su dinero ya me hubiera largado de este país y terminaría mis días viajando alrededor del mundo”.

Me cagan los productos de farándula de Televisa, “pero qué rica está Galilea Montijo”.

Estoy en contra del aborto, pero “a ese pinche Loret de Mola no le hubieran permitido nacer”. Sí, aunque sea sólo sentido figurado, igual se piensa con bastante entusiasmo.

Odio la represión, “pero que se madreen a los maestros por pinches güevones”. Odio que las marchas obstaculicen la ciudad, pero “si le suben un peso al precio del refresco sí salgo a las calles a protestar por mi derecho a la libre compra” (sic).

Me caga que el sistema desplace y reduzca al mínimo mi libertad, “pero quiero que mi pareja esté siempre aquí y que no se le ocurra ir a donde yo no vaya sin que me entere”.

Nos caga la hipocresía, pero siempre viajamos a todos lados con nuestro espejo, con la moralina, con la doble personalidad, con el claroscuro de la personalidad humana, con los principios fundamentales aprendidos a través de tantos años, pero con el cesto de basura para cuando los valores estorben y poderlos mandar a la mierda por un rato.

Nos cagan las medias tintas, pero el ser humano siempre camina sobre la línea media que divide los polos, los extremos, las aristas opuestas de la vida. 

Al humano le caga la humanidad, pero ha hecho un (semi)esfuerzo malogrado para acabar con ésta, y se ha conformado con repetir una y otra vez que le caga y le caga y le caga, pero siempre termina limpiándose la suciedad, duerme tranquilamente y al día siguiente todo le parece un poco más normal.


miércoles, 16 de octubre de 2013

La generación idiota…..la generación del mañana

por B. Varglez


Tengo una severa fijación con el transporte público, pero es que ahí es donde se descubren y se observan un sin número de temas que se agolpan en la cabeza, con los tantos y tantos escenarios que se presentan.


Y sí, el que vaya lleno me trae varias ideas a la cabeza, una de ellas que ya somos un chingo de mexicanos; no estoy idiota, sé que ya lo saben, pero es que es impresionante cómo parecemos marea, sobre todo en horarios de las siete de la mañana a las nueve y media, o bien de las seis de la tarde a las ocho de la noche; somos mareas de ciudadanos luchando por llegar a los centros laborales o bien luchando por el regreso a nuestros hogares.


Somos grandes hordas, donde los orcos en El Señor de los Anillos me cae que se quedan pendejos, porque también hay cada hijo de puta malparido (disculpen lo burdo del vocabulario) que se gana a pulso las mentadas de madre, primero porque no tienen educación, les vale madre y ahí si aplican la equidad de género mientan, golpean y taclean con singular alegría. El problema: la educación y la poca tolerancia que hoy en día, casi nadie tiene o si la tuvo ya se le olvidó.


El mejor culpable es el estrés, acompañado de las preocupaciones que no nos dejan ni a sol, ni a sombra, y, claro, el estrés y le añadiría yo también el sin número de embarazos de jóvenes que no saben ni limpiarse la leche pero ya quieren sacarla.


Lo siento, aquí las cosas como son. Pero, bueno, estábamos en la educación; no voy hablar de lo mala que es en las escuelas públicas, todos, absolutamente todos lo sabemos, y sí, no es culpa directa de los profesores, ya que ellos se tienen que acatar a un programa que da la eficiente Secretaría de Educación Pública (es tan profunda en sus programas como charco de agua).


En fin, que muchos padres aún tienen la idea de que las escuelas son guarderías y los maestros niñeras teniéndose que hacer cargo de sus hijos por cuatro o cinco horas, nomás porque no tienen un lugar mejor donde dejarlos. Pues no, las escuelas no tienen la obligación de terminarles de criar el hijo a ningún hijo de puta, las escuelas se supone deben dar la formación para la vida profesional.


