Julio Cortázar - Cuentos Ciudad Seva
"No renuncio a nada, simplemente hago lo que puedo para que las cosas me renuncien a mi."
Cuentos de H.P. Lovecraft - Ciudad Seva.
"The oldest and strongest emotion of mankind is fear, and the oldest and strongest kind of fear is fear of the unknown."
Jack Kerouac - Página oficial
"I saw that my life was a vast glowing empty page and I could do anything I wanted."
H. S. Thompson - The Great Thomspon Hunt
"We were somewhere around Barstow on the edge of the desert when the drugs began to take hold."
Fernando Pessoa
"Não sou nada. Nunca serei nada, não posso querer ser nada. À parte isso, tenho em mim todos os sonhos do mundo."
Edgar Allan Poe - Cuentos Ciudad Seva
"They who dream by day are cognizant of many things which escape those who dream only by night."
Javier Marías - Postales Regiones Inferiores.
"Los amores pasados siempre ofenden a los amantes nuevos, por muy muertos que estén aquellos."
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martes, 3 de septiembre de 2013
No es lo mismo periodista fotógrafo independiente que delincuente
Por: B. Varglez.
Uno siempre ve de
fuera los hechos que pasan, no los siente suyos, ni los cree posibles en el
entorno, hasta que nos estrellamos con un cristal que nos deja ver que lo que
observamos en el exterior puede pasarle a alguien cercano y que es de nuestra
estima.
Estoy a favor de
las marchas y la libre manifestación, todos tenemos el derecho a expresar lo
que nos inconforma, además las vemos a diario; es más, ya hasta estamos
acostumbrándonos, aunque debo reconocer que a veces sí me dan ganas de
mentárselas a últimas fechas a los manifestantes, sobre todo cuando el Metro
sufre retrasos porque se bloqueó alguna estación. Pero en fin, esto no es lo
que hoy me atañe, y lo sé, debo tener tolerancia.
Cuando les decía
que la realidad se nos estrella en la cara y nos hace ver que las desgracias no
sólo le pasan a los demás, a aquéllos que andan de revoltosos, de grilleros, de
“violentos” -como muchos los catalogan-, es porque puede ser que le ocurra a un
amigo cercano, como le ocurrió el pasado domingo a mi amigo Alejandro Amado
Frausto, un joven que fue detenido arbitrariamente. ¿Su pecado? Traer consigo
una cámara, un elemento peligroso si lo vemos desde varias aristas.
Peligroso para
aquellos que no quieren que se retrate la realidad de los actos abusivos que
cometen nuestras autoridades en muchos de los casos hacia personas que sólo van
a expresarse pacíficamente a las marchas y manifestaciones, porque los
verdaderos “anarquistas”, por llamarlos de algún modo, (etiquetas sólo para la
ropa), infiltrados, diría yo, para armar los grupos de choque, esos, esos andan
libremente por las calles; los encapuchados, los que sí van a hacer desmadres,
simplemente se quitan la capucha y caminan sin ningún pesar.
Pero los que dan la
cara, los que están haciendo una labor al documentar con imágenes lo que pasa,
esos son perseguidos hasta las instalaciones del Metro por los granaderos, como
le ocurrió a mi estimado amigo Alejandro, quien fue sacado con violencia de
este transporte, subido a una de las famosas "perreras” y llevado al
Ministerio Público de Magdalena Contreras, cuando fue Portales la zona de su
detención; otros fueron llevados incluso a Tláhuac.
¿La razón? Tal vez
para que al momento de buscarlos fuera más difícil dar con ellos,
contraponerlos en las declaraciones, que sé yo. Así actúa la autoridad en
nuestro país.
De Alejandro Amado
Frausto sólo puedo decir que tengo casi dos años de conocerlo, es un joven
estudiante de Ciencias de la
Comunicación en la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM , un muchacho trabajador,
originario de Michoacán, de 27 años de edad; fotógrafo independiente,
tallerista infantil y que trabajó recientemente en monitoreo de medios, además
de amigo de chelas, porque, claro, el estudio y el trabajo no están peleados
con la distracción esporádica.
Pero por ello, así
como nos hemos acompañado en los momentos de echar la chorcha, pues también en
los momentos en que nos necesitaba, si no se podía hacer nada inmediato, por lo
menos que su historia se conociera, defender ese Alejandro que conocemos,
"que sabemos que no es un delincuente, que es un fotógrafo
independiente", frases que terminan igual pero que no significan lo mismo.
Hoy este amigo ya
está en libertad, pero esto aún no termina, su proceso sigue. No queda más que
seguir documentando que su detención fue un fantasma para que los polis
tuvieran pretexto de llevar a alguien detenido y echarle un sinnúmero de
delitos, además de quererles "sembrar" para justificar de nueva
cuenta la detención.
Su familia pagó la
fianza impuesta, nueve mil pesos. Es de risa loca tener que pagar una lana para
poder obtener tu libertad aunque no hayas hecho nada, tener que verse
presionado a sacar el dinero de donde fuera. Pero a la vez es un orgullo saber
que Alejandro no está solo y que se le quiere y defiende, que se le apoya.
Es muy emotivo ver
cómo en Morelia y aquí en el DF sus amigos y familiares buscan seguir dándole
el apoyo no sólo porque sí, sino porque toda la gente que lo conocemos sabemos
quién es y eso cuenta más que mil declaraciones y opiniones de los que no
tienen idea de su vida.
Sólo resta decir
que pues estamos viviendo el regreso del PRI, la pasividad de Miguel Ángel
Mancera al servicio de su jefe, porque obviamente la policía del DF, como la
federal, actualmente sirven al mismo amo. No queda más que cuidarse al asistir
a una marcha, manifestación o mitin, no dejar de denunciar con la palabra o la
imagen, eso jamás, pero también hay que cuidar la integridad física, porque la
vida no retoña.
martes, 20 de marzo de 2012
Letras en el agua
por Alejandro Amado
- Insisto en que lo mejor sería quemarlos –
señaló nuevamente el secretario de Defensa.
- No queremos que los escritores que subsisten
digan que Bradbury tenía razón.
- Disculpe señor, ¿quién es Bratbury?
- Un trastornado que imaginaba brigadas de
bomberos quemando libros ¿Puede creerlo? Un profesor del colegio me forzó a
leerlo. No fue agradable.
- ¿Entonces qué propone?
- Tirarlos al drenaje- replicó irónico.
- ¿Qué?
- Al drenaje, ¿qué importa? ¿Acaso le preocupa
que las ratas aprendan a leer?
- Suena descabellado.
- Es el único lugar que merecen. Hablo del
drenaje profundo, claro está.
- Pero debe usted pensar en otoño. Llueve y
las ciudades se inundan, el agua le llegaría hasta el cuello a los electores. Podrían
no reelegirlo.
- Tírenlos al mar lo antes posible.
- Me parece más factible que sean incinerados,
señor.
- Entienda que no quiero darles ni la más
mínima razón a esos malditos. Creen que todo lo que han escrito se hará
realidad, se creen visionarios. Ya verán que no, este mundo avanza y sus
estúpidas letras quedarán en el olvido.
- Entendido señor. Daré órdenes de que
comiencen lo antes posible.
- Que así sea, Fernández. No quiero errores.
Lejos de ahí, a las afueras de la ciudad, un militar
lanzaba la luz de su linterna a un coche negro. Le ordenaba detenerse. El motor
rugió como el demonio. El auto negro se alejaba; los militares abrieron fuego.
El automóvil salió disparado en una curva y se
estrelló contra un árbol gigantesco. Los soldados rodearon el lugar y revisaron
el vehículo.
- El conductor está muerto, el otro sigue
vivo, señor.
- ¡Hay libros en la cajuela! ¡Docenas y
docenas de ellos, señor!
- Ese hombre tendrá mucho que explicar si
logra salvar la vida…- replicó el Teniente.
- Ya viene la ambulancia.
- Hagan todo lo posible para que siga con
vida, seguro tiene información de la La
Resistencia.
La noche de ayer un
vehículo negro con placas de Michoacán hizo caso omiso a las indicaciones de un
retén militar. Al ver que aceleraba, las Fuerzas Armadas se vieron obligadas a
abrir fuego. El vehículo se estrelló contra un árbol. Un hombre murió, el otro
se encuentra hospitalizado en estado crítico y permanece bajo custodia del
ejército…
Ulises y Serena conservaban una vieja hostilidad
desde la Facultad de Letras, solo La Resistencia había logrado unirlos por un
tiempo.