Muchos padres que tal vez no quisieron serlo no les dan a sus hijos en su casa la formación de verdad, porque no basta con que se la pasen leyendo todo el día. Conozco varios “intelectuales” que sí están listos para dar cátedra y son todos unos cerebros, pero eso no les quita lo patanazos y nacos (con nacos me refiero a persona fuera de lugar en una situación, y nada tiene que ver con la apariencia física ni con el origen), porque no saben comportarse o que andan ahí de payasos defendiendo los derechos humanos, pero a veces son los que más los pisotean.


Los problemas aparte del tema educativo y de valores recaen en que los padres, en su mayoría (y no generalizo, aclaro), tienen una enorme apatía por lo que sus hijos hacen o dejan de hacer, porque hay cosas más importantes que ver en qué andan sus hijos; tienen la idea de que con darles un computador, una tablet, celular, ropa y dinero cubren todas sus necesidades y no se dan cuenta que sólo están formando generaciones idiotas para el mañana.


Todos bien sabemos que los adolescentes de entre 15 y 18 años sólo se sientan frente a la computadora para chatear, entrar a música, páginas porno y son sólo ejemplos de toda una gama de opciones que hay para perder el tiempo, y lo peor es que ya no son sólo los adolescentes de 15 años, ya también sucede con los niños de primaria y secundaria.


Lo más paradójico es que muchos padres se preguntan: ¿Qué le estará pasando a mi hijo que va mal en la escuela, que se ve triste, que no come?, cuando la respuesta la tienen muchas veces frente a sus narices, pero no la pueden o no la quieren ver, empezando porque ellos mismos son proveedores del resultado de las acciones de un niño, como aquél que no se para temprano y la madre se pregunta por qué, pues porque se queda hasta las dos de la mañana chateando y nadie, ni mamá ni papá, tuvo la decencia de recogerle la laptop para que el crío no se distraiga y se duerma.


El otro día, en un centro de terapia infantil, me tocó ver a varios niños y niñas que ni jugaban, ni interactuaban entre ellos, “niños ricos” metidos en sus tabletas; sólo dos que eran hermanas hablaban de todos los gadgets que ya tenían y de los que les faltaban. Bueno, hablaban de cosas que yo ni entendía. Como dicen: "los niños ya no vienen con torta bajo el brazo, vienen con chip".


Se quejan de la obesidad infantil, pero las soluciones nadie las dice, porque nadie está dispuesto a llevar a su hijo a jugar todas las tardes al jardín o a que practique algún deporte; es más fácil darle un play o descargarle los juegos de moda en la computadora y tenerlo ahí por horas y horas. Nos quejábamos de la caja idiota que era la televisión, pero ahora las cajas idiotas vienen empacadas por Apple, HP, Acer y varias marcas más. Lo malo es que todos y todas queremos una y la mejor.


Será que algunos ya estamos chocheando, pero yo sí extraño los parques llenos de niños brincoteando y dando lata a lo bestia. Siempre será mejor ver niños sanos que gritan y corren, a ver niños neuróticos si se les acaba la pila del celular, si se les acaba la memoria y están en su juego favorito, si se va la luz y están chateando.


Si tú eres padre, date un tiempo para observar a tus hijos, ver sus problemas, lo que necesita, con quién habla, quiénes son sus amigos y no lo llenes de objetos, muy funcionales (nadie lo niega), pero fríos como hielo. Edúcalos, dales valores, enséñales a querer a la naturaleza, dales una vida de niños, que de adultos ya tendrán mucho, mucho tiempo para estar metidos en el tráfico y esclavos de un teléfono y una computadora. Date y dales un chance de tener una infancia mejor que la que hoy en día se ofrece. La escuela hace una parte, tú no evadas y haz la tuya.

lunes, 7 de octubre de 2013

Simetría irregular

por P.I.G.