Serena tomó el control remoto y dejó el televisor en
silencio.
- No podemos seguir escondiendo libros mientras nos
matan. Parecemos cucarachas que se esconden. Deberíamos considerar la propuesta
de los radicales.
- Esa propuesta no está a discusión, va totalmente
en contra de lo que defendemos. Además lo que acabamos de ver era un acto
suicida, sólo a un demente se le ocurriría.
- Te recuerdo que la novela es la autorización de la
esquizofrenia.
- Para nuestra desgracia ahora está desautorizada y
debemos buscar la forma de preservarla. Se perdieron dos vidas y docenas de
libros. ¿Es esa la solución de los radicales?
Serena insistía. Ulises ignoraba que Serena ya había
establecido contacto con el ala radical. Alguien había traicionado. Un comando
armado debía ir tras ese auto y sorprender al retén para que escapara. Algo
había pasado. La televisión no dijo nada, o tal vez lo dijo y Serena no quería
que se escuchara.
-
Solo sería para
defendernos, además Roque Dalton…
-
Todos sabemos el valor
de Dalton, Serena. Pero nuestras armas disparan tinta, no lo olvides.
-
A veces quisiera hacerlo.-
replicó entre dientes.
Las seis camionetas que llevaban a los radicales
fueron perforadas por certeros disparos de armas m4 y m16. Un vehículo fue
alcanzado por una granada. El auto negro sólo pudo acelerar, los militares del
retén ya habían trazado una estrategia. El tramo de carretera posterior a los
sucesos había sido cerrado. Los militares limpiaron la zona.
No todo salió bien. Al abrir la ráfaga, una familia que
venía de la desviación de un rancho fue alcanzada por las municiones. La
mayoría de los medios culparon a La Resistencia por el fallecimiento de los civiles.
Dos semanas después vino la respuesta. En las
afueras de la ciudad de Morelia, por la carretera libre a la Ciudad de México,
se dirigía un contingente pequeño de militares que se disponían a establecer un
retén poco antes de entrar al pueblo de Charo.
- ¡A sus posiciones!
El comando armado se distribuyó alrededor de ese
tramo. Los hombres, armados con viejos rifles y dos granadas hicieron estallar
uno de los tres vehículos verde olivo, mientras la refriega se dejó venir sobre
los otros dos. Ningún militar quedó con vida.
En otras noticias Un
grupo armado emboscó un convoy militar a solo unos kilómetros de la ciudad de
Morelia, los 11 militares que tripulaban los vehículos murieron en el lugar. El
Presidente anunció una movilización sin precedentes al estado de Michoacán. Se
presume que La Resistencia tiene ahí provisionalmente su centro de operaciones.
Las turbinas no sólo ensordecían los oídos,
también destrozaban las páginas amarillas que se estrellaban contra ellas. Los
jóvenes amordazados, eran testigos del espectáculo que ofrecían los efectivos
del ejército. De vez en vez, entre libro y libro, era arrojado un joven tan
solo por las ganas de que no se perdiera aquella tradición del siglo pasado.
Bastaba que no los hicieran hablar las torturas, bastaba que no cedieran ante
las amenazas de ver muertos a los suyos. Bastaba que resistieran para terminar
flotando, junto a las letras, sobre las aguas del Pacífico.
martes, 6 de marzo de 2012
CUENTO DEL INFANTE ASESINO
Alejandro Amado Frausto.
Christian juega a
matar las estrellas. Con su rifle de papel ayer asesinó a la luna, por eso ya
no se le ve por las tardes. El conejo que habitaba en ella sangró a tal grado
que llovió durante tres días y tres noches sin tregua. Al cuarto día, Christian
desenfundó nuevamente el arma que le recortó su madre de un pliego de papel costoso.
-Si has de matar a alguien, mátale con
papel fabriano, que tenga una muerte digna– decía Matilde, su madre.
Christian jugaba a matar a sus vecinos.
Siempre disparaba al corazón. No disparaba a la cabeza puesto que no quería
liberar lo que habitaba en sus mentes. Constantemente imaginaba cómo
desangrarían si su arma fuese de rígido metal. Y es que a su parecer es más
bello ver brotar el líquido púrpura del corazón que de la mente, pues su abuelo
le ha contado que la mente de los adultos es un complicado revoltijo donde viven
monstruos y nefastas hadas que fornican entre sí. Christian teme que si dispara
a la cabeza estos seres escapen y comiencen a poblar el mundo y logren dominarlo.
Entonces él tendría que formar un ejército de niños con rifles de papel para
proteger a la humanidad infantil de los pensamientos adultos.
Aunque siempre le queda la duda de si
habitan algo más que monstruos y nefastas hadas -¿Acaso no habrá algún
duende?-. De cualquier forma Christian sigue asesinando humanos. Quizá algún
día lo haga con las manos.
viernes, 2 de marzo de 2012
Marcos necio en que la puerta del último piso conducía a otra dimensión
Alejandro
Amado Frausto.
Las sirenas eran el indicio de
ir en la vía correcta. Necio
Ulises que nos mandó taparnos
los oídos y él, amarrarse
al mástil. Nosotros nunca las
oímos y él nunca pudo desatarse.
Nos perdimos.
(Jesús Baldovinos, Bitácora)
Resultaba una
incitación indómita la antigua casa de la Señora Monreal. La vieja Monreal
simplemente había desaparecido. Marcos aseguraba que la puerta del último piso
conducía a otra dimensión; la que no tenía balcón, la que sólo era una puerta y
nada más. Una puerta que no llevaba a ningún sitio era el lugar por donde se
había ido la vieja.
Nosotros solo pensábamos que era
extraño que la puerta no condujera a ningún lugar. Siempre permanecía cerrada.
Sólo la vimos abierta una tarde de octubre. La vieja se sentó en su mecedora y
observó apaciblemente la luna. El balón se quedó quieto, nosotros dejamos de
jugar y ocultos tras la ventana de la casa de Marcos –que era donde podíamos
ver mejor la insólita escena– alcanzábamos a escuchar el tenso rechinar de la
mecedora.
Una tarde de invierno, sabiendo de la
ausencia de la Señora Monreal, Marcos decidió averiguar el secreto que
encerraba esa puerta enfrentando los reproches de varios de nosotros. Y
entramos a la casa. Sólo Miguel y Natalia decidieron quedarse afuera, por
precaución, dijeron. Nosotros sabíamos que era por el mismo miedo que a
nosotros nos corroía las entrañas, a todos, menos a Marcos.
El cielo comenzaba a incendiarse como
cada tarde cuando el sol se oculta. Y allanamos la morada. Entrando, en la
planta baja había muebles cubiertos con sábanas blancas, lo cual significaba
que la Señora Monreal no volvería en un largo tiempo. Había cuatro puertas: la
primera conducía a la cocina que aún conservaba ese olor a galletas caseras; la
segunda era la del baño, el cual estaba impecable, como si lo hubieran aseado
ese mismo día; la tercera llevaba al patio trasero, pero estaba cerrada. Por
las ventanas pudimos ver que en ese patio había un naranjo que no sabíamos que
existía. Las naranjas se pudrían en el árbol. Nosotros queríamos bajarlas.
La última puerta al parecer llevaba al
sótano. María y yo nos negamos a que Marcos la abriera. Él, obstinado, me arrojó
al suelo en el forcejeo y María ya no pudo hacer nada por detenerlo. Para
nuestra fortuna la puerta tenía seguro. Hubiésemos odiado acompañar a Marcos al
sótano.
Subimos al siguiente piso, el cuál
estaba prácticamente vacío a no ser por una antigua cama. Un gato negro que
nunca habíamos visto dormía sobre ella. Polito, el hermano menor de María,
quería asustarlo. Marcos lo detuvo, Polito lo dejó en paz.
Subimos al segundo piso el cual estaba
cubierto por una densa capa de polvo: en ese piso solo estaba la mecedora de
aquella noche con luna. Había una ventana que daba al patio trasero, desde
donde pudimos ver más cercano el naranjo. Las naranjas aún estaban lejos, ni aun
estirándonos alcanzaríamos la más cercana. Pero en este piso también estaba lo
que buscábamos, la razón de que estuviésemos allí, acompañando las manías de
Marcos y, en cierto modo, alimentando las nuestras: la puerta que no llevaba a
ningún sitio.