De un lado de la acera, una mujer bella, muy bella, desciende de un automóvil.  Ella sabe que la gente la volteará a mirar, no solamente los hombres morbosos que atienden con la mirada todo aquello que inspire lujuria.

El auto, de lujo, es de la agencia de modelaje en la que trabaja la mujer. El rojo de la lámina hace juego con el rojo de los labios y el rojo de la ropa interior, pero nadie, excepto yo, conoce el último detalle.

Luego de echar un vistazo por el lugar y desaprobar con la cabeza (es un barrio “pobre” o “no tan rico”), retoca su rostro con maquillaje; no debería, no es necesario, pero así lo cree y por ello aplica una capa más de ese maquillaje caro con el que podría alimentarse una familia por un par de días.

Camina acompañada de su representante, se sabe protegida en un lugar que ni siquiera conoce. Sus gafas oscuras le permiten evitar directamente las miradas de quienes tienen la fortuna (eso cree ella) de cruzarse en su camino.

Los comercios por donde pasa le parecen insignificantes; las zapaterías, las boutiques, el puesto de joyería de ilusión, la tienda de perfumes rellenados, todo, todo es sucio, es naco, inferior, huele a salario mínimo, a miseria.

Unas cuantas cuadras y llegará al edificio donde la esperan un par de fotógrafos que no tienen otra preocupación más que hacer su trabajo, “atrapar” esa belleza femenina a través de la lente y hacer una linda campaña que posicione exitosamente el producto en el mercado, venda millones, impulse la carrera profesional de cada cual y procure millones de pesos en ganancias, y así todos vivan felices hasta el último de sus putos días de vida.

Antes de llegar al lugar de la cita, la belleza de portada se topa accidentalmente con un hombre a bordo de su bicicleta, un hombre con una sola pierna que pedaleaba despreocupadamente su bicicleta y que ahora ha caído al suelo y ha sido sometido por el guardia de aquella mujer.

Qué mierda de infortunios tiene la vida: él ha sufrido un par de raspones, nada de gravedad, pero la mercancía que transportaba sufrió algunos daños; a ella, por su parte, se le desprendió una uña (postiza) y su peinado de salón se descompuso levemente, por lo que pide que se atienda de inmediato la emergencia.

El hombre de la bicicleta de inmediato reanuda su paso, no sin antes disculparse por la imprudencia. La mujer ni siquiera le dirige la mirada, se coloca de nueva cuenta sus gafas oscuras y continúa su camino, desbordando belleza y dejando tras de sí el hedor de aquella fragancia fina.

Al llegar a donde lo esperaba su jefe, el hombre pidió disculpas por el retraso, contó la historia (o al menos eso trató de hacer) y prometió que no volvería a ocurrir incidente como ése. Su jefe (ni siquiera es necesario describirlo) hizo oídos sordos a todo, amenazó con descontar del ya de por sí mísero salario el retardo y los imperfectos en la mercancía, y le exigió que se incorporara de inmediato al trabajo.

Ella entró y fue recibida con ovaciones, con un “estás preciosísima” o un “de verdad que tu belleza se nota desde antes de salir del elevador”. Le ofrecieron todas las atenciones que una belleza de esa clase debe recibir en todos lados, todo el tiempo, al menos así lo considera ella. Se limitó a aceptar una primera copa de vino y a desdeñar con la mirada todo a su alrededor; total, un puto palacio no era suficiente para ella, menos viajar en un Corvette rojo con chofer, o cobrar cien mil pesos al mes por mostrar un par de senos semiperfectos para anunciar una marca de toallas femeninas.

El hombre tuvo otro encargo, tenía que salir, cruzar media ciudad en bicicleta, con una pierna, pero “en chinga, y si te atraviesa otra pinche güera, le agarras las nalgas y le sigues, no salgas con esa pendejada de que te esperaste a pedir disculpas, pendejo”.

En fin, era trabajar con el jefe o pedirle a dios, al estado, al diablo o a la mafia que le permitiesen un pedazo de pan para alimentar a su familia y alimentarse él mismo. En esta vida seres como él no pueden darse el lujo de desperdiciar oportunidades; es necesario comer pan, más necesario aún es pelear con la rata por un trozo de éste.

Ella pidió un trago más, tenía que quitarse de alguna forma la incomodidad que significaba trabajar con gente de categoría inferior. Pidió que todos se alistaran, tan pronto sorbiera el último trago de su copa la sesión iniciaría, acabaría el trabajo en un par de horas y saldría de ese bodrio de estudio.

Para él la ciudad era asquerosa, grasosa, repugnante, pero tenía que vivir ahí. Acostumbrado estaba a que la gente lo volteara a ver con morbo (como a la mujer), no porque poseía la grandiosa habilidad de montar la bicicleta con un solo pie, sino porque sólo poseía una pierna.

Después de que ella posó sin mesura, gozando desde luego del aire acondicionado y con toda clase de bondades, culminó su labor, firmó un par de autógrafos, agradeció hipócritamente por las atenciones y salió de la sala de trabajo.

Él regresó sudando, con un hambre atroz que en verdad le crujía dentro del estómago; entregó cuentas al jefe, pidió permiso para salir a comer unos tacos y a regañadientes logró diez minutos libres.

El vino y los entremeses comenzaron a hacer efecto, y para evitar problemas durante el camino la mujer optó por ir al baño y hacer sus necesidades como cualquier otra persona, o no tanto: en un baño perfectamente limpio, blanco hasta la ofensa, con un olor floral exclusivamente seleccionado para el olfato de la belleza que honra con su presencia; con toallas perfumadas y jabón delicado con la piel.

Tras terminar con sus dos órdenes de tacos (habrían sido más si su economía se lo permitiese), el hombre regresó a la fábrica. Hizo una pausa en el baño, se colocó como pudo sobre le retrete; debido al reducido espacio entre éste y la puerta, tuvo que dejar afuera la muleta con la que se sostenía al caminar.

Por primera vez, y pese a las pendejas y obvias diferencias que existen entre uno y otro, ambos colocaron sus traseros en el inodoro, cagaron, y el resultado fue exactamente el mismo: caca y papel sucio. Así, pues, no se necesitaba de otra prueba más precisa para afirmar que ambos, ella y él, él y ella, eran iguales, ni mejor ni peor que el otro.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Tanta culpa tiene el que mata a la vaca, como el que le agarra la pata

por B. Varglez

Eres lo que comes, ¿qué tan seguido escuchamos esto?, más de las que nos interesaría contar, pero ¿qué tanta culpa tiene un proveedor de los daños que cause con sus productos y servicios a un consumidor?, ¿hasta dónde es responsable del consumismo desmedido y dañino de un ser humano?

Obviamente las empresas no se libran de todo mal porque con las campañas que lanzan hacen que cualquiera (cualquiera que se crea todo lo que le dicen, lamentablemente el común denominador de la población) piense que tal píldora le hará reducir los kilos que ha logrado acumular en años y años de alimentación basura y sedentarismo, en donde el mayor deporte es levantarse a apagar la televisión cuando no se encuentra el control remoto o cuando se cree que un aparato para ejercitarse les dejara cuerpo de Terminator en su época de apogeo.

La realidad es que es difícil aceptar que algunos productos nos causan severos daños a la salud, tanto física como mental. En culturas como la americana (aquí no dudo que también se haga) le encuentran la solución perfecta a un producto que los engordó, los dejó ciegos, tarados, con insuficiencia renal, diabetes, cáncer e inclusive los haya dejado sin pareja.

La solución maravillosa se llama demanda, así es, no importa que hayan perdido un pulmón, un hijo, a su chingada americana madre, no, eso es lo de menos, si hablamos de dinero, de que existen grandes sumas millonarias de dólares que pueden embolsarse, ahí se les olvida lo que cualquier empresa, por muy poderosa que sea, les haya causado.