Marcos necio en que la puerta conducía
a otra dimensión, a algún lugar excepcional e inexplorado, quizá de cielos
púrpura y flores negras, donde todo fuera silencio y no escuchara ni su propia
voz, sólo silencio. Era osada su valentía o tal vez una brillante estupidez, el
caso es que tenía los ojos incendiados. Intentamos hacerlo entrar en razón,
pero él, dogmático como es, no se doblegó y decidió salir por ella. Abajo ya no
estaban Miguel y Natalia, al parecer se habían cansado de esperar.
Marcos cayó al abismo de su locura en
un tiempo de 0.6 segundos; la acera frenó los 9.81 metros sobre segundo al
cuadrado. Se abrió la cabeza. De ella brotaron un puñado de mariposas color
rojo policromático, mariposas semitransparentes.
Las mariposas se dispersaron en
diferentes direcciones. La mayoría iba rumbo al crepúsculo. Una mariposa,
singular por su mancha negra en el ala izquierda, voló hacía nosotros. María
lloraba y no se dio cuenta de su ascenso. Polito lloraba no tanto por la muerte
de Marcos, más bien por el llanto de su hermana.
Yo no daba crédito a lo que pasaba.
Veía desconcertado cómo la mariposa subía y llegaba hasta nosotros. Se posó sobre
las manos de María. Ella dejó de cubrir su rostro y tallar sus lagrimales;
observó la mariposa en su mano y sus ojos parecieron incendiarse de la misma
sed que tenía Marcos. Esbozó una ligera sonrisa y la mariposa voló, se adentró
en la casa. Polito, que la vio posarse
sobre las manos de María, intento atraparla. Ella lo eludió y se paro
astutamente en la parte más alta de la ventana. Parecía observar el naranjo y
ahí se quedo un par de minutos. Bajó volando sobre las escaleras, llegó hasta
la cama y se posó sobre el gato, éste se despertó e intentó alcanzarla. La
mariposa lo esquivó y bajó lentamente a la planta baja. Nosotros envueltos en
curiosidad la seguimos, incluso el gato. Se detuvo sobre la puerta trasera,
nuevamente parecía ver el árbol.
La mariposa cruzó velozmente la
estancia y salió por una rendija de la puerta frontal. Abrimos la puerta,
frente a ella se encontraba el cuerpo dislocado de Marcos, su cabeza abierta,
brazos y piernas destrozados. Parecía flotar en un estanque de aceite color
púrpura. La mariposa no reparó en él. Sigilosa, siguió una ruta que tenía
trazada, voló por encima de la casa y la perdimos de vista, pero sabíamos a
donde iría, por eso regresamos a la casa y nos plantamos frente a las ventanas,
frente al naranjo.
Enseguida llegó la mariposa y se posó
sobre una de las naranjas buenas, de las más apetitosas por su color
sobresaliente. Una mariposa amarilla venía detrás de la nuestra, se paró sobre
la misma naranja. Hicieron una danza de hermosos aleteos, de ternura sugestiva
entre aleteos y, tras esos aleteos, hicieron el amor. La noche crecía y las dos
mariposas envueltas en una luminosidad desconcertante se alejaron rumbo a lo
que hace unos minutos era el crepúsculo.
Salimos de la casa. La noche se tiñó
mucho más negra de lo acostumbrado. Las luces rojas y azules de la ambulancia
nos daban en la cara. Veíamos los rostros despavoridos de la gente. Nos sentimos
tranquilos. Sabíamos dónde estaba Marcos y lo único en lo que podíamos pensar
era en esas extrañas mariposas de una especie que nunca habíamos visto y no
hemos vuelto a ver.
Juraría que vinieron de ese lugar del
que hablaba Marcos, de cielos púrpura y flores negras, donde todo es silencio y
él no escucha ni su propia voz, sólo el silencio.
Cuando se llevaban el cuerpo, María soltó algunas
palabras, las últimas que alguien le ha escuchado: la puerta funcionaba al
revés.