Pero me gusta aterrizar las ideas a la vida cotidiana y ver que hay más en realidad, aunque muchos peguen el grito en el cielo y me hagan la de qué lado estoy. No puedo evitar callar la duda y la duda como dicen “mata el alma y envenena”, sí, así es, es una frase del clásico Chavo del 8.

Aquél que me diga que nunca en su vida se ha puesto a ver ni Televisa ni TV Azteca en algún penoso momento de su vida, definitivamente no le voy a creer, porque seguramente, involuntariamente o voluntariamente, su jefa les puso alguna novela que estuvo viendo en algún momento o bien algún programita para niños durante las vacaciones o el desayuno.

Esto no es un delito ni debe de darnos pena aceptarlo, y al que le dé, me cae que cuando vuelva a ver a Chabelo en su muro le lavo la boca en un inodoro de un bar de ínfima categoría del centro de nuestra adorada ciudad, y miren que tepacherías de dudosa calidad sobran, así que no me mientan.

Pero todo lo anterior nos lleva a la respuesta genial de que de algún modo u otro hemos sido conscientes o no conscientes consumidores de la basura que estas televisoras tiran día con día, ya sea desde ver el “Pokemón”, “Los Padrinos Mágicos” hasta “María de todos los Ángeles” (que les diré que es de lo más rescatable y tal vez por eso está congelada, porque pintan a sus televidentes al centavo), pasando por “Niña Amada Mía”, “La Academia” o Historias Engarzadas”.

Esto sólo nos da una pequeña muestra de por qué es que los Twitter más visitados y con más cantidad de seguidores son los de actores (bueno, por ponerles algún mote) como Anahí, Lucero, Paulina Rubio o conductores como Adela Micha, Carlos Loret de Mola o Joaquín López-Dóriga, entre muchos otros que sabemos a regañadientes que sólo sirven de parapeto para decir lo malo que son los que piensan diferentes a nuestro estimado gobierno federal.

Cuando se armó todo el desmadrito de Laura Bozzo, la verdad es que no me sorprendió, lo que me sorprendió es que la gente en sus casas siga viendo su programa, porque no en balde a esta señora se la trajeron del Perú, saben que su mercado son las desgracias ajenas y lucrar con ellas, y qué mejor que Mexiquito lindo y querido, donde las desgracias abundan naturales o fabricadas.

Y claro está, ella no se maneja sola, es un servidor más de un poder que nosotros mismos -no me cansaré de repetirlo- hemos fabricado con hartas ganas, donde es de lo más fácil que a una conductora de un programa mediocre se le preste un helicóptero del estado de México para hacer sus reportajes en Guerrero. Lo peor y lo más triste es cómo hacer entender a ese sector de la población, el más jodido y el más fregado, que la idea no es ayudarlo, la idea es sólo tomarlo como una pantalla para crear falsas ideas en la mente de otros.


Por eso mismo cuando pienses que Televisa y TV Azteca hacen poblaciones con mentalidades idiotas, revisa bien que no seas tú mismo parte de esta gran “fábrica de sueños”, porque no se equivocan, es la fábrica de sueños, sueños que nos hagan evadirnos de la realidad y no ver cómo nos joden y nos joden los gobiernos que siguen y seguirán pasando por los siglos de los siglos amén.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

La indiferencia, nuestra única moneda de cambio

por B. Varglez



Los gritos desde hace mucho en nuestro país han dejado de ser de Viva México, de Viva la Patria, Vivan los héroes que nos dieron independencia. Los gritos en nuestro país ahora son de hambre, tristeza, desolación, desconcierto, decepción y melancolía por los tiempos que nunca han existido y sólo la jodida sabe si llegarán a existir.


Dicen algunos que sólo criticamos que si el país es una mierda, que si los gobernantes valen menos que eructo de chinche, que si la corrupción que nos inunda, que si la indiferencia que mata más que cuchillo cebollero. 

La indiferencia, tal vez, sea nuestro mayor y más grande problema. En qué grado será posible intentar cambiar algo, si somos como piedras inmutables.


Criticamos la actitud del imbécil de Enrique Peña Nieto (obviamente estoy totalmente de acuerdo con todo lo que de este fulandrejo se diga) y de su familia, pero esta porquería no es más que el resultado de lo que durante años y años hemos creado, esa masa que criticamos y que conforme pasan los sexenios se hace más enorme e incontrolable y no encontramos el modo de pararla porque no pasamos de ser simples espectadores.


Y no necesitamos ver esta indiferencia en problemáticas tan grandes como conflictos magisteriales, problemáticas de partidos en su interior, la posible y cada vez más palpable venta de Pemex, otro trozo de nuestra ya tan devaluada patria; no tenemos que ver tan lejos, lamentablemente no. 

La indiferencia está a la vuelta de la esquina, está en cada rostro que vemos en la calle: cuando un fresa de unidad habitacional ve con asco a un indígena, cuando un caballero o una dama ve que le están partiendo la madre a otro y ni siquiera se inmutan para detener la bronca y llamar un policía; o cuando éstos extorsionan al dueño de una frutería o tienda, cuando un pequeño niño está en la lluvia vendiendo chicles, cuando un anciano es llamado estorbo por un joven.

Cuando lejos de alimentar a un animal de la calle, le arrojan agua; cuando nos podemos pelear a muerte por un lugar en el transporte publico, pero es mejor hacerse el dormido a cederlo a una embarazada o una persona de la tercera edad; cuando ves que tu jefe es injusto con otro empleado, cuando una empresa no te paga lo justo; cuando herimos al que nos ama, cuando te pasas un alto y encima te ofendes porque te dicen pendejo.


En fin, hay una y mil cosas que podríamos empezar a cambiar en nuestro entorno inmediato y que no lo hacemos por la bendita indiferencia acompañada del egoísmo y el valemadrismo, si no está de por medio algo que nos beneficie.

Ahora bien, ya no nos preguntemos cómo podremos resolver las enormes problemáticas del país, si nuestro civismo y patriotismo están por los suelos. Nos decimos muy mexicanos y regionales porque las chicas son adoradoras de Frida Kahlo, andan con trenzas y morrales, pero traen Converse y al que escucha banda o ranchero le dicen naco.


Para ser mexicano y sentirse orgulloso de ello, no es necesario andar de huipil y huaraches, ni ser un "radical" balín, para eso mejor me voy a Coyoacán, la Del Valle, la Condesa y la Roma, donde creen que porque van a tomar chelas a La Lagunilla y traen un libro bajo el brazo ya son regionales y que terminan siendo más una pose de moda radicalista. 

Para ser mexicano hay que tener orgullo y dignidad, ser solidario y buscar la unidad, sea cual sea el precio, pero lamentablemente sólo algunos y por sectores están dispuestos a pagarlo, obviamente también con la búsqueda de la mejora propia, eso tampoco es del todo correcto.


La mayoría espera que alguno de los personajes heroicos del cine gringo venga con su esplendorosa capa y nos salve de los malos de malolandia, pero mejor nos sentamos porque aquí ni el Chapulín Colorado nos va a salvar.

No sería de extrañarse el comentario que un amigo me hizo hace un par de días: "El día que la Selección Mexicana gane su pase al Mundial, ese día se aprobará la reforma fiscal". No lo dudo, porque papa gobierno sabe que a la mayoría pan y circo para poder seguir cogiéndonos bien y bonito, porque el que se levante siempre será tachado de alborotador.

Y lo mejor, que los mejores Judas están nuestro entorno, por eso no es raro el 15 de septiembre haber visto un Zócalo retacado. Nosotros hemos creado ese monstruo, tenemos lo que merecemos.